/ viernes 9 de agosto de 2019

Cosas del sistema

Los facultativos saben que en todo proceso agudo no hay alternativa, la reacción es inmediata, intensa, y solo hay dos opciones: el enfermo termina con el microbio o el microbio termina con el enfermo.

En los padecimientos crónicos es distinto, desde el inicio se instala un fino e imperceptible desequilibrio que toma por sorpresa al sistema de defensa del organismo, dejándolo sin respuesta oportuna. La corrupción es, por tanto, no solamente la manifestación aguda de un problema que hiere al tejido social, sino la manifestación de un proceso crónico que, como el ácido, ataca gota a gota a la piedra, perforándola, sin que haya respuesta hasta que el daño está hecho.

La corrupción rampante, el ácido que corroe, muchas veces viene desde arriba, emana de cerebros educados en algunos de los más prestigiados claustros educativos. En los medios más corruptos del país no existe analfabetismo; pero sí una visible falta de ética, y lo que sobra es la aritmética y un concepto torcido del progreso.

Es extraño que se hable de productividad, de tecnologías intensivas, de abatir costos, de mano de obra altamente calificada, y que el insumo fundamental de este siglo es la inteligencia, cuando flota una pregunta. ¿Y de los pillos, qué? Estos son cobijados por la parte obscura del denominado Sistema, que se rehúsa a cambiar, Aparato que parafraseando a Eduardo Galeano, programa la computadora que alerta al banquero, la ley que cuida al político, que emplaza al diputado que intima al ministro que amenaza al jefe que humilla al empleado que desprecia al obrero que maltrata a la mujer que golpea al hijo que patea al perro.

NOTA DEl DIA- El caso Odebrecht, que indicaría que un exdirector de Pemex habría recibido sobornos de la compañía constructora brasileña, está hoy en manos de la justicia mexicana, pero muestra derivaciones y connotaciones internacionales que tienen un valor y significado global. Ubicado por su volumen y resonancia como un auténtico fraude orquestado, Odebrecht evidencia no solo los fallos del actual sistema crediticio nacional e internacional dentro de la nombrada globalización económica, entre ellos la especulación económica y financiera, sino la necesidad de aplicar realmente el Estado de Derecho, pues esta clase de quebrantos de índole económico financiero debilitan a nuestro país condenando a varias generaciones de mexicanas y mexicanos a pagar los platos rotos.

Los facultativos saben que en todo proceso agudo no hay alternativa, la reacción es inmediata, intensa, y solo hay dos opciones: el enfermo termina con el microbio o el microbio termina con el enfermo.

En los padecimientos crónicos es distinto, desde el inicio se instala un fino e imperceptible desequilibrio que toma por sorpresa al sistema de defensa del organismo, dejándolo sin respuesta oportuna. La corrupción es, por tanto, no solamente la manifestación aguda de un problema que hiere al tejido social, sino la manifestación de un proceso crónico que, como el ácido, ataca gota a gota a la piedra, perforándola, sin que haya respuesta hasta que el daño está hecho.

La corrupción rampante, el ácido que corroe, muchas veces viene desde arriba, emana de cerebros educados en algunos de los más prestigiados claustros educativos. En los medios más corruptos del país no existe analfabetismo; pero sí una visible falta de ética, y lo que sobra es la aritmética y un concepto torcido del progreso.

Es extraño que se hable de productividad, de tecnologías intensivas, de abatir costos, de mano de obra altamente calificada, y que el insumo fundamental de este siglo es la inteligencia, cuando flota una pregunta. ¿Y de los pillos, qué? Estos son cobijados por la parte obscura del denominado Sistema, que se rehúsa a cambiar, Aparato que parafraseando a Eduardo Galeano, programa la computadora que alerta al banquero, la ley que cuida al político, que emplaza al diputado que intima al ministro que amenaza al jefe que humilla al empleado que desprecia al obrero que maltrata a la mujer que golpea al hijo que patea al perro.

NOTA DEl DIA- El caso Odebrecht, que indicaría que un exdirector de Pemex habría recibido sobornos de la compañía constructora brasileña, está hoy en manos de la justicia mexicana, pero muestra derivaciones y connotaciones internacionales que tienen un valor y significado global. Ubicado por su volumen y resonancia como un auténtico fraude orquestado, Odebrecht evidencia no solo los fallos del actual sistema crediticio nacional e internacional dentro de la nombrada globalización económica, entre ellos la especulación económica y financiera, sino la necesidad de aplicar realmente el Estado de Derecho, pues esta clase de quebrantos de índole económico financiero debilitan a nuestro país condenando a varias generaciones de mexicanas y mexicanos a pagar los platos rotos.

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