/ lunes 7 de septiembre de 2020

El cumpleaños del perro | La mancha de sangre

1937. “La mancha de sangre” es el nombre de un cabaret en la Ciudad de México. El mundo está a las puertas de otra guerra, la segunda a nivel mundial.

México es un espacio cultural donde habitan los desterrados europeos, los analfabetos, la intelectualidad, los viajeros, los que están haciendo la ciencia y la tecnología avanzada de la época.

Pero es el país donde las supersticiones y el ambiente rural es mayoritario en el marco civilizatorio.

El cine es un caldo de cultivo de géneros, de contextos, de experimentaciones.

Se instala la comedia ranchera vía “Allá en el rancho grande” / 1936, los destinos trágicos frente a la brisa del mar (“La mujer del puerto” / 1933, “Redes” / 1936), y los cómicos de la carpa (El Panzón Soto, Palillo, Delia Magaña, Joaquín Pardavé, Manuel Medel) alcanzan el cenit en Mario Moreno Cantinflas.

El incipiente crecimiento demográfico convertía a la mega urbe del entonces Distrito Federal en un universo donde el campesino, la familia numerosa y el capitalino conviven sin armonía.

Cada quien hace su vida, cumple su si no y se ajusta a las posibilidades de sus aptitudes.

El bolero, los ritmos caribeños, los salones de baile, en sí la música – junto con el cine - se instala como uno de los protagonistas de la chusma, de la prole, de la clase pudiente, del mundillo político.

Y es entonces, el cine, quien se troca en evasión, en espejo, en unidad de medición de los sueños del mexicano de esa época, los treinta, de la que hablamos.

El cine mexicano es ya visto en el mundo que está en la antesala de Hitler y los países del Eje, mientras el charro, el cantante en las estaciones de radio y los vendedores en los cines y en los autobuses portan la placa de identidad de la Gran Urbe hasta que no le haga justicia el Cine Mexicano, ya sea con Cantinflas, Joaquín Pardavé o los personajes de mujeres sumisas en las haciendas, en las mansiones de colonia lujosas o ... en cabarets de mala muerte como “La mancha de sangre” que es un filme naturalista en virtud de que incluyó prostitutas, hampones verdaderos y una historia que se desarrolló en esos ambientes.

Puede decirse que su director, el pintor surrealista Adolfo Best Maugard, se anticipó al neorrealismo italiano –al igual que Jena Renoir con “Toni” / 1934 – en su intención de escudriñar con la ficción temas que se mimetizaban con el celuloide.

Por muchos años considerada película “maldita”, por los temas tratados y el primer desnudo en el cine mexicano, “La mancha de sangre” fue rescatada, restaurada y digitalizada en 1993 por la Filmoteca de la UNAM y está disponible de manera gratuita en la plataforma YouTube…

Y es entonces, el cine, quien se troca en evasión, en espejo, en unidad de medición de los sueños del mexicano de esa época, los treinta, de la que hablamos.


1937. “La mancha de sangre” es el nombre de un cabaret en la Ciudad de México. El mundo está a las puertas de otra guerra, la segunda a nivel mundial.

México es un espacio cultural donde habitan los desterrados europeos, los analfabetos, la intelectualidad, los viajeros, los que están haciendo la ciencia y la tecnología avanzada de la época.

Pero es el país donde las supersticiones y el ambiente rural es mayoritario en el marco civilizatorio.

El cine es un caldo de cultivo de géneros, de contextos, de experimentaciones.

Se instala la comedia ranchera vía “Allá en el rancho grande” / 1936, los destinos trágicos frente a la brisa del mar (“La mujer del puerto” / 1933, “Redes” / 1936), y los cómicos de la carpa (El Panzón Soto, Palillo, Delia Magaña, Joaquín Pardavé, Manuel Medel) alcanzan el cenit en Mario Moreno Cantinflas.

El incipiente crecimiento demográfico convertía a la mega urbe del entonces Distrito Federal en un universo donde el campesino, la familia numerosa y el capitalino conviven sin armonía.

Cada quien hace su vida, cumple su si no y se ajusta a las posibilidades de sus aptitudes.

El bolero, los ritmos caribeños, los salones de baile, en sí la música – junto con el cine - se instala como uno de los protagonistas de la chusma, de la prole, de la clase pudiente, del mundillo político.

Y es entonces, el cine, quien se troca en evasión, en espejo, en unidad de medición de los sueños del mexicano de esa época, los treinta, de la que hablamos.

El cine mexicano es ya visto en el mundo que está en la antesala de Hitler y los países del Eje, mientras el charro, el cantante en las estaciones de radio y los vendedores en los cines y en los autobuses portan la placa de identidad de la Gran Urbe hasta que no le haga justicia el Cine Mexicano, ya sea con Cantinflas, Joaquín Pardavé o los personajes de mujeres sumisas en las haciendas, en las mansiones de colonia lujosas o ... en cabarets de mala muerte como “La mancha de sangre” que es un filme naturalista en virtud de que incluyó prostitutas, hampones verdaderos y una historia que se desarrolló en esos ambientes.

Puede decirse que su director, el pintor surrealista Adolfo Best Maugard, se anticipó al neorrealismo italiano –al igual que Jena Renoir con “Toni” / 1934 – en su intención de escudriñar con la ficción temas que se mimetizaban con el celuloide.

Por muchos años considerada película “maldita”, por los temas tratados y el primer desnudo en el cine mexicano, “La mancha de sangre” fue rescatada, restaurada y digitalizada en 1993 por la Filmoteca de la UNAM y está disponible de manera gratuita en la plataforma YouTube…

Y es entonces, el cine, quien se troca en evasión, en espejo, en unidad de medición de los sueños del mexicano de esa época, los treinta, de la que hablamos.