/ viernes 27 de marzo de 2020

Café y a Media Luz | Los rostros de la pandemia

Debido a la amenaza que representa la pandemia del Covid-19 a la humanidad, muchos de sus miembros, ya sea por miedo, por ignorancia, por desventura u otro factor, han decidido tirar las máscaras y los antifaces para dar a conocer su verdadero rostro, el cual ha tenido que ser ocultado por las normas sociales, mismas que hoy son obviadas ante el peligro latente de caer en cama infectado por el coronavirus.

Como si se tratara de una tragicomedia de la antigua Grecia inspirada por Talía y Melpómene quienes han prestado sus máscaras de la alegría y la tristeza, respectivamente, los actores sociales y líderes del mundo, así como los gobernados han asomado sus intereses egoístas que rayan en el cinismo, la egolatría y hasta la criminalidad.

Por principio de cuentas, pongo en esta mesa de reflexión, gentil amigo lector, el comportamiento de los habitantes del Estado de México –por no citar otros casos en la provincia– quienes, a través de las redes sociales han organizado “grupos de saqueo” para delinquir de forma colectiva.

En cinco municipios de esa entidad federativa se ha replicado el mismo fenómeno delictivo en contra de los almacenes que, abandonados, son vaciados por la turba que, previamente, se organizó logísticamente a través de las páginas sociales en grupos abiertos para que se sume libremente aquel que guste disponer de lo ajeno.

No obstante, la pobreza que se vive en buena parte del territorio mexiquense y que ha sido una problemática de siempre, podríamos suponer que las últimas indicaciones de la autoridad a no salir de los hogares han sido el motivo para que se desate esta ola delincuencial que busca mantener llenas las alacenas de los más carentes y no es así. Resulta que los objetos que más se han llevado son: Celulares, tabletas electrónicas, pantallas de televisión, consolas de videojuegos y joyería.

Lamentablemente, las “condiciones de abandono obligado” de algunas tiendas han hecho que buena parte del “pueblo bueno y sabio” muestre su verdadera cara.

El siguiente ejemplo que pongo a su consideración y que fue considerado en la agenda internacional de los medios de comunicación masiva fueron las declaraciones del presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump quien, en un primer momento, tomó la postura de mandatario y jefe de Estado y ordenó a sus representados guarecerse en sus hogares.

En días pasados y a pesar de ser el tercer país en el mundo con más contagiados, el presidente Trump ha dado la contraorden pues la economía de la nación más poderosa del mundo está a punto de detenerse y ha asegurado que, para principios del mes de abril, todos los estadounidenses podrán incorporarse a sus actividades normales. En su declaración, el mandatario hizo público un argumento que denota la inquietud por el desplome económico, así como la desestimación a la recomendación en materia de salud que ha hecho la OMS, “Perdemos más personas en accidentes automovilísticos cada año y no por eso le pedimos a las empresas que dejen de fabricar carros”.

No debemos olvidar que, antes de ser político y presidente de la Unión Americana, este hombre es uno de los magnates más acaudalados del mundo y gran parte de sus negocios se encuentran en “el país de las barras y las estrellas”, por tanto, las pérdidas económicas que le representaría este “apagón laboral” mermarían considerablemente sus cuentas personales.

¿Y la salud? ¡Bien, gracias!

El último ejemplo que pongo a su amable dispensa, gentil amigo que tiene en sus manos el ejemplar de EL SOL DE TAMPICO, es el del gobernador del estado de Puebla, Miguel Barbosa Huerta, quien, en este trace de quitarse las máscaras, o en este caso, de enmascararse –como usted lo quiera ver– declaró a los miembros de la prensa que “La mayoría (de los enfermos) son gente acomodada… si ustedes son ricos tienen el riesgo. Los pobres no lo tenemos. Los pobres somos inmunes”.

Ahora, resulta que alguien que fue miembro del PRI del 77 al 94, dirigente del PRD y miembro de primer orden de Morena y que en su trayectoria de servidor público ha sido diputado plurinominal, senador del Congreso de la Unión que, por cierto, en ese periodo fue presidente del Senado y, actualmente, representante del Poder Ejecutivo en Puebla, ¡Es pobre!

Más allá de la evidente falta de información y de su compleja estructura de pensamiento –por decirlo de manera no ofensiva– manifestadas por este personaje ya que el virus no distingue género o clase socioeconómica y sí pone en riesgo a todos, considero que no es el momento político–social para lanzar demagogias populistas muy propias de un periodo de campaña.

Por el contrario, México en estos momentos, está urgido de representantes que asuman con responsabilidad y liderazgo las acciones a tomar para sacar adelante a nuestro país, así como las consecuencias que, innegablemente, estas acarrearían. Tener a la mano programas y proyectos alternativos que permitan remediar los temas de salud, estimular la economía y volver lo más pronto posible a la normalidad. Los ciudadanos debemos ser más responsables y, en la medida de lo posible, encontrar nuevas alternativas legales y dignas para subsistir en lo que pasa la cuarentena.

Y ya para terminar, mi gentil amigo, y aprovechando el párrafo anterior, podemos decir que la gran desenmascarada por la pandemia es la economía real, aquella que se siente en el bolsillo del ciudadano común, el de a pie, como usted y yo, pues con este “freno obligado” nos estamos percatando que en un momento tan crítico “vivimos al día”, con lo que cada uno producimos y eso es evidencia de que las cosas no están del todo bien.

Y hasta aquí pues, como decía cierto periodista, “El tiempo apremia y el espacio se agota”.

