/ miércoles 30 de octubre de 2019

De borregos a pericos

Nunca había visto tan molesto a ese famoso reportero de la televisora más importante de México. De hecho, era la primera vez que lo veía en toda mi vida y jamás me imaginé que el día en que lo conocería, yo tendría un contratiempo con él. La recompensa que le habían otorgado, por haber cubierto estupendamente la guerra del Golfo, fue la fuente presidencial durante el sexenio de Vicente Fox y este incipiente reportero de provincia, por mera casualidad, le estaba quitando una exclusiva por la que él ya no tenía por qué competir.

Todo ocurrió en la inauguración de las nuevas instalaciones del Instituto Mexicano del Seguro Social en Ciudad Valles. La logística se había implementado desde temprana hora y ya había un lugar destinado para los representantes de la prensa que atenderían la ceremonia de esta magna obra; estaríamos colocados hasta el fondo de la explanada, teniendo de frente la mesa de honor en la que estarían el Ejecutivo federal, la señora Marta Sahagún y el entonces gobernador potosino Marcelo de los Santos Fraga, entre muchas otras personalidades.

La orden de trabajo era clara. Antes del evento había que hacer una encuesta entre los asistentes para conocer la percepción que se tenía sobre la imagen presidencial. Así que mi camarógrafo y yo nos salimos de ese espacio restringido y nos aventuramos entre la muchedumbre. Cumplimos con la labor y, cuando quisimos volver a nuestras sillas, la guardia presidencial nos lo impidió. Vicente Fox estaba por llegar y nos habíamos quedado fuera.

Curiosamente y, reitero, por casualidad, la que fuera presidenta nacional del DIF se enfiló hacia donde estábamos colocados para hablar con unos niños indígenas y, atrás de ella, llegaba este personaje periodístico con el micrófono en la mano, adornado con el emblema de la empresa que lo respaldaba. Sin mediar distancia acercó el micro para recoger la declaración de la señora, y este servidor hizo lo propio.

Fueron varias las escaramuzas que se ven en las tomas, entre el gigantón y yo, por hacer que los escudos de las empresas lucieran mejor, hasta que la dama se retiró y fue a colocarse a su lugar. En tanto que Lalo, como le decían a nivel nacional, me retó con la mirada y después de una tanda de palabras altisonantes, me cuestionó sobre mi presencia allí.

Como no me iba a dejar amedrentar, le correspondí en el mismo tenor con folclóricas terminologías maternales y rematé diciéndole: “¡Pues trabajando!” y, como colofón, una última palabreja que daba pie a una alusión ofensiva a su inteligencia.

Él, que ya se retiraba, retornó sobre sus pasos. Se puso ante mí, enrojecido por el coraje y después de abrir más los ojos, en señal de furia, tomó aire para continuar la reyerta. De repente, algo lo detuvo y —afortunadamente para mí— le hizo respirar profundo. Cambió el gesto de su rostro y puso su mano en mi hombro diciendo: “¡Qué bueno que están aquí! Se les extraña en los eventos, para que haya otra opinión”.

Esa última frase la usó no para referirse a mi persona, ni a la labor periodística de provincia, sino a la presencia de la firma televisiva rival que, en esos ayeres, tenía una línea periodística distinta a la de los demás por intereses económicos que, durante el sexenio de Fox, no le favorecieron, no obstante, eso permitió que hubiera siempre “otra opinión” que enriqueciera al México democrático del nuevo milenio.

En recientes días, hemos sido testigos de dos declaraciones que, interpretadas de manera independiente, una de la otra, dictan el parecer, quizá bien intencionado de un mandatario, sin embargo, juntas, pueden generar el inicio de un nuevo caos mediático como tantos otros que han ocurrido a lo largo de la administración pública federal vigente.

