/ lunes 28 de septiembre de 2020

El cumpleaños del perro | El "zombie" como motivo político

Vaya que más que un subgénero, el cine de zombies ha pasado a ser una especie de renovada visita generacional fílmica. Para muestra un botón: la exitosa serie “The wal-king dead”, y los numerosos festivales, entre ellos el más prestigioso: Zinema Zombie Fest.

Pero hay que irnos más atrás, a su tata cinematográfico: George A. Romero, quien es uno de los cineastas underground que más fans tiene en el orbe. Padre, ni más ni menos, de un subgénero venerado por millones: el cine de zombies.

En alguna entrevista, Romero dijo que él fue un niño ofendido por los chicos neoyorkinos de su edad debido a su origen puertorriqueño. De allí, quizá, que dicho temor haya sido extrapolado en forma artística con los años mediante los zombies. Es decir: el zombie visto como el extraño que altera un orden.

La irrupción de George A. Romero en la escena mundial del cine se dio en 1968 con su ya clásica “La noche de los muertos vivientes”, donde sacaba a la luz a personajes muertos, deformes, que para "vivir" requerían comer carne humana.

(Aunque en aras de la precisión y de la justicia cinéfila, hay que anotar y acotar que fue el director Ed Wood el primero en proponer al zombie como personaje en su filme de culto “Plan nueve del espacio exterior”/ 1959: incluso, llegó más lejos que el propio George A. Romero: explicar el porqué del zombie. Según se aduce en “Plan nueve del espacio exterior”, una nave alienígena lanzó rayos catódicos a un cementerio y dieron en las glándulas pituitarias de los cadáveres ¡resucitándolos!)

En “La tierra de los muertos” / 2005 y de la que se cumplen quince años de su estreno, Romero perfecciona su estilo y lo lleva a niveles de metáfora irrefutable: los zombies bien pudieran ser los indocumentados mexicanos (o latinos) que cruzan hacia los Estados Unidos en busca de oportunidades de vida.

La ciudad (o el mundo) no se especifica bien, está liderada por el corrupto Kaufman (Dennis Hooper) quien cobra alto por salvaguardar a los ricos de los zombies, quienes habitan la parte pobre de la ciudad (separadamente por un río -¿el Bravo?-).

Cholo (John Leguizamo, el latino mercenario de Kaufman tiene contacto con Riley/ Simon Baker), quien es otro mercenario que surte de comida y combustible a los ricos sorteando el ghetto de los zombies.

Pronto, los zombies, comandados por un afroamericano/ Eugene Clark rompen el cerco y cruzan el río hasta llegar al centro comercial de lujo que sirve de reducto de los ricos. Riley y Cholo lo combaten sin éxito.

Para Kaufman los zombies son terroristas y “con ellos no se negocia”. Cholo, el ambicioso mano derecha de Kaufman apunta: “no quiero ser como ese pobre zombie mexicano”. Sin duda, George A. Romero ha planteado una alegoría sobre el sistema político y económico de su país, Estados Unidos.

Los zombies son los minoritarios, los latinos, los negros, los pobres, los que no merecen seguir viviendo y hay que asesinarlos. Cholo es el latino que quiere agradar, pero nunca encajará en un país que lo tildará de ciudadano de segunda (de allí que al final Cholo se convierta en zombie también).

La tierra de los muertos es un filme inteligente de un maestro, Romero, que ha llevado su obsesión a niveles de barroquismo para alargarnos algunas preguntas: ¿puede desde el cine lanzarse crítica social y política? ¿Es el cine de género menos interesante como el de autor o el de arte?



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Vaya que más que un subgénero, el cine de zombies ha pasado a ser una especie de renovada visita generacional fílmica. Para muestra un botón: la exitosa serie “The wal-king dead”, y los numerosos festivales, entre ellos el más prestigioso: Zinema Zombie Fest.

Pero hay que irnos más atrás, a su tata cinematográfico: George A. Romero, quien es uno de los cineastas underground que más fans tiene en el orbe. Padre, ni más ni menos, de un subgénero venerado por millones: el cine de zombies.

En alguna entrevista, Romero dijo que él fue un niño ofendido por los chicos neoyorkinos de su edad debido a su origen puertorriqueño. De allí, quizá, que dicho temor haya sido extrapolado en forma artística con los años mediante los zombies. Es decir: el zombie visto como el extraño que altera un orden.

La irrupción de George A. Romero en la escena mundial del cine se dio en 1968 con su ya clásica “La noche de los muertos vivientes”, donde sacaba a la luz a personajes muertos, deformes, que para "vivir" requerían comer carne humana.

(Aunque en aras de la precisión y de la justicia cinéfila, hay que anotar y acotar que fue el director Ed Wood el primero en proponer al zombie como personaje en su filme de culto “Plan nueve del espacio exterior”/ 1959: incluso, llegó más lejos que el propio George A. Romero: explicar el porqué del zombie. Según se aduce en “Plan nueve del espacio exterior”, una nave alienígena lanzó rayos catódicos a un cementerio y dieron en las glándulas pituitarias de los cadáveres ¡resucitándolos!)

En “La tierra de los muertos” / 2005 y de la que se cumplen quince años de su estreno, Romero perfecciona su estilo y lo lleva a niveles de metáfora irrefutable: los zombies bien pudieran ser los indocumentados mexicanos (o latinos) que cruzan hacia los Estados Unidos en busca de oportunidades de vida.

La ciudad (o el mundo) no se especifica bien, está liderada por el corrupto Kaufman (Dennis Hooper) quien cobra alto por salvaguardar a los ricos de los zombies, quienes habitan la parte pobre de la ciudad (separadamente por un río -¿el Bravo?-).

Cholo (John Leguizamo, el latino mercenario de Kaufman tiene contacto con Riley/ Simon Baker), quien es otro mercenario que surte de comida y combustible a los ricos sorteando el ghetto de los zombies.

Pronto, los zombies, comandados por un afroamericano/ Eugene Clark rompen el cerco y cruzan el río hasta llegar al centro comercial de lujo que sirve de reducto de los ricos. Riley y Cholo lo combaten sin éxito.

Para Kaufman los zombies son terroristas y “con ellos no se negocia”. Cholo, el ambicioso mano derecha de Kaufman apunta: “no quiero ser como ese pobre zombie mexicano”. Sin duda, George A. Romero ha planteado una alegoría sobre el sistema político y económico de su país, Estados Unidos.

Los zombies son los minoritarios, los latinos, los negros, los pobres, los que no merecen seguir viviendo y hay que asesinarlos. Cholo es el latino que quiere agradar, pero nunca encajará en un país que lo tildará de ciudadano de segunda (de allí que al final Cholo se convierta en zombie también).

La tierra de los muertos es un filme inteligente de un maestro, Romero, que ha llevado su obsesión a niveles de barroquismo para alargarnos algunas preguntas: ¿puede desde el cine lanzarse crítica social y política? ¿Es el cine de género menos interesante como el de autor o el de arte?



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