/ martes 9 de abril de 2019

El futbol es una burbuja que hace perder el piso

Manuel Manzo dice: Se acabó la gambeta, se acabó la pared, se acabó el número 10.

Tuve un compañero de futbol ya treintón, que antes de que jugáramos juntos tuve que soportarlo como rival, de ascendencia belga, Luis Banderkamp era un buen defensa lateral, al que era mejor tenerlo de amigo que de enemigo, la primera vez que lo enfrenté, muy al estilo de aquel tiempo, me lanzó un planchazo no al tobillo o espinilla, no, un poquito más arriba, a la cara estando de pie los dos, pero erró y lo que sucedió fue lo más parecido a una de esas tretas de la lucha libre, tijera o no se cómo se le llame, en donde un luchador prende del cuello con sus piernas al contrario azotándolo contra la lona, él jugaba para los gallos blancos de Querétaro.

Quiso la suerte que tiempo después coincidiéramos en San Luis, en donde tuve la oportunidad de conocerlo mejor. Él continuaba siendo un exquisito hachero que no desairaba la oportunidad de romper un tobillo, pero lo que menos sabía de él era su terrible afición por el chupe, sí, ese hombre sí que derrochaba salud, salud y más salud... Cierto sábado, un día antes del juego, como era costumbre, nos reunimos en el club para echarnos una partida de Pin-pon, en eso llega Luis con unas cuantas copas que eran bastante notorias... No la atrases, vete a descansar, no te vaya a ver algún directivo... ¡Qué te pasa!... a mí me llaman la atención si juego mal, pero en mi vida privada no se mete nadie... Al siguiente día, luciendo unos ojos más enrojecidos que los de Drákula, Luis jugó tan bien como era su costumbre, si acaso, ese día no lastimó a nadie.

Más de un jugador veterano exprofesional tendrá una historia semejante, tenemos los casos de jugadores que han dejado la duda al compararlos con Pelé, Maradona o Messi y, que echaron a perder su vida deportiva porque no pudieron contra el imán de la jarra. El más conocido George Best, de quien recordamos esta frase... “En 1999, tomé la decisión de dejar los autos, el vino y las mujeres... fueron los peores veinte minutos de mi vida”; otra más decía “Gasté parte de mi dinero en coches, mujeres y alcohol... el resto lo despilfarré en tonterías”.

“Mané” Tabares “Garrincha” considerado el mejor gambetero de todos los tiempos, cojeaba de la misma pierna que George Best, pero él no perdía tiempo en coches hermosos, lo de él era chupe y mujeres. Dueño de una irresponsabilidad absoluta, Mané fue siempre un distraído... ¿Esta es la final? Sí, le contestaron, con razón hay tanta gente... Y, ¿Contra quién vamos?... contra Checoslovaquia... y ¿Quiénes son esos?... con los que empatamos en el segundo juego... ¡Ah! Unos güeros grandotes que no juegan nada... Mané fue padre de 9 hijas y murió por una cirrosis hepática.

Sócrates, el brasileño, uno de los más grandes cerebros del futbol mundial, prefería irse de chupe que jugar. Estudió y se tituló y ejerció la carrera de medicina, pero la mayor parte de su tiempo lo dedicó a la política, el futbol solamente lo jugaba, pues no le gustaba entrenar y, aprovechó su influencia en el gobierno para establecer normas que regularan la intensidad de los entrenamientos. Murió de cirrosis hepática... Romario de Sousa Faria, es el segundo mejor goleador de la historia, que desgraciadamente, debido a su indisciplina e inclinación por la samba y el alcohol, superó la marca de 1000 goles cuando ya tenía demasiada edad, quedándose lejos de Pelé, que superó los 1200. Siendo jugador de Barcelona, fue separado por su indisciplina y constantes faltas a los entrenamientos. Durante una discusión con Cruyff (Técnico del equipo) Romario le espetó,¿acaso eres tú mi padre para andarme regañando?

Curiosamente les he hablado de goleadores que jugaban lejos del área, todos ellos venían de atrás, algo de lo que se queja Manuel Manzo, uno de los goleadores mexicanos más técnicos y elegantes que hayan existido. Su historia es parecida a la de algunos deportistas que fueron sacados de la cantina para llevarlos a jugar. Al estilo del jugador argentino antiguo, que se hizo en las cascaritas callejeras con una bola de trapo, o del brasileño en la playa los de la costa y los otros igual en la calle, Manuel Manzo, viajó de mosca en los tranvías pues no tenía dinero para el pasaje, no conoció a su padre y fue huérfano de madre a los diez años de edad. Fue chofer de un colectivo, boleó zapatos y cambió neumáticos en una vulcanizadora.

Sí, pensar que hay muchos encuentros que se deciden por un penalty. Qué forma tan triste de ganar un partido. Para Manzo, hoy en día, a los jugadores se les quita el pensamiento. Los meten al campo nadamás a cumplir, ordenándoles jugar a dos toques, le arrebatan su imaginación, la alegría, la creatividad, la chispa, la picardía. Se acabó la gambeta, la pared, la pausa en el futbol, ahora todos juegan a las prisas. Ahora cualquiera juega futbol. En los 70's, los técnicos primero veían al jugador, ahora cualquiera juega. Hasta aquí, refiriéndome a Manuel Manzo, he mostrado únicamente el lado color de rosa de su vida deportiva, pero Manuel Manzo fue, no sólo un extraordinario futbolista, sino un hombre que tuvo que luchar contra el alcoholismo... Ya les hablaré del lado oscuro que hoy desatendí.

