/ viernes 18 de septiembre de 2020

Con café y a media luz | Y ahora, ¿qué?

Cuando este servidor estaba estudiando en las aulas universitarias de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, un grupo de una generación más cercana al final de la formación académica que la mía, se dio a la tarea de organizar un ciclo de conferencias denominado “¡Y Ahora! ¿Qué?”, teniendo como sede el Aula Magna del Centro Universitario Tampico-Madero.

Como bien lo indica el nombre, el objetivo fundamental del simposio era tratar de despejar las dudas y las tinieblas que ocultaban el futuro de las últimas generaciones de comunicólogos del siglo pasado que estaban por titularse bajo el amparo de un programa obsoleto para satisfacer las necesidades de una sociedad que, con pasos agigantados, se acercaba cada vez más a la era digital.

Bien recuerdo que el cierre de este ciclo corrió a cargo del admirado señor Carlos Enrique Núñez de Cáceres, icono de la conducción en radio y televisión en nuestra región. El hombre contó anécdotas, exhortó a no perder la pasión hasta verse cumplidos los sueños y pidió a todos los presentes trabajar con decoro en bien de la noble labor de mantener informada a la ciudadanía.

Después de eso, se oyó un fuerte aplauso y, por último, un silencio tenebroso. Fue entonces cuando la voz más conocida de la historia de la conducción de la zona se oyó diciendo: Pero está bien que lo piensen, ¡Eh! Y ahora, ¿Qué es lo que van a hacer?, ¿A qué se van a dedicar?

Esta simplona anécdota se la cuento a manera de preámbulo, gentil amigo lector, porque ayer tuve la oportunidad de observar la conferencia matutina del presidente López a quien lo noté un tanto más “gris” –espero que me perdone el término– que antes de la rifa del valor del avión, la solicitud enviada al Senado de la República y un simbólico grito desde el atrio de Palacio Nacional.

Y es que después de dos o tres preguntas de los representantes de la prensa nacional hubo un momento en el que el mandatario guardó silencio y, después de enlistar los detalles de lo que había sido para él, la celebración de las fiestas patrias se quedó reflexionando en sus pensamientos como si se estuviera preguntando “Y ahora, ¿qué?”

La connotación de esta frase será interpretada a gusto de los simpatizantes de AMLO de una manera y, en total contrasentido, por aquellos que no se sientan representados por el hombre originario de Macuspana.

Ya que, hoy, a unos cuantos meses de la jornada electoral más importante de la historia de nuestro país, hay una buena parte de la sociedad mexicana que asegura que el señor López Obrador no se ha bajado de una campaña mediática que ya se considera permanente y, los elementos simbólicos y lúdicos coincidentes en el quince de septiembre pueden ser considerados como parte de una indirecta estrategia de promoción política que recalque en el imaginario del votante la marca del escaparate que lo llevó a ocupar la silla presidencial.

Pues ahora que las cifras de preferencia no parecieran favorecerlo después de los videos que fueron sacados a la luz pública en los que aparecen Darío León y Pío López Obrador pasando dinero en bien “de la causa”, la necesidad de desviar la atención hacia otros tenores pasó, de ser latente, a urgente.

No debemos olvidar que días antes de que circularan estos archivos, el presidente había usado su tribuna para señalar que “eran necesarios” los video escándalos, refiriéndose a la divulgación poca o casi nula –desde su óptica– de un documento similar en el que aparecían otros personajes en circunstancias comprometedoras. Después de reconocer que en la grabación el hermano es quien recibe “una aportación solidaria”, el presidente López no ha tocado el tema.

Junto con ese caso, está el embate que recibió de parte de un medio de comunicación el cual, fue etiquetado de manera grave por el tabasqueño por hacer alusión a su tierra natal y un probable desfalco en el que aparece vinculado un familiar político del ejecutivo. La respuesta fue severa pues a través de las redes sociales se divulgó parte del documento resultante de una auditoría hecha al ayuntamiento de Macuspana. AMLO optó por minimizar los adjetivos insultantes.

“¡Y ahora!, ¿qué?” ¿Qué sigue?, ¿De qué echar mano? Con García Luna detenido, Lozoya Austin declarando y con privilegios de “testigo colaborador”, una recopilación de firmas malograda, unos boletos que no se terminaron de vender.

Para los simpatizantes de AMLO, ese “¡Y ahora! ¿qué?” es sinónimo de éxito y no de caprichos culminados. Es muestra de un trabajo hecho bajo el estigma de “mandar obedeciendo” porque el “pueblo sabio” tiene la razón y no se equivoca. Para los seguidores de AMLO, esos minutos de silencio y de reflexión no son muestra de otra cosa que la satisfacción de ver promesas cumplidas y el número de compromisos por realizar ya es menor.

Los vítores, los aplausos y los elogios no cesan para el tabasqueño en las redes sociales, aunque, debemos reconocer que las críticas y los ataques van creciendo en número, solidez y argumentación.

Y hasta aquí, pues como decía cierto periodista, “El tiempo apremia y el espacio se agota”.

¡Hasta la próxima!

Escríbame a:

licajimenezmcc@hotmail.com

Y recuerde, para mañana, ¡despierte, no se duerma que será un gran día!

