/ miércoles 29 de enero de 2020

Café y a Media Luz | Crecimiento del encono

Sin duda alguna, los dos temas que más preocupan a la actual administración pública federal de los Estados Unidos Mexicanos que encabeza Andrés Manuel López Obrador son la debilidad –a todas luces– de un atropellado Instituto de Salud para el Bienestar y la inseguridad que a veces se antoja insuperable. En estos momentos el avión pasa a segundo término, pues ya hasta “cachito” tiene diseñado y la posible rifa será “entre paisanos”; el tópico de la economía es mejor no mencionarlo y la política internacional es, en gran proporción, inexistente en estos momentos para la realidad del aparato burocrático de este ejercicio gubernamental.

Hasta aquí, en ningún momento he dicho de manera categórica que se gobierna en el acierto o en el error. Mucho menos he insinuado de forma sutil que debemos estar a favor o en contra de quien figura como el representante del poder ejecutivo de la unión o de su proyecto de gobierno para crear la nación que a muchos les parece alcanzable en menos de seis años y, para otros, no pasa de ser una mera utopía; un “sueño guajiro” que más tarde que temprano nos tomará por sorpresa en un amargo despertar.

Sin embargo, lo que me llamó la atención, en días pasados, fue el “encontronazo” social que tuvieron los seguidores de AMLO y los miembros de la autollamada “Caravana por la verdad, la justicia y la paz” que conformaron los integrantes de la familia LeBarón y Javier Sicilia con sus respectivos representados. Los primeros con el ya conocido grito en coro de “Es un honor estar con Obrador” y, los otros, pechando la consigna “Yo soy uno de tres millones”.

Al momento de estar frente a frente, ambos grupos manifestaron sus intereses con formas impropias y expresiones de desprecio que no deberían ocurrir entre mexicanos por el mero hecho de pensar diferente. Lo más grave del asunto es que, sin miramiento alguno, los “choques” de opinión que eran tan comunes en las redes sociales, hoy están migrando de la vida digital a la realidad física, poniendo en trincheras opuestas a los diferentes grupos que conformamos a la sociedad mexicana, los cuales están acrecentando el encono, el odio y el rencor por defender sus ideales.

“Traidores”, “chayoteros”, “fifís” y más, fueron los adjetivos calificativos que se escucharon en el encuentro de las masas. Todos esos términos, fueron dichos en su momento por AMLO cuando se encontraba en campaña o, incluso, siendo ya investido con la autoridad presidencial y hoy son parte de la jerga común en el “lopezobradorismo” y han pasado a formar parte de una creciente lista de señalamientos que, sin conocer su verdadero significado, usan a “diestra y siniestra” sus simpatizantes.

Aunque el mandatario se “desmarcó” de inmediato del problema y señaló el mal comportamiento de sus allegados, no perdió la oportunidad de “retar demagógicamente” a aquellos que están ejerciendo el libre derecho de la opinión pública, al declarar “¡No hay que ser hipócritas Fuera máscaras!, ¿Por qué no se manifestaron en administraciones anteriores?”

Y aprovechó la coyuntura para recordar el caso García Luna, quien está detenido en la Unión Americana por ser vinculado con Joaquín Guzmán Loera, cuando el primero fue el encargado de seguridad durante la administración de Felipe Calderón Hinojosa.

No obstante, hay dos cosas que señalar en ese tenor, por lo menos, en Tamaulipas.

Durante la primera etapa de la lucha contra el narcotráfico de FCH, en muchas ciudades, incluyendo nuestra zona conurbada, se organizaron las marchas por la paz, en las que la ciudadanía exigía con vestimenta y globos blancos que concluyera la guerra que había iniciado el ejecutivo federal. Esas movilizaciones comenzaban a ser masivas, como la ocurrida en la capital del país, hasta que miembros de las células delictivas daban un golpe certero a la sociedad que se enardecía y el miedo generado hacia el resto del trabajo. En otras palabras, sí se exigió, tanto o más como se ha hecho en este ejercicio de gobierno.

De igual manera, debemos indicar que durante esta administración no ha habido detención alguna de responsables de los delitos que tanto se han señalado, por citar un mero ejemplo: el huachicoleo.

Y, por si fuera poco, la detención de García Luna fue gracias a una investigación del gobierno norteamericano; es mérito de la nación de “las barras y las estrellas”, no nuestra y el insistir en ella sin observar lo complejo de la realidad nacional, se pudiera entender como una negación a la agenda de seguridad.

A pesar de todo lo anterior, algo que debemos esperar durante las siguientes 48 horas es una ola interminable de “memes” en torno a la rifa del avión y el “huerfanito” presentado ante los representantes de la presa. La simpatía generada funcionará como un paliativo que nos ciegue momentáneamente y nos permita olvidar la realidad nacional.

Y hasta aquí, mi querido amigo lector, pues como decía cierto periodista: “El tiempo apremia y el espacio se agota”.

