/ lunes 11 de noviembre de 2019

El consumo de la basura


Debo decirle, querido amigo lector, que la entrega de este día sería sobre la declaración reciente del mandatario sobre la intervención que hará para lograr la liberación del exgobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva, sin embargo, le suplico que el presente trabajo lo lea hasta el final y hagamos juntos una reflexión.

Sorprendido es lo menos. Bien puedo ocupar términos como horrorizado, estupefacto, impávido y otros que pudieran sonar a que pertenezco a una cultura en el que el respeto hacia sí mismo y a los demás y los valores eran enseñados en la casa y demostrados con el ejemplo de nuestros mayores eran “el pan nuestro de cada día” y, orgullosamente, sí soy de esa generación. No sé si sea la última que vive procurando conservar esas condiciones, pero sí estoy seguro que somos responsables de que, por lo menos en México, se permeé a nuestros hijos y nietos.

El día de ayer, como casi todos los domingos, me di una vuelta por la Plaza de Armas de nuestra ciudad. Me senté en una de sus bancas y respiré por unos momentos la dulce fragancia de la provincia que envuelve a ese sitio. Observé a mujeres jugueteando con la estatua del galán de galanes, a niños corriendo tras los pichones y a enamorados dándole de comer a las ardillas. Me sentí orgulloso de ese perfume de inocencia que las últimas calamidades de nuestro país se han empeñado en arrebatarnos, ofreciéndonos, a cambio, un pútrido aroma a sangre y destrucción.

Encaminé mis pasos a tomarme un café y fue entonces cuando saludé a un buen amigo que llegaba al mismo sitio que yo, haciéndose acompañar por una dama quien, muy amable, me invitó a compartir la mesa. Se presentó como maestra y, un servidor, hizo lo propio. Con las cartas credenciales debidamente intercambiadas, la profesora inició la charla cuestionando mi parecer sobre lo oneroso que es el costo de la vida actual y lo poco que perciben los profesionistas por su labor.

Le expresé mi parecer y aproveché para devolverle el cuestionamiento, pues desde el inicio de la conversación la percibí sumamente molesta. En un tono de desconcierto por mi ignorancia y enojo por la realidad que me iba a explicar me respondió con una nueva pregunta “¿No sabe usted cuánto ganan esos que le dicen youtubers?” Me quedé callado. Y como en realidad no lo sé, cuando regresé a mi casa lo averigüé. Es verdad que la fama que ganan a través de las plataformas y los diversos modelos de negocio que operan de manera simultánea en sus “canales” hacen que el sueldo de un profesionista docente que estuvo tantos años en la universidad parezca una propina.

Lo que me espantó, gentil amigo lector, son los mensajes que ofrecen a sus “seguidores” y hasta dónde son capaces de llegar con tal de incrementar el número de estos últimos.

Hay algunos con información bien definida, producida, ingeniosa, respetuosa y hasta divertida, eso no me causa sorpresa ni admiración. Este sector empezó muy joven y el tiempo no los ha perdonado. El grupo de seguidores ha madurado con ellos y hoy le proveen contenidos acordes a su edad. Incluso si se observan sus primeras emisiones son un tanto inocentes y hasta bobaliconas.

Lo grave está ocurriendo en una nueva generación de jovencitos que, sin ton ni son, están aprovechando las redes sociales para divulgar con urgencia, mensajes tan nocivos e irresponsables, como obscenos y aberrantes. Una de ellas, que por respeto a su edad, condición de género y para no ser yo el que le sirva de promotor, cuenta con más de 121 mil seguidores, fue la que me pareció más alarmante en esta rápida inspección que hice en la red.

En un primer episodio, la chiquilla asegura que “como todo se puede” en internet y un muchacho de otro país hizo una gestión similar y obtuvo una buena respuesta, ella haría lo mismo, así que enlistó a los hombres y mujeres más acaudalados de México y les pidió con total desfachatez una buena suma de dinero para hacerse millonaria de la noche a la mañana, pues donar esa cifra era “como quitarle un pelo a un gato”. Yo sé que usted me dirá, que son tonterías de niños, el problema es que la señorita se lo toma con mucha seriedad y habla de consumir alcohol y drogas para “honrar” a sus futuros mecenas.