Cuando este servidor estaba estudiando en las aulas universitarias de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, un grupo de una generación más cercana al final de la formación académica que la mía, se dio a la tarea de organizar un ciclo de conferencias denominado “¡Y Ahora! ¿Qué?”, teniendo como sede el Aula Magna del Centro Universitario Tampico-Madero.

Como bien lo indica el nombre, el objetivo fundamental del simposio era tratar de despejar las dudas y las tinieblas que ocultaban el futuro de las últimas generaciones de comunicólogos del siglo pasado que estaban por titularse bajo el amparo de un programa obsoleto para satisfacer las necesidades de una sociedad que, con pasos agigantados, se acercaba cada vez más a la era digital.

Bien recuerdo que el cierre de este ciclo corrió a cargo del admirado señor Carlos Enrique Núñez de Cáceres, icono de la conducción en radio y televisión en nuestra región. El hombre contó anécdotas, exhortó a no perder la pasión hasta verse cumplidos los sueños y pidió a todos los presentes trabajar con decoro en bien de la noble labor de mantener informada a la ciudadanía.

Después de eso, se oyó un fuerte aplauso y, por último, un silencio tenebroso. Fue entonces cuando la voz más conocida de la historia de la conducción de la zona se oyó diciendo: Pero está bien que lo piensen, ¡Eh! Y ahora, ¿Qué es lo que van a hacer?, ¿A qué se van a dedicar?

Esta simplona anécdota se la cuento a manera de preámbulo, gentil amigo lector, porque ayer tuve la oportunidad de observar la conferencia matutina del presidente López a quien lo noté un tanto más “gris” –espero que me perdone el término– que antes de la rifa del valor del avión, la solicitud enviada al Senado de la República y un simbólico grito desde el atrio de Palacio Nacional.

Y es que después de dos o tres preguntas de los representantes de la prensa nacional hubo un momento en el que el mandatario guardó silencio y, después de enlistar los detalles de lo que había sido para él, la celebración de las fiestas patrias se quedó reflexionando en sus pensamientos como si se estuviera preguntando “Y ahora, ¿qué?”

La connotación de esta frase será interpretada a gusto de los simpatizantes de AMLO de una manera y, en total contrasentido, por aquellos que no se sientan representados por el hombre originario de Macuspana.

Ya que, hoy, a unos cuantos meses de la jornada electoral más importante de la historia de nuestro país, hay una buena parte de la sociedad mexicana que asegura que el señor López Obrador no se ha bajado de una campaña mediática que ya se considera permanente y, los elementos simbólicos y lúdicos coincidentes en el quince de septiembre pueden ser considerados como parte de una indirecta estrategia de promoción política que recalque en el imaginario del votante la marca del escaparate que lo llevó a ocupar la silla presidencial.

Pues ahora que las cifras de preferencia no parecieran favorecerlo después de los videos que fueron sacados a la luz pública en los que aparecen Darío León y Pío López Obrador pasando dinero en bien “de la causa”, la necesidad de desviar la atención hacia otros tenores pasó, de ser latente, a urgente.

No debemos olvidar que días antes de que circularan estos archivos, el presidente había usado su tribuna para señalar que “eran necesarios” los video escándalos, refiriéndose a la divulgación poca o casi nula –desde su óptica– de un documento similar en el que aparecían otros personajes en circunstancias comprometedoras. Después de reconocer que en la grabación el hermano es quien recibe “una aportación solidaria”, el presidente López no ha tocado el tema.

Junto con ese caso, está el embate que recibió de parte de un medio de comunicación el cual, fue etiquetado de manera grave por el tabasqueño por hacer alusión a su tierra natal y un probable desfalco en el que aparece vinculado un familiar político del ejecutivo. La respuesta fue severa pues a través de las redes sociales se divulgó parte del documento resultante de una auditoría hecha al ayuntamiento de Macuspana. AMLO optó por minimizar los adjetivos insultantes.

“¡Y ahora!, ¿qué?” ¿Qué sigue?, ¿De qué echar mano? Con García Luna detenido, Lozoya Austin declarando y con privilegios de “testigo colaborador”, una recopilación de firmas malograda, unos boletos que no se terminaron de vender.

Para los simpatizantes de AMLO, ese “¡Y ahora! ¿qué?” es sinónimo de éxito y no de caprichos culminados. Es muestra de un trabajo hecho bajo el estigma de “mandar obedeciendo” porque el “pueblo sabio” tiene la razón y no se equivoca. Para los seguidores de AMLO, esos minutos de silencio y de reflexión no son muestra de otra cosa que la satisfacción de ver promesas cumplidas y el número de compromisos por realizar ya es menor.

Los vítores, los aplausos y los elogios no cesan para el tabasqueño en las redes sociales, aunque, debemos reconocer que las críticas y los ataques van creciendo en número, solidez y argumentación.

Y hasta aquí, pues como decía cierto periodista, “El tiempo apremia y el espacio se agota”.

¡Hasta la próxima!

Escríbame a:

licajimenezmcc@hotmail.com

Y recuerde, para mañana, ¡despierte, no se duerma que será un gran día!