Sin duda alguna, los dos temas que más preocupan a la actual administración pública federal de los Estados Unidos Mexicanos que encabeza Andrés Manuel López Obrador son la debilidad –a todas luces– de un atropellado Instituto de Salud para el Bienestar y la inseguridad que a veces se antoja insuperable. En estos momentos el avión pasa a segundo término, pues ya hasta “cachito” tiene diseñado y la posible rifa será “entre paisanos”; el tópico de la economía es mejor no mencionarlo y la política internacional es, en gran proporción, inexistente en estos momentos para la realidad del aparato burocrático de este ejercicio gubernamental.

Hasta aquí, en ningún momento he dicho de manera categórica que se gobierna en el acierto o en el error. Mucho menos he insinuado de forma sutil que debemos estar a favor o en contra de quien figura como el representante del poder ejecutivo de la unión o de su proyecto de gobierno para crear la nación que a muchos les parece alcanzable en menos de seis años y, para otros, no pasa de ser una mera utopía; un “sueño guajiro” que más tarde que temprano nos tomará por sorpresa en un amargo despertar.

Sin embargo, lo que me llamó la atención, en días pasados, fue el “encontronazo” social que tuvieron los seguidores de AMLO y los miembros de la autollamada “Caravana por la verdad, la justicia y la paz” que conformaron los integrantes de la familia LeBarón y Javier Sicilia con sus respectivos representados. Los primeros con el ya conocido grito en coro de “Es un honor estar con Obrador” y, los otros, pechando la consigna “Yo soy uno de tres millones”.

Al momento de estar frente a frente, ambos grupos manifestaron sus intereses con formas impropias y expresiones de desprecio que no deberían ocurrir entre mexicanos por el mero hecho de pensar diferente. Lo más grave del asunto es que, sin miramiento alguno, los “choques” de opinión que eran tan comunes en las redes sociales, hoy están migrando de la vida digital a la realidad física, poniendo en trincheras opuestas a los diferentes grupos que conformamos a la sociedad mexicana, los cuales están acrecentando el encono, el odio y el rencor por defender sus ideales.

“Traidores”, “chayoteros”, “fifís” y más, fueron los adjetivos calificativos que se escucharon en el encuentro de las masas. Todos esos términos, fueron dichos en su momento por AMLO cuando se encontraba en campaña o, incluso, siendo ya investido con la autoridad presidencial y hoy son parte de la jerga común en el “lopezobradorismo” y han pasado a formar parte de una creciente lista de señalamientos que, sin conocer su verdadero significado, usan a “diestra y siniestra” sus simpatizantes.

Aunque el mandatario se “desmarcó” de inmediato del problema y señaló el mal comportamiento de sus allegados, no perdió la oportunidad de “retar demagógicamente” a aquellos que están ejerciendo el libre derecho de la opinión pública, al declarar “¡No hay que ser hipócritas Fuera máscaras!, ¿Por qué no se manifestaron en administraciones anteriores?”

Y aprovechó la coyuntura para recordar el caso García Luna, quien está detenido en la Unión Americana por ser vinculado con Joaquín Guzmán Loera, cuando el primero fue el encargado de seguridad durante la administración de Felipe Calderón Hinojosa.

No obstante, hay dos cosas que señalar en ese tenor, por lo menos, en Tamaulipas.

Durante la primera etapa de la lucha contra el narcotráfico de FCH, en muchas ciudades, incluyendo nuestra zona conurbada, se organizaron las marchas por la paz, en las que la ciudadanía exigía con vestimenta y globos blancos que concluyera la guerra que había iniciado el ejecutivo federal. Esas movilizaciones comenzaban a ser masivas, como la ocurrida en la capital del país, hasta que miembros de las células delictivas daban un golpe certero a la sociedad que se enardecía y el miedo generado hacia el resto del trabajo. En otras palabras, sí se exigió, tanto o más como se ha hecho en este ejercicio de gobierno.

De igual manera, debemos indicar que durante esta administración no ha habido detención alguna de responsables de los delitos que tanto se han señalado, por citar un mero ejemplo: el huachicoleo.

Y, por si fuera poco, la detención de García Luna fue gracias a una investigación del gobierno norteamericano; es mérito de la nación de “las barras y las estrellas”, no nuestra y el insistir en ella sin observar lo complejo de la realidad nacional, se pudiera entender como una negación a la agenda de seguridad.

A pesar de todo lo anterior, algo que debemos esperar durante las siguientes 48 horas es una ola interminable de “memes” en torno a la rifa del avión y el “huerfanito” presentado ante los representantes de la presa. La simpatía generada funcionará como un paliativo que nos ciegue momentáneamente y nos permita olvidar la realidad nacional.

Y hasta aquí, mi querido amigo lector, pues como decía cierto periodista: “El tiempo apremia y el espacio se agota”.