/ viernes 29 de noviembre de 2019

Amor es un milagro


Podrán decir que el amor es una locura pasajera semejante muchas veces a un trastorno obsesivo-compulsivo.

Podrán decir que el desvarío imprudente del amor es un pretexto para heredar el ADN y eternizarse a través de la progenie.

Podrán decir que la flechas de Cupido surgen de células programadas en el hipotálamo, mecanismo que funciona por medio de hormonas perfectamente programadas y reflejos sencillos de la médula, sin lo cual la atracción fisica y el amor más sublime carece de sentido.

Podrán decir que el amor pasión es un coctel de químicos cerebrales que enciende el romance.

Podrán decir que la febril etapa del amor se extingue generalmente tras de algunos años, pues el “cerebro no puede mantener la intensa actividad neurológica del enamoramiento”. Podrán decir gran cantidad de cosas acerca del amor, sin embargo, ¿Qué pone a andar virtualmente todo el sistema o programa que inunda de dopamina (estimulante cerebral), cada célula de nuestro cuerpo y activa gran variedad de subrutinas que desembocan en la emoción mencionada? ¿Qué desencadena esa euforia exhilarante por la que le persona se siente viva, se atreve a todo, enfrenta riesgos extraordinarios y ve el mundo de otro color?

¿Qué desata el amor que empieza como una pequeña bola de nieve que si se deja rodar se transforma en un alud incontenible? ¿ Una sonrisa, una mirada, un olor, el timbre de una voz, una manera de caminar, de guiñar el ojo, de decir algo, de impacientarse? ¿ Será un giro de carácter, un peculiar estado de ánimo, un modo de regocijarse, de entristecerse, una manera de recitar un poema, una manera de decir adiós? ¿Qué da inicio a todo realmente? ¿En qué instante se da este milagro?

NOTA DE DIA--El nombramiento del ingeniero José Ángel Carrizales como nuevo titular de la Agencia de seguridad,Energía y Ambiente (SEA), ha sido cuestionado por quienes seguramente tenían a sus propios prospectos para ocupar dicho puesto. Se aduce, principalmente, falta de experiencia. Pero la premisa del Titular del Ejecutivo de que lo mejor de un gobernante es su honestidad me parece impecable. Sobre todo cuando muy sonados casos de corrupción lastiman al país.

Con la honestidad como principal virtud, no falta ni sobra nada.

En “Los Viajes de Gulliver”, Jonathan Swift explica las condiciones de Liliput para elegir a personas para cualquier cargo y dice: “atienden más a su buena moral que a sus capacidades, ya que, siendo el gobierno necesario al género humano, creen que el molde común de la comprensión humana es apto para un estado u otro, ya que la Providencia no se ha propuesto nunca hacer del manejo de los asuntos públicos un misterio solo al alcance de unas cuantas personas de genio sublime, de las que rara vez nacen más de tres en una era(…).“La falta de virtudes morales está lejos de ser sustituida por superiores capacidades de la mente, ya que los puestos no son puestos (sic) nunca en tan peligrosas manos como las de las personas así calificadas, opinando, por ende, que los errores cometidos por la ignorancia y con buena intención nunca pueden ser tan perniciosos para el bien público como lo ejecutado por un hombre con inclinaciones corrompidas y cuyas grandes facultades le permiten multiplicar y defender sus cohechos”.

En realidad, de qué sirve tener gente de experiencia, educada en claustros prestigiosos del mundo, si esa preparación (a veces pagada en la forma de jugosas becas con dinero público) es utilizada para urdir muy vistosos planes, que después resultan en estafas y fraudes contra el pueblo.


Podrán decir que el amor es una locura pasajera semejante muchas veces a un trastorno obsesivo-compulsivo.

Podrán decir que el desvarío imprudente del amor es un pretexto para heredar el ADN y eternizarse a través de la progenie.

Podrán decir que la flechas de Cupido surgen de células programadas en el hipotálamo, mecanismo que funciona por medio de hormonas perfectamente programadas y reflejos sencillos de la médula, sin lo cual la atracción fisica y el amor más sublime carece de sentido.

Podrán decir que el amor pasión es un coctel de químicos cerebrales que enciende el romance.

Podrán decir que la febril etapa del amor se extingue generalmente tras de algunos años, pues el “cerebro no puede mantener la intensa actividad neurológica del enamoramiento”. Podrán decir gran cantidad de cosas acerca del amor, sin embargo, ¿Qué pone a andar virtualmente todo el sistema o programa que inunda de dopamina (estimulante cerebral), cada célula de nuestro cuerpo y activa gran variedad de subrutinas que desembocan en la emoción mencionada? ¿Qué desencadena esa euforia exhilarante por la que le persona se siente viva, se atreve a todo, enfrenta riesgos extraordinarios y ve el mundo de otro color?

¿Qué desata el amor que empieza como una pequeña bola de nieve que si se deja rodar se transforma en un alud incontenible? ¿ Una sonrisa, una mirada, un olor, el timbre de una voz, una manera de caminar, de guiñar el ojo, de decir algo, de impacientarse? ¿ Será un giro de carácter, un peculiar estado de ánimo, un modo de regocijarse, de entristecerse, una manera de recitar un poema, una manera de decir adiós? ¿Qué da inicio a todo realmente? ¿En qué instante se da este milagro?

NOTA DE DIA--El nombramiento del ingeniero José Ángel Carrizales como nuevo titular de la Agencia de seguridad,Energía y Ambiente (SEA), ha sido cuestionado por quienes seguramente tenían a sus propios prospectos para ocupar dicho puesto. Se aduce, principalmente, falta de experiencia. Pero la premisa del Titular del Ejecutivo de que lo mejor de un gobernante es su honestidad me parece impecable. Sobre todo cuando muy sonados casos de corrupción lastiman al país.

Con la honestidad como principal virtud, no falta ni sobra nada.

En “Los Viajes de Gulliver”, Jonathan Swift explica las condiciones de Liliput para elegir a personas para cualquier cargo y dice: “atienden más a su buena moral que a sus capacidades, ya que, siendo el gobierno necesario al género humano, creen que el molde común de la comprensión humana es apto para un estado u otro, ya que la Providencia no se ha propuesto nunca hacer del manejo de los asuntos públicos un misterio solo al alcance de unas cuantas personas de genio sublime, de las que rara vez nacen más de tres en una era(…).“La falta de virtudes morales está lejos de ser sustituida por superiores capacidades de la mente, ya que los puestos no son puestos (sic) nunca en tan peligrosas manos como las de las personas así calificadas, opinando, por ende, que los errores cometidos por la ignorancia y con buena intención nunca pueden ser tan perniciosos para el bien público como lo ejecutado por un hombre con inclinaciones corrompidas y cuyas grandes facultades le permiten multiplicar y defender sus cohechos”.

En realidad, de qué sirve tener gente de experiencia, educada en claustros prestigiosos del mundo, si esa preparación (a veces pagada en la forma de jugosas becas con dinero público) es utilizada para urdir muy vistosos planes, que después resultan en estafas y fraudes contra el pueblo.

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