/ sábado 1 de junio de 2019

Carlos Marx

Carlos Marx

Antes de la caída del Muro de Berlín en 1989 el mundo estaba dividido en dos conceptos fundamentales que no aceptaban la condición que sólo juntos alcanzarían el bienestar económico y social...

También existía la Guerra Fría, un episodio prolongado posterior a la Segunda Guerra Mundial que fecundó historias que se llevaron al cinematógrafo, porque aparentemente el mundo vivía en la civilización y la concordia pero estaba peligrosamente amenazado por un rompimiento que afortunadamente no llegó a colapsarse que tendría como final una conflagración nuclear.

Los valores filosóficos dominantes sobre cómo entender y utilizar la economía como un instrumento útil para la sociedad humana estaban representados en dos frentes, por el pensamiento profundo que sobre ésta realizó a través de “El Capital” Carlos Marx, quien redacta como si fuera una biblia (de esta forma la entendieron los trabajadores y campesinos que hicieron en 1917 la Revolución Rusa) cuál tenía que ser el papel de los trabajadores en la conducción de la humanidad para que dejaran de ser un objeto mercantil a quien el capital en el que basaban su prosperidad los países del mercado libre los había convertido.

“El Capital” se publicó en tres partes, la primera ya lo anotamos al principio en 1873, esta edición fue revisada y autorizada por el propio filósofo judío alemán Carlos Marx. Al morir este personaje admirable prácticamente de inanición por vivir en la miseria los últimos meses de sus días, a pesar del apoyo económico que siempre le brindó su amigo y colaborador Federico Engels, no logró ver la publicación de las dos partes de tres de que se compone su obra cumbre. Fue Federico Engels quien post morten de Marx se encargó de la edición y la publicación de los volúmenes faltantes en años posteriores.

Sin duda el trabajo de Carlos Marx en su obra cumbre es el más inteligente, profundo y cargado de una filosofía redentora que giró sobre una crítica de la economía política. La mayoría de sus críticos solo la analizan y atacan como si este conjunto de libros fueran un tratado de economía que pretende destruir a la burguesía y el feudalismo de la época en que se publicó y pasan por alto el elevado contenido filosófico que establece toda una dialéctica sobre la política y las relaciones de dominación entre las clases sociales: de un lado los proletarios y de otro los burgueses.

La intención al redactar esta colaboración no es hacer un diagnóstico lleno de rigor sobre el marxismo porque resultaría muy aburrido y sobre todo carezco de la capacidad para poder hacerlo. Lo que pretendo es difundir, porque mucha gente lo ignora, las condiciones adversas en las que Carlos Marx y su familia que pertenecían a la nobleza de esa época, sobre todo su esposa Jenny, quien era hija del barón Ludwig von Westphalen, por lo tanto la señora Marx tenía derecho de usar el título de baronesa (que no lo hizo) y por el contrario vivió y compartió, pero sobre todo comprendió, la larga batalla de la creación y desarrollo de “El Capital” en unas condiciones de miseria conmovedora. Los hijos de Jenny y Carlos Marx fallecieron en condiciones muy penosas (de hambre) y los sobrevivientes no hubieran logrado sobrevivir sin la ayuda económica que les proporcionó Federico Engels mientras vivieron. El padre de Engels era un industrial textil alemán socio de la fábrica inglesa Manchester. Cabe decir que el viejo y legendario Carlos Marx jamás tuvo duda o rubor en afirmar que la ayuda de Federico -sobre todo en términos económicos, para posteriormente escribir en los artículos que publicaba dos veces por semana en un diario de Nueva York (el New York Daily Tribune)-, había sido también muy importante en el aspecto político e intelectual, y que sin estos aportes engelianos su obra no hubiera existido nunca.

Es conveniente destacar que Federico Engels conocía perfectamente la clase obrera inglesa y manejaba a la perfección el modelo industrial de la época, por esa razón cuando se publicaron los primeros mil ejemplares de la obra de Marx éste la definió: “Como el más implacable misil que se haya lanzado nunca contra la cabeza de los burgueses y comprendido los propietarios feudales”.

