/ lunes 26 de agosto de 2019

Ecocidio ¿dónde?


El ecocidio en la Amazonia es visible. En esa región, identificada como el pulmón del planeta, cientos de miles de hectáreas arden sin control.

Y todo indica que este siniestro, y otros de distinto carácter, pero también dañinos, permanecen por debajo del nivel de conciencia de gran parte de la población. En realidad, se actúa como si la desaparición y proliferación de unas especies en detrimento de otras fuera ajeno a los hábitos contaminantes y nocivos para el medioambiente. Al parecer, se desconoce que en nuestro planeta habitan millones de organismos y los humanos somos un eslabón de la cadena que involucra la sobrevivencia de la flora y la fauna. A ello, el común de los mortales se pregunta ¿Es la contaminación problema mío? Son mujeres y hombres que disponen de su hábitat y el de otros, de la manera que les apetece, sin prever que ala vuelta de la esquina se oculta el desastre.

La contaminación es mucho más peligrosa que la guerra termonuclear, se afirma, y pese a ello se le considera un mal necesario, testimonio de nuestra época.¿Por qué? La gran mayoría delos perjuicios ocasionados al medioambiente surgen del deseo de procurar una vida mejor y más cómoda para grandes núcleos dela población, la duda es “a qué precio”, cuando las naciones consideradas ricas no son modelo de referencia para detener el ecocidio.

Nadie critica el poder del intelecto para el levantamiento de obras monumentales, solo que por motivos económicos, principalmente, hay quienes se ocupan de talar bosques, desecar lagos, modificar el curso de los ríos, edificar en zonas inundables, sísmicas y no aptas; minimizándolos daños al entorno.

En la Amazonia se dilapida irreflexivamente todo aquello que es patrimonio de esta generación y de las generaciones venideras del mundo. No hay conciencia ni temor a las sabias leyes de la naturaleza que brotan de un aprendizaje de millones de años.

Una muestra de lo aseverado en párrafos anteriores es la instalación de un tubo limítrofe a nuestras costas, desde Browsville, Texas a Tuxpan, Veracruz, para transportar millones de pies cúbicos diarios de gas bajo el agua, obra cuya naturaleza esencial, entre otras eventualidades, supone el riesgo de escenarios dañinos para la flora y fauna marina.Esto, de inicio, crea una zona en la costa del Golfo de México que resulta una preocupación constante en materia de contaminación ambiental, entre otros temas.

Lo preocupante es que se acumulan los malos hábitos y la vida en desapego a los ecosistemas, por lo que mañana puede ser tarde para tomar conciencia y asumir el compromiso.


El ecocidio en la Amazonia es visible. En esa región, identificada como el pulmón del planeta, cientos de miles de hectáreas arden sin control.

Y todo indica que este siniestro, y otros de distinto carácter, pero también dañinos, permanecen por debajo del nivel de conciencia de gran parte de la población. En realidad, se actúa como si la desaparición y proliferación de unas especies en detrimento de otras fuera ajeno a los hábitos contaminantes y nocivos para el medioambiente. Al parecer, se desconoce que en nuestro planeta habitan millones de organismos y los humanos somos un eslabón de la cadena que involucra la sobrevivencia de la flora y la fauna. A ello, el común de los mortales se pregunta ¿Es la contaminación problema mío? Son mujeres y hombres que disponen de su hábitat y el de otros, de la manera que les apetece, sin prever que ala vuelta de la esquina se oculta el desastre.

La contaminación es mucho más peligrosa que la guerra termonuclear, se afirma, y pese a ello se le considera un mal necesario, testimonio de nuestra época.¿Por qué? La gran mayoría delos perjuicios ocasionados al medioambiente surgen del deseo de procurar una vida mejor y más cómoda para grandes núcleos dela población, la duda es “a qué precio”, cuando las naciones consideradas ricas no son modelo de referencia para detener el ecocidio.

Nadie critica el poder del intelecto para el levantamiento de obras monumentales, solo que por motivos económicos, principalmente, hay quienes se ocupan de talar bosques, desecar lagos, modificar el curso de los ríos, edificar en zonas inundables, sísmicas y no aptas; minimizándolos daños al entorno.

En la Amazonia se dilapida irreflexivamente todo aquello que es patrimonio de esta generación y de las generaciones venideras del mundo. No hay conciencia ni temor a las sabias leyes de la naturaleza que brotan de un aprendizaje de millones de años.

Una muestra de lo aseverado en párrafos anteriores es la instalación de un tubo limítrofe a nuestras costas, desde Browsville, Texas a Tuxpan, Veracruz, para transportar millones de pies cúbicos diarios de gas bajo el agua, obra cuya naturaleza esencial, entre otras eventualidades, supone el riesgo de escenarios dañinos para la flora y fauna marina.Esto, de inicio, crea una zona en la costa del Golfo de México que resulta una preocupación constante en materia de contaminación ambiental, entre otros temas.

Lo preocupante es que se acumulan los malos hábitos y la vida en desapego a los ecosistemas, por lo que mañana puede ser tarde para tomar conciencia y asumir el compromiso.

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