La primera de ellas fue “Ya no hay borregos”. Dicha por el tabasqueño, para señalar que en sexenios pasados existió el fenómeno de los llamados “acarreados”. La analogía —que nada tiene que ver con el cristianismo— es entendida porque el pastor usa la cachava para jalar del cuello a sus animales y hacerlos entrar al corral. Curiosamente, al introducirse el primero, los demás le seguirán.

La siguiente frase fue lanzada después de la lamentable volcadura de la camioneta en la que viajaban los reporteros que cubren las giras presidenciales. Al ser cuestionado al respecto, AMLO declaró que “No es necesario que cubran las giras… yo siempre estoy informando”.

Si bien es cierto que la función de la jefatura de Comunicación Social y atención a medios es hacer llegar con prontitud los partes informativos a los representantes de los medios, también es verdad que el valor del ejercicio periodístico radica no nada más en la recopilación de los elementos que construyen el hecho noticioso sino en la interpretación que el periodista le otorga, con sus causas y consecuencias, para orientación de la sociedad a la que pertenece y así, evitar “las borregadas”, gracias al raciocinio del acto en sí hecho por el colectivo.

Será responsabilidad, también, de la comunidad, el adentrarse en diferentes opiniones para construir la propia. De lo contrario, aquellos individuos que se amparen en el juicio de un solo líder, periodístico o político, se limitarían a repetir lo que este dice, cayendo en la analogía de los “pericos huastecos” que imitan sonidos sin comprender su significado.

¿Qué es, entonces, más riesgoso para una nación, presumir que no hay borregos o pedir que haya pericos? Quizá lo ideal para algunos es que haya borregos que repitan como loros. Aunque, insisto, lo mejor es la pluralidad para evitar las parvadas y los rebaños morenos, tricolores o blanquiazules.

¡Hasta la próxima!

Escríbame a:

licajimenezmcc@hotmail.com

Y recuerde, para mañana

¡Despierte, no se duerma que será un gran día!

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Escríbame a:

licajimenezmcc@hotmail.com

Y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!

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Con Café y a Media Luz

Agustín JIMENEZ CERVANTES

“De Borregos a Pericos”

Nunca había visto tan molesto a ese famoso reportero de la televisora más importante de México. De hecho, era la primera vez que lo veía en toda mi vida y jamás me imaginé que el día en que lo conocería, yo tendría un contratiempo con él. La recompensa que le habían otorgado, por haber cubierto estupendamente la guerra del Golfo, fue la fuente presidencial durante el sexenio de Vicente Fox y este incipiente reportero de provincia, por mera casualidad, le estaba quitando una exclusiva por la que él ya no tenía por qué competir.

Todo ocurrió en la inauguración de las nuevas instalaciones del Instituto Mexicano del Seguro Social en Ciudad Valles. La logística se había implementado desde temprana hora y ya había un lugar destinado para los representantes de la prensa que atenderían la ceremonia de esta magna obra; estaríamos colocados hasta el fondo de la explanada, teniendo de frente la mesa de honor en la que estarían el Ejecutivo federal, la señora Marta Sahagún y el entonces gobernador potosino Marcelo de los Santos Fraga, entre muchas otras personalidades.

La orden de trabajo era clara. Antes del evento había que hacer una encuesta entre los asistentes para conocer la percepción que se tenía sobre la imagen presidencial. Así que mi camarógrafo y yo nos salimos de ese espacio restringido y nos aventuramos entre la muchedumbre. Cumplimos con la labor y, cuando quisimos volver a nuestras sillas, la guardia presidencial nos lo impidió. Vicente Fox estaba por llegar y nos habíamos quedado fuera.

Curiosamente y, reitero, por casualidad, la que fuera presidenta nacional del DIF se enfiló hacia donde estábamos colocados para hablar con unos niños indígenas y, atrás de ella, llegaba este personaje periodístico con el micrófono en la mano, adornado con el emblema de la empresa que lo respaldaba. Sin mediar distancia acercó el micro para recoger la declaración de la señora, y este servidor hizo lo propio.