Me llama poderosamente la atención el comportamiento al lado de este gigante del pensamiento económico y filosófico, de su esposa Jenny, quien a distancia me parece que estaba convertida -por su forma de compartir y sufrir el proyecto en el que trabajó su marido- en una auténtica heroína civil. La precariedad, por no insistir en la miseria, en la que vivían Jenny y su familia, era idéntica a la de los trabajadores ingleses en su peor momento de explotación. La muerte de cuatro de sus menores hijos por falta de asistencia médica y alimentos revela la magnitud de la tragedia vital de esta familia que confrontó a la humanidad en dos grandes sectores que aun en estos días están presentando una cerrada batalla con todo y que el capitalismo, apoyado por la globalización, domina todo el universo.

En medio de este drama económico que vivió el filósofo mayor de la izquierda en la humanidad, fue cuando adquirió un ligero balance porque fue contratado para publicar dos artículos semanales por los que le pagan cinco libras esterlinas al mes, yo supongo que con estos estipendios les dio un poco de paz pero sobre todo de comida a su familia. Toda esta carencia en la que vivió en matrimonio Marx tuvo efectos y consecuencias dramáticas: dos hijas de Mark y Jenny se suicidaron: Laura y Eleonor.

El final llegó a la vida de Marx como consecuencia de la anticipada defunción de Jenny de Marx, Carlos no pudo seguir viviendo y a los 67 años su médico le prohibió levantarse de la cama. Murió dormido, esto lo descubrió Engels quien, como si fuera un padre, visitaba la recámara de su amigo: un anciano enfermo, todos los días para ver cuál era su estado de salud. Federico Engels, en el cementerio cuando partió a lo infinito esta abnegada mujer que fue el sostén de Carlos Marx, dijo: “Una mujer de noble corazón, una inteligencia clara y crítica, un tacto político bien seguro, una energía apasionada, un poder de devoción igual de grande, siempre tuvo consejos prudentes, sin sacrificar nunca el honor”, esto explica por qué razón Carlos Marx no pudo vivir más sin Jenny.

correo: notario177@msn.com

Carlos Marx

Antes de la caída del Muro de Berlín en 1989 el mundo estaba dividido en dos conceptos fundamentales que no aceptaban la condición que sólo juntos alcanzarían el bienestar económico y social...

También existía la Guerra Fría, un episodio prolongado posterior a la Segunda Guerra Mundial que fecundó historias que se llevaron al cinematógrafo, porque aparentemente el mundo vivía en la civilización y la concordia pero estaba peligrosamente amenazado por un rompimiento que afortunadamente no llegó a colapsarse que tendría como final una conflagración nuclear.

Los valores filosóficos dominantes sobre cómo entender y utilizar la economía como un instrumento útil para la sociedad humana estaban representados en dos frentes, por el pensamiento profundo que sobre ésta realizó a través de “El Capital” Carlos Marx, quien redacta como si fuera una biblia (de esta forma la entendieron los trabajadores y campesinos que hicieron en 1917 la Revolución Rusa) cuál tenía que ser el papel de los trabajadores en la conducción de la humanidad para que dejaran de ser un objeto mercantil a quien el capital en el que basaban su prosperidad los países del mercado libre los había convertido.

“El Capital” se publicó en tres partes, la primera ya lo anotamos al principio en 1873, esta edición fue revisada y autorizada por el propio filósofo judío alemán Carlos Marx. Al morir este personaje admirable prácticamente de inanición por vivir en la miseria los últimos meses de sus días, a pesar del apoyo económico que siempre le brindó su amigo y colaborador Federico Engels, no logró ver la publicación de las dos partes de tres de que se compone su obra cumbre. Fue Federico Engels quien post morten de Marx se encargó de la edición y la publicación de los volúmenes faltantes en años posteriores.

Sin duda el trabajo de Carlos Marx en su obra cumbre es el más inteligente, profundo y cargado de una filosofía redentora que giró sobre una crítica de la economía política. La mayoría de sus críticos solo la analizan y atacan como si este conjunto de libros fueran un tratado de economía que pretende destruir a la burguesía y el feudalismo de la época en que se publicó y pasan por alto el elevado contenido filosófico que establece toda una dialéctica sobre la política y las relaciones de dominación entre las clases sociales: de un lado los proletarios y de otro los burgueses.

