/ viernes 23 de agosto de 2019

Dos rolas

Siempre me han gustado “Los ejes de mi carreta”, interpretada por Atahualpa Yupanqui, y “Farolero”, en la versión de Freddy Noriega.

Son de esas canciones que no cansan a pesar de que las escuchemos una y otra vez.

Las buenas películas, los buenos libros y las buenas rolas no nos abandonan nunca (“que un viejo amor no se olvida ni se deja”). “Farolero” me gusta por el juego de contrastes que maneja (“nuestro amor es imposible/ yo soy pez de río/ tú eres pez de mar”). “Yo sería barrendero/ si tú te hicieras escoba/ para tomarte en mis manos /y barrer juntos tu alcoba”, aduce la letra de Rafael Pérez Botija. O: “Yo sería marinero/ si tú te hicieras gaviota,/ pero tú no tiene alas/ y mi barca ya no flota”.

Es probable que Ismael Rodríguez haya captado (y burilado) la mejor línea de amor en el cine mexicano cuando La Chorreada/ Blanca Estela Pavón le escribe a su amado Pepe El Toro/ Pedro Infante: “No hay amor más amoroso que el amor de los enamorados”.

Así, “Farolero” se me figura una catarsis de amor surgida desde eso que dijo Julio Cortázar “la segunda piel”, cuando tersamente Noriega conmina: “yo sería curandero/ si tú te volvieras droga/ para curarme este mal/ que al pensar en ti me ahoga”.

Gabriel Zaid escribió alguna vez que la poesía popular sobrevive (y vive) en las canciones. Verdad buena, porque si no no es poesía lo que nos endilgó José Alfredo Jiménez en esta línea: “Cuántas luces dejaste encendidas/ yo no sé cómo voy a apagarlas” (amén de sus intachables: “No vale nada la vida/ la vida no vale nada/ comienza siempre llorando/ y así llorando se acaba”. O estas de Cuco Sánchez: “Gritemos a pecho abierto/ un canto que haga temblar/ al mundo que es un gran puerto/ donde unos llegan y otros se van”.

El sociólogo italiano Francisco Alberoni planteaba la semejanza entre una atracción momentánea y un amor profundo que dura años y años y condiciona toda nuestra vida. Y en otro momento, apuntaba: “La lucha de clases no es el único motor de la historia: la pasión amorosa aparece en primer orden y es constante de toda literatura”.

Escuchar canciones bellas como la de “Farolero” (en la voz inconfundible de Freddy Noriega) hace a uno estar de acuerdo con la línea “y ya lo ves pasan los años/ dejando huellas al pasar”…

Siempre me han gustado “Los ejes de mi carreta”, interpretada por Atahualpa Yupanqui, y “Farolero”, en la versión de Freddy Noriega.

Son de esas canciones que no cansan a pesar de que las escuchemos una y otra vez.

Las buenas películas, los buenos libros y las buenas rolas no nos abandonan nunca (“que un viejo amor no se olvida ni se deja”). “Farolero” me gusta por el juego de contrastes que maneja (“nuestro amor es imposible/ yo soy pez de río/ tú eres pez de mar”). “Yo sería barrendero/ si tú te hicieras escoba/ para tomarte en mis manos /y barrer juntos tu alcoba”, aduce la letra de Rafael Pérez Botija. O: “Yo sería marinero/ si tú te hicieras gaviota,/ pero tú no tiene alas/ y mi barca ya no flota”.

Es probable que Ismael Rodríguez haya captado (y burilado) la mejor línea de amor en el cine mexicano cuando La Chorreada/ Blanca Estela Pavón le escribe a su amado Pepe El Toro/ Pedro Infante: “No hay amor más amoroso que el amor de los enamorados”.

Así, “Farolero” se me figura una catarsis de amor surgida desde eso que dijo Julio Cortázar “la segunda piel”, cuando tersamente Noriega conmina: “yo sería curandero/ si tú te volvieras droga/ para curarme este mal/ que al pensar en ti me ahoga”.

Gabriel Zaid escribió alguna vez que la poesía popular sobrevive (y vive) en las canciones. Verdad buena, porque si no no es poesía lo que nos endilgó José Alfredo Jiménez en esta línea: “Cuántas luces dejaste encendidas/ yo no sé cómo voy a apagarlas” (amén de sus intachables: “No vale nada la vida/ la vida no vale nada/ comienza siempre llorando/ y así llorando se acaba”. O estas de Cuco Sánchez: “Gritemos a pecho abierto/ un canto que haga temblar/ al mundo que es un gran puerto/ donde unos llegan y otros se van”.

El sociólogo italiano Francisco Alberoni planteaba la semejanza entre una atracción momentánea y un amor profundo que dura años y años y condiciona toda nuestra vida. Y en otro momento, apuntaba: “La lucha de clases no es el único motor de la historia: la pasión amorosa aparece en primer orden y es constante de toda literatura”.

Escuchar canciones bellas como la de “Farolero” (en la voz inconfundible de Freddy Noriega) hace a uno estar de acuerdo con la línea “y ya lo ves pasan los años/ dejando huellas al pasar”…

miércoles 18 de septiembre de 2019

Tampico es mi pueblo

martes 17 de septiembre de 2019

Eisenstein en Guanajuato

lunes 09 de septiembre de 2019

Esto es un puerto

viernes 06 de septiembre de 2019

El pitorreo zombie

lunes 02 de septiembre de 2019

Yesterday: Los Beatles según Danny Boyle

miércoles 28 de agosto de 2019

Fuego en el mar

lunes 26 de agosto de 2019

Había una vez en… Hollywood

viernes 23 de agosto de 2019

Dos rolas

miércoles 21 de agosto de 2019

Hoy que es mi cumpleaños

lunes 19 de agosto de 2019

Los jefes

Cargar Más