/ martes 11 de agosto de 2020

Cambiavía | Señas de identidad

Primera de dos partes

Si pudiéramos hablar de un renacimiento de la narrativa española, si fuera válida esta esquematización arbitraria, entonces tendríamos que pensar, según esto, en tres autores que marcaron el principio y que dieron cauce a una forma distinta de novelar: Carmen Laforet, Luis Martín Santos y Juan Goytisolo, los que conformaron la llamada “Generación de medio siglo”.

La novela española de la posguerra contiene aires realistas que empiezan a dividirse en tres direcciones: un realismo existencial, otro social y el estructural.

Carmen Laforet representa un primer momento de esa literatura que se extenderá hasta la década de los años sesenta. “Nada” muestra un mundo localizado en la Barcelona de los años inmediatos a la guerra; aborda la realidad circundante y presente, sin deformarla, a través de convenciones previas. El estilo sencillo con que se narra lo recogerán los novelistas posteriores. No se percibe todavía un compromiso social, en cambio predomina el carácter introvertido, tímido y pasivo de Andrea que le viene impuesto por las condiciones de vida que traen las secuelas de la guerra civil.

A partir de 1972 cuando se publica Tiempo de silencio de Luis Martín Santos empieza a gestarse otro tipo de novela considerada como una derivación del realismo crítico, pues se encuentra dividida entre lo objetivo y lo subjetivo; se presenta un mayor énfasis en lo formal. También se la conoció como novela estructural. Son recurrentes la biografía familiar, las evocaciones de tiempos y lugares. Luis Martín Santos nos presenta a un protagonista que se encuentra lleno de confusiones y que acabará en el fracaso; existe una discontinuidad espacio temporal, pero sobre todo prevalece la que tiene que ver con la conciencia del individuo.

Y no es sino hasta la aparición de Señas de identidad cuando se marca un giro experimental que continuará en las demás obras de Goytisolo, obras que, por cierto, estuvieron prohibidas en España desde su aparición y hasta 1976, un año después de la muerte del “caudillo” Franco. Las innovaciones presentes en la novela son, entre otras, la fragmentación, el monólogo interior, el fluir de la conciencia y la simultaneidad. El propio Goytisolo señala que “en aquellos años había que escribir entre líneas la ideología y los temas prohibidos y que es así como la novela viene a llenar el hueco que la prensa dejó por la censura que ejercían en esos años los dos poderes dominantes: la Iglesia y el Estado.”

Juan Goytisolo nace en Barcelona. Publica su primera novela: Juegos de manos en 1954 y en el año siguiente Duelo en el paraíso. En 1956 se exilia voluntariamente a París y trabaja para la casa Gallimard; entre otros, conoce a Genet y a muchos grandes escritores, incluidos los del boom latinoamericano. Luckács y Sartré serán algunas de sus influencias. Su estancia en París le proporcionará una perspectiva intelectual muy rica.

Una de las preocupaciones de Goytisolo ha sido la del lenguaje; otra, la constante autocorrección en su estilo. Es evidente su preocupación por el texto, por lo lingüístico, por expresar mediante variados recursos, una búsqueda, unas señales pero que, al mismo tiempo, la incorporación de tales formas narrativas ayuden a construir el universo de crítica, de recuerdo, de nostalgia, de dolor ante la identidad perdida.

Señas de identidad es una novela compleja. En ella podemos mirar parte de su historia personal. La pérdida de identidad que le produjo el exilio fue motivo para indagar sus señas respecto del origen y el de su país. A través de su personaje, Álvaro Mendiola, va reconstruyendo su pasado, situado en una finca a las afueras de Barcelona, junto con su mujer y sus amigos recobra la memoria de los acontecimientos, actitud que es vital para él y para la historia.

De esta novela en particular nos ocuparemos con mayor amplitud en la siguiente entrega.

Primera de dos partes

Si pudiéramos hablar de un renacimiento de la narrativa española, si fuera válida esta esquematización arbitraria, entonces tendríamos que pensar, según esto, en tres autores que marcaron el principio y que dieron cauce a una forma distinta de novelar: Carmen Laforet, Luis Martín Santos y Juan Goytisolo, los que conformaron la llamada “Generación de medio siglo”.

La novela española de la posguerra contiene aires realistas que empiezan a dividirse en tres direcciones: un realismo existencial, otro social y el estructural.

Carmen Laforet representa un primer momento de esa literatura que se extenderá hasta la década de los años sesenta. “Nada” muestra un mundo localizado en la Barcelona de los años inmediatos a la guerra; aborda la realidad circundante y presente, sin deformarla, a través de convenciones previas. El estilo sencillo con que se narra lo recogerán los novelistas posteriores. No se percibe todavía un compromiso social, en cambio predomina el carácter introvertido, tímido y pasivo de Andrea que le viene impuesto por las condiciones de vida que traen las secuelas de la guerra civil.

A partir de 1972 cuando se publica Tiempo de silencio de Luis Martín Santos empieza a gestarse otro tipo de novela considerada como una derivación del realismo crítico, pues se encuentra dividida entre lo objetivo y lo subjetivo; se presenta un mayor énfasis en lo formal. También se la conoció como novela estructural. Son recurrentes la biografía familiar, las evocaciones de tiempos y lugares. Luis Martín Santos nos presenta a un protagonista que se encuentra lleno de confusiones y que acabará en el fracaso; existe una discontinuidad espacio temporal, pero sobre todo prevalece la que tiene que ver con la conciencia del individuo.

Y no es sino hasta la aparición de Señas de identidad cuando se marca un giro experimental que continuará en las demás obras de Goytisolo, obras que, por cierto, estuvieron prohibidas en España desde su aparición y hasta 1976, un año después de la muerte del “caudillo” Franco. Las innovaciones presentes en la novela son, entre otras, la fragmentación, el monólogo interior, el fluir de la conciencia y la simultaneidad. El propio Goytisolo señala que “en aquellos años había que escribir entre líneas la ideología y los temas prohibidos y que es así como la novela viene a llenar el hueco que la prensa dejó por la censura que ejercían en esos años los dos poderes dominantes: la Iglesia y el Estado.”

Juan Goytisolo nace en Barcelona. Publica su primera novela: Juegos de manos en 1954 y en el año siguiente Duelo en el paraíso. En 1956 se exilia voluntariamente a París y trabaja para la casa Gallimard; entre otros, conoce a Genet y a muchos grandes escritores, incluidos los del boom latinoamericano. Luckács y Sartré serán algunas de sus influencias. Su estancia en París le proporcionará una perspectiva intelectual muy rica.

Una de las preocupaciones de Goytisolo ha sido la del lenguaje; otra, la constante autocorrección en su estilo. Es evidente su preocupación por el texto, por lo lingüístico, por expresar mediante variados recursos, una búsqueda, unas señales pero que, al mismo tiempo, la incorporación de tales formas narrativas ayuden a construir el universo de crítica, de recuerdo, de nostalgia, de dolor ante la identidad perdida.

Señas de identidad es una novela compleja. En ella podemos mirar parte de su historia personal. La pérdida de identidad que le produjo el exilio fue motivo para indagar sus señas respecto del origen y el de su país. A través de su personaje, Álvaro Mendiola, va reconstruyendo su pasado, situado en una finca a las afueras de Barcelona, junto con su mujer y sus amigos recobra la memoria de los acontecimientos, actitud que es vital para él y para la historia.

De esta novela en particular nos ocuparemos con mayor amplitud en la siguiente entrega.