/ lunes 12 de febrero de 2018

Destino Manifiesto y elecciones

En su momento, el encargado de la poderosa maquinaria de los servicios secretos de los Estados Unidos, John Dimitri Negroponte, compareció ante el Comité de Inteligencia del Senado de su país, y en su informe señaló que México “es un estado débil ante el crimen organizado” y que hay “figuras radicales populistas en ciertos países”.

Las palabras de Negroponte, un espía de altos vuelos, casi mítico, reconfirman no sólo el tradicional afán injerencista de Washington, sino también los acechos y presiones que encubren el desarrollo del proceso electoral por la Presidencia de la República en Mexico.

La doctrinadel “Destino Manifiesto”, por la que en Estados Unidos, un día despues de firmada el Acta de Independencia, ya estaban mirando a tierras iberoamericanas como tierras de promisión, susceptibles de ser anexadas a su glorioso porvenir”, sólo comprueba una manera de actuar en el gobierno del vecino país del norte, que alimenta las sospechas de que podrían proponer o insinuar a alguien como “su” candidato predilecto, considerando que, por intermedio de órganos de inteligencia, tendrían “investigando” “quién es quién”, siendo el pretexto para objetar a este o aquel candidato que no actúe de acuerdo a sus intereses y propósitos. Esto se realizaría no de manera evidente, porque choca contra cualquier principio elemental de democracia (algo de lo que alardean del otro lado del río Bravo); pero indiscutiblemente, se efectuaría por caminos adyacentes o bifurcados, que igualmente sirve a sus deseos.

Las instituciones son garantes de la fuerza de México. Su fortalecimiento nos permite resistir las presiones del poder, invisibles y decisivas a cargo de la poderosa maquinaria de inteligencia de Washington. Por tanto, la creación y fomento de unRegimen de Garantías, y el establecimiento de buenas relaciones, en lo posible, con nuestros vecinos del norte, es un requisito indispensable, bajo términos dignos, al considerar que la mayor preocupación de Washington es hoy todo aquello que atañe a la seguridad y la lucha contra el terrorismo, además de la renegociación del TLCAN.

Es creible–y hablo de lo que es y no de lo que uno quisiera que fuese—, que el interés de la Casa Blanca se encauce por un gobierno mexicano afín a ellos en el cual puedan depositar su seguridad. Seguridad que incluye temas escabrosos, como el dominio completo sobre los energéticos, llegado el momento de una emergencia; recordemos que la nación vecina esta en guerra, o eso es lo que parece.



En su momento, el encargado de la poderosa maquinaria de los servicios secretos de los Estados Unidos, John Dimitri Negroponte, compareció ante el Comité de Inteligencia del Senado de su país, y en su informe señaló que México “es un estado débil ante el crimen organizado” y que hay “figuras radicales populistas en ciertos países”.

Las palabras de Negroponte, un espía de altos vuelos, casi mítico, reconfirman no sólo el tradicional afán injerencista de Washington, sino también los acechos y presiones que encubren el desarrollo del proceso electoral por la Presidencia de la República en Mexico.

La doctrinadel “Destino Manifiesto”, por la que en Estados Unidos, un día despues de firmada el Acta de Independencia, ya estaban mirando a tierras iberoamericanas como tierras de promisión, susceptibles de ser anexadas a su glorioso porvenir”, sólo comprueba una manera de actuar en el gobierno del vecino país del norte, que alimenta las sospechas de que podrían proponer o insinuar a alguien como “su” candidato predilecto, considerando que, por intermedio de órganos de inteligencia, tendrían “investigando” “quién es quién”, siendo el pretexto para objetar a este o aquel candidato que no actúe de acuerdo a sus intereses y propósitos. Esto se realizaría no de manera evidente, porque choca contra cualquier principio elemental de democracia (algo de lo que alardean del otro lado del río Bravo); pero indiscutiblemente, se efectuaría por caminos adyacentes o bifurcados, que igualmente sirve a sus deseos.

Las instituciones son garantes de la fuerza de México. Su fortalecimiento nos permite resistir las presiones del poder, invisibles y decisivas a cargo de la poderosa maquinaria de inteligencia de Washington. Por tanto, la creación y fomento de unRegimen de Garantías, y el establecimiento de buenas relaciones, en lo posible, con nuestros vecinos del norte, es un requisito indispensable, bajo términos dignos, al considerar que la mayor preocupación de Washington es hoy todo aquello que atañe a la seguridad y la lucha contra el terrorismo, además de la renegociación del TLCAN.

Es creible–y hablo de lo que es y no de lo que uno quisiera que fuese—, que el interés de la Casa Blanca se encauce por un gobierno mexicano afín a ellos en el cual puedan depositar su seguridad. Seguridad que incluye temas escabrosos, como el dominio completo sobre los energéticos, llegado el momento de una emergencia; recordemos que la nación vecina esta en guerra, o eso es lo que parece.



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