/ viernes 13 de septiembre de 2019

A ver qué pasa

La verdad, siempre me he considerado como una persona saludable, ausente de enfermedades, tanto así que hasta hace poco supe lo que era traer temperatura alta...

Más allá de los 37 y medio grados que marca el termómetro, pero resulta que de unos días para acá, algo anda mal en mi organismo, que me ha traído de la ceca a la me caen el campo de la medicina.

Comencé con un doctor de Simi porque pensé que se trataba de algún empacho común, no sé si por el espagueti con mariscos que me empaqué o un abundante desayuno con huevos fritos, tocino, papas fritas, salchichas y tres hot cakes aderezados con mantequilla y jalea que me receté en el IHOPE, pero luego de un tratamiento ligero me di cuenta de que no era por ahí.

"Hay que ir con el gastro", me dijeron mi hijo y mi nuera, y ahí voy con el gastroenterólogo y luego de unos golpes en la panza, que me sonó como tambor de apache, nueva receta y otros días con nuevos medicamentos.

Incluso, y no sé porqué, fui a caer con un otorrino, que sin más me hizo sentarme en un sillón-cama y me comenzó a auscultar la nariz con un instrumento que tenía una pequeña cámara y luz en la punta, y ¿qué creen?, en una pantalla al frente aparecieron las imágenes de mi nariz por dentro, que nada se parece a la que tengo por fuera.

El otorrinolaringólogo terminó por lavarme las orejas, también por dentro, con un chorro de agua caliente que me retumbó hasta el cerebro.

Total más medicina que compré, pero que no la tomé, pensando en que nada tiene que ver la panza con las orejas o con la nariz.

Luego entonces, ¡otro médico más!: “Hágase estos estudios”, me dijo el otro doctor, medio una lista de lo que debería de llevarle. La cita era para ayer por la tarde y mientras escribo este pergeño, estoy esperando para ir a la Bene por lo solicitado.

En el ínter de todo esto, amigos y familiares me han recomendado de todo. Té de tila–no sé que es-, sebo de no sé qué untado en la panza, una barrida –así me dijeron-, atole de masa, infusión de manzanilla y no sé cuántos remedios caseros más.

Total, que entre médicos y consejos caseros me la he pasado estas dos últimas semanas y todavía no sé lo que tengo; los galenos hablaban de estrés, de gastritis, del colon y no sé qué más y la gente me dice simplemente “estás empachado”.

Pues la verdad es que ya me dan ganas de consultar a doña Lizarda, una bruja de la colonia "La Borreguera", pero me da cuscus.

No es cierto, espero que para hoy ya tenga un diagnóstico médico más atinado y, ahora sí, me receten el tratamiento adecuado para sanar de este malestar.

A ver qué pasa.

La verdad, siempre me he considerado como una persona saludable, ausente de enfermedades, tanto así que hasta hace poco supe lo que era traer temperatura alta...

Más allá de los 37 y medio grados que marca el termómetro, pero resulta que de unos días para acá, algo anda mal en mi organismo, que me ha traído de la ceca a la me caen el campo de la medicina.

Comencé con un doctor de Simi porque pensé que se trataba de algún empacho común, no sé si por el espagueti con mariscos que me empaqué o un abundante desayuno con huevos fritos, tocino, papas fritas, salchichas y tres hot cakes aderezados con mantequilla y jalea que me receté en el IHOPE, pero luego de un tratamiento ligero me di cuenta de que no era por ahí.

"Hay que ir con el gastro", me dijeron mi hijo y mi nuera, y ahí voy con el gastroenterólogo y luego de unos golpes en la panza, que me sonó como tambor de apache, nueva receta y otros días con nuevos medicamentos.

Incluso, y no sé porqué, fui a caer con un otorrino, que sin más me hizo sentarme en un sillón-cama y me comenzó a auscultar la nariz con un instrumento que tenía una pequeña cámara y luz en la punta, y ¿qué creen?, en una pantalla al frente aparecieron las imágenes de mi nariz por dentro, que nada se parece a la que tengo por fuera.

El otorrinolaringólogo terminó por lavarme las orejas, también por dentro, con un chorro de agua caliente que me retumbó hasta el cerebro.

Total más medicina que compré, pero que no la tomé, pensando en que nada tiene que ver la panza con las orejas o con la nariz.

Luego entonces, ¡otro médico más!: “Hágase estos estudios”, me dijo el otro doctor, medio una lista de lo que debería de llevarle. La cita era para ayer por la tarde y mientras escribo este pergeño, estoy esperando para ir a la Bene por lo solicitado.

En el ínter de todo esto, amigos y familiares me han recomendado de todo. Té de tila–no sé que es-, sebo de no sé qué untado en la panza, una barrida –así me dijeron-, atole de masa, infusión de manzanilla y no sé cuántos remedios caseros más.

Total, que entre médicos y consejos caseros me la he pasado estas dos últimas semanas y todavía no sé lo que tengo; los galenos hablaban de estrés, de gastritis, del colon y no sé qué más y la gente me dice simplemente “estás empachado”.

Pues la verdad es que ya me dan ganas de consultar a doña Lizarda, una bruja de la colonia "La Borreguera", pero me da cuscus.

No es cierto, espero que para hoy ya tenga un diagnóstico médico más atinado y, ahora sí, me receten el tratamiento adecuado para sanar de este malestar.

A ver qué pasa.

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