/ miércoles 12 de septiembre de 2018

Buena siembra, buena cosecha

Hablando de asuntos políticos, al fin las aguas regresaron a su cauce en la zona conurbada, luego de las fuertes turbulencias registradas post elecciones.

Ninguno de los candidatos perdedores quedó conforme con el resultado electoral y los tres actores derrotados en la contienda impugnaron los triunfos de sus opositores, alegando una serie de, según ellos, irregularidades en el proceso que ameritaban la anulación.

No obstante, las autoridades electorales del estado y las regionales dieron por válidos los comicios del 1 de julio y calificaron como triunfos legítimos los de Jesús “Chucho” Nader en Tampico, Adrián Oseguera Kernion en Ciudad Madero y de la señora Alma Laura Amparán en Altamira.

Ante la resolución de los altos tribunales electorales, no hubo más remedio que aceptar sus decisiones y por tanto, terminaron los jaloneos, los dimes y diretes y las dilaciones en los procesos de entrega-recepción de las administraciones municipales.

Sin embargo, quedó de manifiesto el insano interés de algunos, de seguir pegados a la ubre sabrosa del presupuesto y de seguir disfrutando de las mieles de poder en sus ínsulas municipales, asunto, que de alcanzarles el tiempo, quizá lo vuelvan a intentar en posteriores elecciones.

Por lo pronto, ya Jesús Nader y Adrián Oseguera se encuentran, vía sus propios equipos de trabajo, en plena recepción de lo que queda de las administraciones de Tampico y Madero respectivamente, prestos a iniciar con todo sus propias actividades constitucionales a partir del 1 de octubre, o sea, a la vuelta de la esquina.

En Altamira no habrá nada que entorpezca ese ritual de corte constitucional, ahí seguramente que la mano derecha de la señora Alma Laura Amparán, simplemente le entregará a su mano izquierda, sin reclamos, sin contratiempos; ahí todo se llevará de forma tersa, civilizada.

A partir del primer día del mes entrante, ya será otra cosa, cada alcalde del sur de Tamaulipas asumirá sus propias responsabilidades de acuerdo a sus propios proyectos, a sus propios recursos, a sus propias capacidades; ya no habrá excusas para ponerse a trabajar con apoyo de su equipo humano y hacer realidad las promesas de campaña.

Los tres, Nader, Oseguera y la señora Amparán, llegan a esta nueva etapa política, imbuidos de una acendrada filosofía de impulso al futuro de sus municipios, sabedores de que la gente ya no está dispuesta a soportar más administraciones que pierdan su tiempo solo en actividades políticas.

La sociedad actual ya no acepta ni dádivas, ni promesas, exige eso sí, derechos y realidades. Aquel funcionario público que practique la simulación o el engaño para aparentar que está cumpliendo con su cometido, correrá el riesgo de ser repudiado por el pueblo.

Esperemos, por el bien de Tampico, Madero y Altamira, que sus alcaldes que pronto estarán al frene de sus destinos, sepan valorar la confianza del pueblo y entender que lo que hoy siembren, será la cosecha que recojan las futuras generaciones.

P.D.- Después de la tormenta, viene la calma.


Hablando de asuntos políticos, al fin las aguas regresaron a su cauce en la zona conurbada, luego de las fuertes turbulencias registradas post elecciones.

Ninguno de los candidatos perdedores quedó conforme con el resultado electoral y los tres actores derrotados en la contienda impugnaron los triunfos de sus opositores, alegando una serie de, según ellos, irregularidades en el proceso que ameritaban la anulación.

No obstante, las autoridades electorales del estado y las regionales dieron por válidos los comicios del 1 de julio y calificaron como triunfos legítimos los de Jesús “Chucho” Nader en Tampico, Adrián Oseguera Kernion en Ciudad Madero y de la señora Alma Laura Amparán en Altamira.

Ante la resolución de los altos tribunales electorales, no hubo más remedio que aceptar sus decisiones y por tanto, terminaron los jaloneos, los dimes y diretes y las dilaciones en los procesos de entrega-recepción de las administraciones municipales.

Sin embargo, quedó de manifiesto el insano interés de algunos, de seguir pegados a la ubre sabrosa del presupuesto y de seguir disfrutando de las mieles de poder en sus ínsulas municipales, asunto, que de alcanzarles el tiempo, quizá lo vuelvan a intentar en posteriores elecciones.

Por lo pronto, ya Jesús Nader y Adrián Oseguera se encuentran, vía sus propios equipos de trabajo, en plena recepción de lo que queda de las administraciones de Tampico y Madero respectivamente, prestos a iniciar con todo sus propias actividades constitucionales a partir del 1 de octubre, o sea, a la vuelta de la esquina.

En Altamira no habrá nada que entorpezca ese ritual de corte constitucional, ahí seguramente que la mano derecha de la señora Alma Laura Amparán, simplemente le entregará a su mano izquierda, sin reclamos, sin contratiempos; ahí todo se llevará de forma tersa, civilizada.

A partir del primer día del mes entrante, ya será otra cosa, cada alcalde del sur de Tamaulipas asumirá sus propias responsabilidades de acuerdo a sus propios proyectos, a sus propios recursos, a sus propias capacidades; ya no habrá excusas para ponerse a trabajar con apoyo de su equipo humano y hacer realidad las promesas de campaña.

Los tres, Nader, Oseguera y la señora Amparán, llegan a esta nueva etapa política, imbuidos de una acendrada filosofía de impulso al futuro de sus municipios, sabedores de que la gente ya no está dispuesta a soportar más administraciones que pierdan su tiempo solo en actividades políticas.

La sociedad actual ya no acepta ni dádivas, ni promesas, exige eso sí, derechos y realidades. Aquel funcionario público que practique la simulación o el engaño para aparentar que está cumpliendo con su cometido, correrá el riesgo de ser repudiado por el pueblo.

Esperemos, por el bien de Tampico, Madero y Altamira, que sus alcaldes que pronto estarán al frene de sus destinos, sepan valorar la confianza del pueblo y entender que lo que hoy siembren, será la cosecha que recojan las futuras generaciones.

P.D.- Después de la tormenta, viene la calma.


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