La intención al redactar esta colaboración no es hacer un diagnóstico lleno de rigor sobre el marxismo porque resultaría muy aburrido y sobre todo carezco de la capacidad para poder hacerlo. Lo que pretendo es difundir, porque mucha gente lo ignora, las condiciones adversas en las que Carlos Marx y su familia que pertenecían a la nobleza de esa época, sobre todo su esposa Jenny, quien era hija del barón Ludwig von Westphalen, por lo tanto la señora Marx tenía derecho de usar el título de baronesa (que no lo hizo) y por el contrario vivió y compartió, pero sobre todo comprendió, la larga batalla de la creación y desarrollo de “El Capital” en unas condiciones de miseria conmovedora. Los hijos de Jenny y Carlos Marx fallecieron en condiciones muy penosas (de hambre) y los sobrevivientes no hubieran logrado sobrevivir sin la ayuda económica que les proporcionó Federico Engels mientras vivieron. El padre de Engels era un industrial textil alemán socio de la fábrica inglesa Manchester. Cabe decir que el viejo y legendario Carlos Marx jamás tuvo duda o rubor en afirmar que la ayuda de Federico -sobre todo en términos económicos, para posteriormente escribir en los artículos que publicaba dos veces por semana en un diario de Nueva York (el New York Daily Tribune)-, había sido también muy importante en el aspecto político e intelectual, y que sin estos aportes engelianos su obra no hubiera existido nunca.

Es conveniente destacar que Federico Engels conocía perfectamente la clase obrera inglesa y manejaba a la perfección el modelo industrial de la época, por esa razón cuando se publicaron los primeros mil ejemplares de la obra de Marx éste la definió: “Como el más implacable misil que se haya lanzado nunca contra la cabeza de los burgueses y comprendido los propietarios feudales”.

Me llama poderosamente la atención el comportamiento al lado de este gigante del pensamiento económico y filosófico, de su esposa Jenny, quien a distancia me parece que estaba convertida -por su forma de compartir y sufrir el proyecto en el que trabajó su marido- en una auténtica heroína civil. La precariedad, por no insistir en la miseria, en la que vivían Jenny y su familia, era idéntica a la de los trabajadores ingleses en su peor momento de explotación. La muerte de cuatro de sus menores hijos por falta de asistencia médica y alimentos revela la magnitud de la tragedia vital de esta familia que confrontó a la humanidad en dos grandes sectores que aun en estos días están presentando una cerrada batalla con todo y que el capitalismo, apoyado por la globalización, domina todo el universo.

En medio de este drama económico que vivió el filósofo mayor de la izquierda en la humanidad, fue cuando adquirió un ligero balance porque fue contratado para publicar dos artículos semanales por los que le pagan cinco libras esterlinas al mes, yo supongo que con estos estipendios les dio un poco de paz pero sobre todo de comida a su familia. Toda esta carencia en la que vivió en matrimonio Marx tuvo efectos y consecuencias dramáticas: dos hijas de Mark y Jenny se suicidaron: Laura y Eleonor.

El final llegó a la vida de Marx como consecuencia de la anticipada defunción de Jenny de Marx, Carlos no pudo seguir viviendo y a los 67 años su médico le prohibió levantarse de la cama. Murió dormido, esto lo descubrió Engels quien, como si fuera un padre, visitaba la recámara de su amigo: un anciano enfermo, todos los días para ver cuál era su estado de salud. Federico Engels, en el cementerio cuando partió a lo infinito esta abnegada mujer que fue el sostén de Carlos Marx, dijo: “Una mujer de noble corazón, una inteligencia clara y crítica, un tacto político bien seguro, una energía apasionada, un poder de devoción igual de grande, siempre tuvo consejos prudentes, sin sacrificar nunca el honor”, esto explica por qué razón Carlos Marx no pudo vivir más sin Jenny.

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