/ domingo 27 de septiembre de 2020

Café y Cultura | De muy clara etimología

Quizá a muy poca gente concierna hoy esclarecer en qué lugar tuvo su origen el café. De antiguo se ha hablado de la utilización del grano tostado, aun antes de ser concebido como brebaje. Pero al margen de ello se puede afirmar, contra lo que sea, que esta bebida oscura y fragante ha seducido a las multitudes, tanto es así, que el 1 de octubre se celebra el Día Internacional del Café.

La etimología de la palabra CAFÉ ilustra y confirma que en todo el mundo la gente se ha ido entregando a sus goces. El término original “khavé” proviene del turco y llega a la Europa occidental por conducto de los venecianos. Y dictan los filólogos que procede del árabe “gahwa”, término usado en aquellos ayeres en Arabia, para el café y el vino.

Esta palabra parece recibir la aceptación fonética de todas las lenguas, por ser de muy clara etimología. En su libro Café, Copa y Puro, el laureado sibarita Néstor Luján dice que sobre la etimología antigua y originaria de dicho vocablo se polemizó a más no poder. En 1909 se reunió en Londres un grupo de estudiosos para dilucidar por qué el café recibió ese nombre. Sir James Murray, en su New-English Dictionary, decidió que esta palabra había tenido su origen en África y derivaba de “Kaffa”, ciudad de Abisinia, de donde se ha jurado procede el cafeto. Y escribe Luján que “todos aquellos caballeros enlevitados -ingleses, norteamericanos, franceses, incluso finos y sutiles eruditos de la India- discutieron incansablemente”, al no aceptar bajo ningún argumento las teorías del lexicógrafo Murray, arengando que este se había dejado llevar por la “tentación pintoresca y geográfica, exótica, de la palabra”.

En medio de tan largas discusiones, el maestro indio Virendranath Chatordhayáya sostuvo que el término procedía de la palabra árabe “cahoveh” o “gaweh”, que significan fuerza o vigor, y que en la forma “cahuha” significa energía, sacando a cuento una de las tantas historias sobre el origen de la infusión en la que se afirma que “el mufti de Adem, hombre licencioso y senil debilitado por exceso de filtros amorosos y de drogas engañosamente restauradoras, bebió cierta agua reparadora que había sido preparada con semillas procedentes de Abisinia, traídas por el mufti Gemaleddi de un viaje parecido a los de Simbad o Marco Polo”. Y como sucede en todas las consejas del café, el mufti recuperó gran vitalidad por lo que el brebaje recibió el nombre de “caohuah”, que se traduce en fuerza.

La palabra CAFÉ apareció impresa por vez primera en lenguaje europeo en 1591, en el libro de Próspero Alpino, maestro de la Universidad de Padua, en el que se escribe al latín “caova”; la mención lindante es de Paludanos (1598) que la llama “chaoua”; luego en 1610, Pyrard de Laval escribió “cahova”, y finalmente en 1610 el judío portugués Pedro Texeira le llama “kawa”.

La primera mención escrita en España viene en la forma de “cafet”, en un documento datado en 1698. En castellano, el Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española 1729 dice: “Café: especie de haba pequeña con su cascarilla u hollejo de color algo oscuro…Algunos dicen que el árbol que lleva esta fruta es el bancho de Avizena, o el banco de Rasis. Tostada esa fruta y hecha polvos, con agua caliente sirve de bebida usual: cuyo uso vino de Asia no a mucho tiempo, y por eso puede ser esta voz arábiga “caoveh” que por faltar a los árabes la “v” consonante dicen “cahué”, que significa “fuerza”, porque el efecto de la bebida es corroborar…”

El término CAFÉ es fonéticamente aceptado en castellano, italiano, francés, portugués, gallego y catalán. En inglés es coffee; en bretón kafe; en alemán kaffee; en holandés koffie; en danés kaffe; en finlandés khvi; en húngaro kavé; en bohemio kava; en polaco kawa; en rumano cafea; en croata kafa; en serbio kava; en ruso kophe; en sueco kaffe; en vasco kaffia; en turco kahué; en griego kaféo; en árabe gahwah; en iraní qéhvé; en anamita ca-phé; en camboyano kafé; en chino kia-fey; en japonés kéhi; en malayo kawa, koppi; en esperanto kafva… Y así podrán seguirse nominando las voces dadas a la bebida más cantada del mundo. ¿Tomamos un café?

amparo.gberumen@gmail.com

Quizá a muy poca gente concierna hoy esclarecer en qué lugar tuvo su origen el café. De antiguo se ha hablado de la utilización del grano tostado, aun antes de ser concebido como brebaje. Pero al margen de ello se puede afirmar, contra lo que sea, que esta bebida oscura y fragante ha seducido a las multitudes, tanto es así, que el 1 de octubre se celebra el Día Internacional del Café.