¡Hasta la próxima!

Debido a la amenaza que representa la pandemia del Covid-19 a la humanidad, muchos de sus miembros, ya sea por miedo, por ignorancia, por desventura u otro factor, han decidido tirar las máscaras y los antifaces para dar a conocer su verdadero rostro, el cual ha tenido que ser ocultado por las normas sociales, mismas que hoy son obviadas ante el peligro latente de caer en cama infectado por el coronavirus.

Como si se tratara de una tragicomedia de la antigua Grecia inspirada por Talía y Melpómene quienes han prestado sus máscaras de la alegría y la tristeza, respectivamente, los actores sociales y líderes del mundo, así como los gobernados han asomado sus intereses egoístas que rayan en el cinismo, la egolatría y hasta la criminalidad.

Por principio de cuentas, pongo en esta mesa de reflexión, gentil amigo lector, el comportamiento de los habitantes del Estado de México –por no citar otros casos en la provincia– quienes, a través de las redes sociales han organizado “grupos de saqueo” para delinquir de forma colectiva.

En cinco municipios de esa entidad federativa se ha replicado el mismo fenómeno delictivo en contra de los almacenes que, abandonados, son vaciados por la turba que, previamente, se organizó logísticamente a través de las páginas sociales en grupos abiertos para que se sume libremente aquel que guste disponer de lo ajeno.

No obstante, la pobreza que se vive en buena parte del territorio mexiquense y que ha sido una problemática de siempre, podríamos suponer que las últimas indicaciones de la autoridad a no salir de los hogares han sido el motivo para que se desate esta ola delincuencial que busca mantener llenas las alacenas de los más carentes y no es así. Resulta que los objetos que más se han llevado son: Celulares, tabletas electrónicas, pantallas de televisión, consolas de videojuegos y joyería.

Lamentablemente, las “condiciones de abandono obligado” de algunas tiendas han hecho que buena parte del “pueblo bueno y sabio” muestre su verdadera cara.

El siguiente ejemplo que pongo a su consideración y que fue considerado en la agenda internacional de los medios de comunicación masiva fueron las declaraciones del presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump quien, en un primer momento, tomó la postura de mandatario y jefe de Estado y ordenó a sus representados guarecerse en sus hogares.

En días pasados y a pesar de ser el tercer país en el mundo con más contagiados, el presidente Trump ha dado la contraorden pues la economía de la nación más poderosa del mundo está a punto de detenerse y ha asegurado que, para principios del mes de abril, todos los estadounidenses podrán incorporarse a sus actividades normales. En su declaración, el mandatario hizo público un argumento que denota la inquietud por el desplome económico, así como la desestimación a la recomendación en materia de salud que ha hecho la OMS, “Perdemos más personas en accidentes automovilísticos cada año y no por eso le pedimos a las empresas que dejen de fabricar carros”.

No debemos olvidar que, antes de ser político y presidente de la Unión Americana, este hombre es uno de los magnates más acaudalados del mundo y gran parte de sus negocios se encuentran en “el país de las barras y las estrellas”, por tanto, las pérdidas económicas que le representaría este “apagón laboral” mermarían considerablemente sus cuentas personales.

¿Y la salud? ¡Bien, gracias!

El último ejemplo que pongo a su amable dispensa, gentil amigo que tiene en sus manos el ejemplar de EL SOL DE TAMPICO, es el del gobernador del estado de Puebla, Miguel Barbosa Huerta, quien, en este trace de quitarse las máscaras, o en este caso, de enmascararse –como usted lo quiera ver– declaró a los miembros de la prensa que “La mayoría (de los enfermos) son gente acomodada… si ustedes son ricos tienen el riesgo. Los pobres no lo tenemos. Los pobres somos inmunes”.

Ahora, resulta que alguien que fue miembro del PRI del 77 al 94, dirigente del PRD y miembro de primer orden de Morena y que en su trayectoria de servidor público ha sido diputado plurinominal, senador del Congreso de la Unión que, por cierto, en ese periodo fue presidente del Senado y, actualmente, representante del Poder Ejecutivo en Puebla, ¡Es pobre!

Más allá de la evidente falta de información y de su compleja estructura de pensamiento –por decirlo de manera no ofensiva– manifestadas por este personaje ya que el virus no distingue género o clase socioeconómica y sí pone en riesgo a todos, considero que no es el momento político–social para lanzar demagogias populistas muy propias de un periodo de campaña.

Por el contrario, México en estos momentos, está urgido de representantes que asuman con responsabilidad y liderazgo las acciones a tomar para sacar adelante a nuestro país, así como las consecuencias que, innegablemente, estas acarrearían. Tener a la mano programas y proyectos alternativos que permitan remediar los temas de salud, estimular la economía y volver lo más pronto posible a la normalidad. Los ciudadanos debemos ser más responsables y, en la medida de lo posible, encontrar nuevas alternativas legales y dignas para subsistir en lo que pasa la cuarentena.

Y ya para terminar, mi gentil amigo, y aprovechando el párrafo anterior, podemos decir que la gran desenmascarada por la pandemia es la economía real, aquella que se siente en el bolsillo del ciudadano común, el de a pie, como usted y yo, pues con este “freno obligado” nos estamos percatando que en un momento tan crítico “vivimos al día”, con lo que cada uno producimos y eso es evidencia de que las cosas no están del todo bien.

Y hasta aquí pues, como decía cierto periodista, “El tiempo apremia y el espacio se agota”.

¡Hasta la próxima!