La niña, y lo digo así, pues no creo que llegue a los 20 años, en otro episodio, se muestra desnuda, cubriéndose con su cabello y asegurando estar orgullosa de su cuerpo, por lo que no le apena mostrarlo en esas condiciones. Además de que lo hace como un mensaje de reprobación para los hombres acosadores y, al mismo tiempo, de apoyo para los grupos feministas que últimamente se han manifestado de manera similar en calles y avenidas de la capital de los Estados Unidos Mexicanos.

Lo increíblemente terrible, son los comentarios de sus jóvenes seguidores de absoluta aprobación a continuar, aumentar y replicar esa conducta. ¡Qué triste!

El hombre ha tenido por lo menos cuatro revoluciones: La agrícola, la industrial, la tecnológica y la digital. En todas, el desarrollo humano ha ido a la par de los beneficios y la consciente responsabilidad de las herramientas generadas. La siembra controlada, la producción en masa, la creación de aparatos para la comodidad del hombre y la supercarretera de la información, empero, en esta última, la divulgación de contenido basura y la predilección por el consumo del mismo está creciendo a pasos agigantados.

Las preguntas que me inquietan ¿En manos de estos muchachos, podemos confiar al futuro de México?, ¿Dónde están los padres de esos chiquillos? De los maestros ni pregunto, pues, con lo que actualmente ganan los “youtubers”, muy poco les interesa asistir a la escuela o apelar a una beca del Gobierno federal para aprender un oficio.

¿Alguna vez pensó usted, gentil amigo lector, que estaríamos ante la agonía de la cultura del esfuerzo y, a la par, presenciando el nacimiento de una nueva en la que es mejor pagada la promoción masiva de los antivalores que el respeto al ser humano?

¡Hasta la próxima!

  • Escríbame a: licajimenezmcc@hotmail.com

Y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!


Debo decirle, querido amigo lector, que la entrega de este día sería sobre la declaración reciente del mandatario sobre la intervención que hará para lograr la liberación del exgobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva, sin embargo, le suplico que el presente trabajo lo lea hasta el final y hagamos juntos una reflexión.

Sorprendido es lo menos. Bien puedo ocupar términos como horrorizado, estupefacto, impávido y otros que pudieran sonar a que pertenezco a una cultura en el que el respeto hacia sí mismo y a los demás y los valores eran enseñados en la casa y demostrados con el ejemplo de nuestros mayores eran “el pan nuestro de cada día” y, orgullosamente, sí soy de esa generación. No sé si sea la última que vive procurando conservar esas condiciones, pero sí estoy seguro que somos responsables de que, por lo menos en México, se permeé a nuestros hijos y nietos.

El día de ayer, como casi todos los domingos, me di una vuelta por la Plaza de Armas de nuestra ciudad. Me senté en una de sus bancas y respiré por unos momentos la dulce fragancia de la provincia que envuelve a ese sitio. Observé a mujeres jugueteando con la estatua del galán de galanes, a niños corriendo tras los pichones y a enamorados dándole de comer a las ardillas. Me sentí orgulloso de ese perfume de inocencia que las últimas calamidades de nuestro país se han empeñado en arrebatarnos, ofreciéndonos, a cambio, un pútrido aroma a sangre y destrucción.

Encaminé mis pasos a tomarme un café y fue entonces cuando saludé a un buen amigo que llegaba al mismo sitio que yo, haciéndose acompañar por una dama quien, muy amable, me invitó a compartir la mesa. Se presentó como maestra y, un servidor, hizo lo propio. Con las cartas credenciales debidamente intercambiadas, la profesora inició la charla cuestionando mi parecer sobre lo oneroso que es el costo de la vida actual y lo poco que perciben los profesionistas por su labor.