La etimología de la palabra CAFÉ ilustra y confirma que en todo el mundo la gente se ha ido entregando a sus goces. El término original “khavé” proviene del turco y llega a la Europa occidental por conducto de los venecianos. Y dictan los filólogos que procede del árabe “gahwa”, término usado en aquellos ayeres en Arabia, para el café y el vino.

Esta palabra parece recibir la aceptación fonética de todas las lenguas, por ser de muy clara etimología. En su libro Café, Copa y Puro, el laureado sibarita Néstor Luján dice que sobre la etimología antigua y originaria de dicho vocablo se polemizó a más no poder. En 1909 se reunió en Londres un grupo de estudiosos para dilucidar por qué el café recibió ese nombre. Sir James Murray, en su New-English Dictionary, decidió que esta palabra había tenido su origen en África y derivaba de “Kaffa”, ciudad de Abisinia, de donde se ha jurado procede el cafeto. Y escribe Luján que “todos aquellos caballeros enlevitados -ingleses, norteamericanos, franceses, incluso finos y sutiles eruditos de la India- discutieron incansablemente”, al no aceptar bajo ningún argumento las teorías del lexicógrafo Murray, arengando que este se había dejado llevar por la “tentación pintoresca y geográfica, exótica, de la palabra”.

En medio de tan largas discusiones, el maestro indio Virendranath Chatordhayáya sostuvo que el término procedía de la palabra árabe “cahoveh” o “gaweh”, que significan fuerza o vigor, y que en la forma “cahuha” significa energía, sacando a cuento una de las tantas historias sobre el origen de la infusión en la que se afirma que “el mufti de Adem, hombre licencioso y senil debilitado por exceso de filtros amorosos y de drogas engañosamente restauradoras, bebió cierta agua reparadora que había sido preparada con semillas procedentes de Abisinia, traídas por el mufti Gemaleddi de un viaje parecido a los de Simbad o Marco Polo”. Y como sucede en todas las consejas del café, el mufti recuperó gran vitalidad por lo que el brebaje recibió el nombre de “caohuah”, que se traduce en fuerza.

La palabra CAFÉ apareció impresa por vez primera en lenguaje europeo en 1591, en el libro de Próspero Alpino, maestro de la Universidad de Padua, en el que se escribe al latín “caova”; la mención lindante es de Paludanos (1598) que la llama “chaoua”; luego en 1610, Pyrard de Laval escribió “cahova”, y finalmente en 1610 el judío portugués Pedro Texeira le llama “kawa”.

La primera mención escrita en España viene en la forma de “cafet”, en un documento datado en 1698. En castellano, el Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española 1729 dice: “Café: especie de haba pequeña con su cascarilla u hollejo de color algo oscuro…Algunos dicen que el árbol que lleva esta fruta es el bancho de Avizena, o el banco de Rasis. Tostada esa fruta y hecha polvos, con agua caliente sirve de bebida usual: cuyo uso vino de Asia no a mucho tiempo, y por eso puede ser esta voz arábiga “caoveh” que por faltar a los árabes la “v” consonante dicen “cahué”, que significa “fuerza”, porque el efecto de la bebida es corroborar…”

El término CAFÉ es fonéticamente aceptado en castellano, italiano, francés, portugués, gallego y catalán. En inglés es coffee; en bretón kafe; en alemán kaffee; en holandés koffie; en danés kaffe; en finlandés khvi; en húngaro kavé; en bohemio kava; en polaco kawa; en rumano cafea; en croata kafa; en serbio kava; en ruso kophe; en sueco kaffe; en vasco kaffia; en turco kahué; en griego kaféo; en árabe gahwah; en iraní qéhvé; en anamita ca-phé; en camboyano kafé; en chino kia-fey; en japonés kéhi; en malayo kawa, koppi; en esperanto kafva… Y así podrán seguirse nominando las voces dadas a la bebida más cantada del mundo. ¿Tomamos un café?

amparo.gberumen@gmail.com