Fueron varias las escaramuzas que se ven en las tomas, entre el gigantón y yo, por hacer que los escudos de las empresas lucieran mejor, hasta que la dama se retiró y fue a colocarse a su lugar. En tanto que Lalo, como le decían a nivel nacional, me retó con la mirada y después de una tanda de palabras altisonantes, me cuestionó sobre mi presencia allí.

Como no me iba a dejar amedrentar, le correspondí en el mismo tenor con folclóricas terminologías maternales y rematé diciéndole: “¡Pues trabajando!” y, como colofón, una última palabreja que daba pie a una alusión ofensiva a su inteligencia.

Él, que ya se retiraba, retornó sobre sus pasos. Se puso ante mí, enrojecido por el coraje y después de abrir más los ojos, en señal de furia, tomó aire para continuar la reyerta. De repente, algo lo detuvo y —afortunadamente para mí— le hizo respirar profundo. Cambió el gesto de su rostro y puso su mano en mi hombro diciendo: “¡Qué bueno que están aquí! Se les extraña en los eventos, para que haya otra opinión”.

Esa última frase la usó no para referirse a mi persona, ni a la labor periodística de provincia, sino a la presencia de la firma televisiva rival que, en esos ayeres, tenía una línea periodística distinta a la de los demás por intereses económicos que, durante el sexenio de Fox, no le favorecieron, no obstante, eso permitió que hubiera siempre “otra opinión” que enriqueciera al México democrático del nuevo milenio.

En recientes días, hemos sido testigos de dos declaraciones que, interpretadas de manera independiente, una de la otra, dictan el parecer, quizá bien intencionado de un mandatario, sin embargo, juntas, pueden generar el inicio de un nuevo caos mediático como tantos otros que han ocurrido a lo largo de la administración pública federal vigente.

La primera de ellas fue “Ya no hay borregos”. Dicha por el tabasqueño, para señalar que en sexenios pasados existió el fenómeno de los llamados “acarreados”. La analogía —que nada tiene que ver con el cristianismo— es entendida porque el pastor usa la cachava para jalar del cuello a sus animales y hacerlos entrar al corral. Curiosamente, al introducirse el primero, los demás le seguirán.

La siguiente frase fue lanzada después de la lamentable volcadura de la camioneta en la que viajaban los reporteros que cubren las giras presidenciales. Al ser cuestionado al respecto, AMLO declaró que “No es necesario que cubran las giras… yo siempre estoy informando”.

Si bien es cierto que la función de la jefatura de Comunicación Social y atención a medios es hacer llegar con prontitud los partes informativos a los representantes de los medios, también es verdad que el valor del ejercicio periodístico radica no nada más en la recopilación de los elementos que construyen el hecho noticioso sino en la interpretación que el periodista le otorga, con sus causas y consecuencias, para orientación de la sociedad a la que pertenece y así, evitar “las borregadas”, gracias al raciocinio del acto en sí hecho por el colectivo.

Será responsabilidad, también, de la comunidad, el adentrarse en diferentes opiniones para construir la propia. De lo contrario, aquellos individuos que se amparen en el juicio de un solo líder, periodístico o político, se limitarían a repetir lo que este dice, cayendo en la analogía de los “pericos huastecos” que imitan sonidos sin comprender su significado.

¿Qué es, entonces, más riesgoso para una nación, presumir que no hay borregos o pedir que haya pericos? Quizá lo ideal para algunos es que haya borregos que repitan como loros. Aunque, insisto, lo mejor es la pluralidad para evitar las parvadas y los rebaños morenos, tricolores o blanquiazules.

¡Hasta la próxima!

Escríbame a:

licajimenezmcc@hotmail.com

Y recuerde, para mañana

¡Despierte, no se duerma que será un gran día!

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licajimenezmcc@hotmail.com

Y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!

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Con Café y a Media Luz

Agustín JIMENEZ CERVANTES

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