Hasta pronto amigo.

Manuel Manzo dice: Se acabó la gambeta, se acabó la pared, se acabó el número 10.

Tuve un compañero de futbol ya treintón, que antes de que jugáramos juntos tuve que soportarlo como rival, de ascendencia belga, Luis Banderkamp era un buen defensa lateral, al que era mejor tenerlo de amigo que de enemigo, la primera vez que lo enfrenté, muy al estilo de aquel tiempo, me lanzó un planchazo no al tobillo o espinilla, no, un poquito más arriba, a la cara estando de pie los dos, pero erró y lo que sucedió fue lo más parecido a una de esas tretas de la lucha libre, tijera o no se cómo se le llame, en donde un luchador prende del cuello con sus piernas al contrario azotándolo contra la lona, él jugaba para los gallos blancos de Querétaro.

Quiso la suerte que tiempo después coincidiéramos en San Luis, en donde tuve la oportunidad de conocerlo mejor. Él continuaba siendo un exquisito hachero que no desairaba la oportunidad de romper un tobillo, pero lo que menos sabía de él era su terrible afición por el chupe, sí, ese hombre sí que derrochaba salud, salud y más salud... Cierto sábado, un día antes del juego, como era costumbre, nos reunimos en el club para echarnos una partida de Pin-pon, en eso llega Luis con unas cuantas copas que eran bastante notorias... No la atrases, vete a descansar, no te vaya a ver algún directivo... ¡Qué te pasa!... a mí me llaman la atención si juego mal, pero en mi vida privada no se mete nadie... Al siguiente día, luciendo unos ojos más enrojecidos que los de Drákula, Luis jugó tan bien como era su costumbre, si acaso, ese día no lastimó a nadie.

Más de un jugador veterano exprofesional tendrá una historia semejante, tenemos los casos de jugadores que han dejado la duda al compararlos con Pelé, Maradona o Messi y, que echaron a perder su vida deportiva porque no pudieron contra el imán de la jarra. El más conocido George Best, de quien recordamos esta frase... “En 1999, tomé la decisión de dejar los autos, el vino y las mujeres... fueron los peores veinte minutos de mi vida”; otra más decía “Gasté parte de mi dinero en coches, mujeres y alcohol... el resto lo despilfarré en tonterías”.

“Mané” Tabares “Garrincha” considerado el mejor gambetero de todos los tiempos, cojeaba de la misma pierna que George Best, pero él no perdía tiempo en coches hermosos, lo de él era chupe y mujeres. Dueño de una irresponsabilidad absoluta, Mané fue siempre un distraído... ¿Esta es la final? Sí, le contestaron, con razón hay tanta gente... Y, ¿Contra quién vamos?... contra Checoslovaquia... y ¿Quiénes son esos?... con los que empatamos en el segundo juego... ¡Ah! Unos güeros grandotes que no juegan nada... Mané fue padre de 9 hijas y murió por una cirrosis hepática.

Sócrates, el brasileño, uno de los más grandes cerebros del futbol mundial, prefería irse de chupe que jugar. Estudió y se tituló y ejerció la carrera de medicina, pero la mayor parte de su tiempo lo dedicó a la política, el futbol solamente lo jugaba, pues no le gustaba entrenar y, aprovechó su influencia en el gobierno para establecer normas que regularan la intensidad de los entrenamientos. Murió de cirrosis hepática... Romario de Sousa Faria, es el segundo mejor goleador de la historia, que desgraciadamente, debido a su indisciplina e inclinación por la samba y el alcohol, superó la marca de 1000 goles cuando ya tenía demasiada edad, quedándose lejos de Pelé, que superó los 1200. Siendo jugador de Barcelona, fue separado por su indisciplina y constantes faltas a los entrenamientos. Durante una discusión con Cruyff (Técnico del equipo) Romario le espetó,¿acaso eres tú mi padre para andarme regañando?

Curiosamente les he hablado de goleadores que jugaban lejos del área, todos ellos venían de atrás, algo de lo que se queja Manuel Manzo, uno de los goleadores mexicanos más técnicos y elegantes que hayan existido. Su historia es parecida a la de algunos deportistas que fueron sacados de la cantina para llevarlos a jugar. Al estilo del jugador argentino antiguo, que se hizo en las cascaritas callejeras con una bola de trapo, o del brasileño en la playa los de la costa y los otros igual en la calle, Manuel Manzo, viajó de mosca en los tranvías pues no tenía dinero para el pasaje, no conoció a su padre y fue huérfano de madre a los diez años de edad. Fue chofer de un colectivo, boleó zapatos y cambió neumáticos en una vulcanizadora.

Sí, pensar que hay muchos encuentros que se deciden por un penalty. Qué forma tan triste de ganar un partido. Para Manzo, hoy en día, a los jugadores se les quita el pensamiento. Los meten al campo nadamás a cumplir, ordenándoles jugar a dos toques, le arrebatan su imaginación, la alegría, la creatividad, la chispa, la picardía. Se acabó la gambeta, la pared, la pausa en el futbol, ahora todos juegan a las prisas. Ahora cualquiera juega futbol. En los 70's, los técnicos primero veían al jugador, ahora cualquiera juega. Hasta aquí, refiriéndome a Manuel Manzo, he mostrado únicamente el lado color de rosa de su vida deportiva, pero Manuel Manzo fue, no sólo un extraordinario futbolista, sino un hombre que tuvo que luchar contra el alcoholismo... Ya les hablaré del lado oscuro que hoy desatendí.

Hasta pronto amigo.