Le expresé mi parecer y aproveché para devolverle el cuestionamiento, pues desde el inicio de la conversación la percibí sumamente molesta. En un tono de desconcierto por mi ignorancia y enojo por la realidad que me iba a explicar me respondió con una nueva pregunta “¿No sabe usted cuánto ganan esos que le dicen youtubers?” Me quedé callado. Y como en realidad no lo sé, cuando regresé a mi casa lo averigüé. Es verdad que la fama que ganan a través de las plataformas y los diversos modelos de negocio que operan de manera simultánea en sus “canales” hacen que el sueldo de un profesionista docente que estuvo tantos años en la universidad parezca una propina.

Lo que me espantó, gentil amigo lector, son los mensajes que ofrecen a sus “seguidores” y hasta dónde son capaces de llegar con tal de incrementar el número de estos últimos.

Hay algunos con información bien definida, producida, ingeniosa, respetuosa y hasta divertida, eso no me causa sorpresa ni admiración. Este sector empezó muy joven y el tiempo no los ha perdonado. El grupo de seguidores ha madurado con ellos y hoy le proveen contenidos acordes a su edad. Incluso si se observan sus primeras emisiones son un tanto inocentes y hasta bobaliconas.

Lo grave está ocurriendo en una nueva generación de jovencitos que, sin ton ni son, están aprovechando las redes sociales para divulgar con urgencia, mensajes tan nocivos e irresponsables, como obscenos y aberrantes. Una de ellas, que por respeto a su edad, condición de género y para no ser yo el que le sirva de promotor, cuenta con más de 121 mil seguidores, fue la que me pareció más alarmante en esta rápida inspección que hice en la red.

En un primer episodio, la chiquilla asegura que “como todo se puede” en internet y un muchacho de otro país hizo una gestión similar y obtuvo una buena respuesta, ella haría lo mismo, así que enlistó a los hombres y mujeres más acaudalados de México y les pidió con total desfachatez una buena suma de dinero para hacerse millonaria de la noche a la mañana, pues donar esa cifra era “como quitarle un pelo a un gato”. Yo sé que usted me dirá, que son tonterías de niños, el problema es que la señorita se lo toma con mucha seriedad y habla de consumir alcohol y drogas para “honrar” a sus futuros mecenas.

La niña, y lo digo así, pues no creo que llegue a los 20 años, en otro episodio, se muestra desnuda, cubriéndose con su cabello y asegurando estar orgullosa de su cuerpo, por lo que no le apena mostrarlo en esas condiciones. Además de que lo hace como un mensaje de reprobación para los hombres acosadores y, al mismo tiempo, de apoyo para los grupos feministas que últimamente se han manifestado de manera similar en calles y avenidas de la capital de los Estados Unidos Mexicanos.

Lo increíblemente terrible, son los comentarios de sus jóvenes seguidores de absoluta aprobación a continuar, aumentar y replicar esa conducta. ¡Qué triste!

El hombre ha tenido por lo menos cuatro revoluciones: La agrícola, la industrial, la tecnológica y la digital. En todas, el desarrollo humano ha ido a la par de los beneficios y la consciente responsabilidad de las herramientas generadas. La siembra controlada, la producción en masa, la creación de aparatos para la comodidad del hombre y la supercarretera de la información, empero, en esta última, la divulgación de contenido basura y la predilección por el consumo del mismo está creciendo a pasos agigantados.

Las preguntas que me inquietan ¿En manos de estos muchachos, podemos confiar al futuro de México?, ¿Dónde están los padres de esos chiquillos? De los maestros ni pregunto, pues, con lo que actualmente ganan los “youtubers”, muy poco les interesa asistir a la escuela o apelar a una beca del Gobierno federal para aprender un oficio.

¿Alguna vez pensó usted, gentil amigo lector, que estaríamos ante la agonía de la cultura del esfuerzo y, a la par, presenciando el nacimiento de una nueva en la que es mejor pagada la promoción masiva de los antivalores que el respeto al ser humano?

¡Hasta la próxima!

  • Escríbame a: licajimenezmcc@hotmail.com

Y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!

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