/ miércoles 13 de marzo de 2019

El Louvre bajo la ocupación nazi

Mientras una mujer fantasma con aire lúdico corre entre los cuadros del Louvre

Voces en off plantean, planean discurren sobre el destino de las obras invaluables del museo más famoso del mundo durante la ocupación nazi a Francia en 1940, durante la Segunda Guerra Mundial.

Francofonía/Francia-Alemania-Países Bajos-2015, de Alexander Sokurov es un docudrama complementario de El arca rusa/2002, en donde Sokurov despliega una mirada polifónica sobre los tesoros artísticos del Hermitage de San Petersburgo no para la recreación visual solamente sino para la recordación perenne de la importancia de la obra de arte como testimonio del paso del hombre sobre este mundo.

Para Sokurov el Louvre no es snobismo, es el útero de la civilización occidental desde la estética. Preservar las obras artísticas no es un acto de humanismo o de capitalismo cultural: es apostarle a la sobrevivencia de la sociedad humana misma.

Sokurov traza su eje narrativo de Francofonía en la relación empática de Jacques Jaujard, director del Louvre, y de Franz Wolff-Metternich, encargado nazi de proteger las colecciones de arte del Tercer Reich. De una simbiosis de opuestos ideológicos, Sokurov extrae lo esencial: la colaboración para que no se pierdan obras de Da Vinci, Miguel Ángel, Caravaggio, Rembrandt, etc.

El tono narrativo de Sokurov se decanta, a ratos, por los colores sepia para incrustar su texto fílmico con el pasado no para espetarle al espectador una lección de historia sino para apuntalar su tesis: toda lo magnánimo tiene su génesis en el sacrificio, el horror y la ambición.

No es un filme servil (pese a que uno de los productores es el propio Louvre), Francofonía es un alegato contra el delirio de grandeza al servicio de la aniquilación material. Por ello, la cinta funciona también como una alegoría de los peligros del poder capaz de la destrucción del presente y el pasado de la humanidad.

Si en tiempos recientes extremistas talibanes destruyeron el Buda de Bamiyan, con antigüedad de dos mil años, y la ocupación nazi puso en peligro los tesoros del Louvre (amén de la forma en que Napoleón se agenció obras de las colonias), la premisa de Sokurov es poner al espectador a la orilla del mar para ver dos cosas: el posible naufragio del presente (cual cuadro La balsa de Medusa, de Géricault) si hubiesen desaparecidos las obras del Louvre por órdenes del Hitler (cuyas imágenes viendo la torre Eiffel son inquietantes), y el poder onírico, vivificante, restaurador de una obra de arte. De allí que algunas secuencias sean arrobadoras (las aéreas, sobre todo, con reminiscencias al Mijail Kalatózov de Soy Cuba/ 1964)

Quedan otras lecturas subyacentes del filme: su convocatoria de Europa como centro de la civilización contemporánea, el narcisismo intelectual del cineasta, la vorágine de la Historia como lección moral. Sin embargo, Francofonía es cine de arte (performance, avant- garde, poesía, documental) en el sentido del testimonio, de la belleza y la prolongación de la memoria como sustancia de las sociedades de todos los tiempos…

Mientras una mujer fantasma con aire lúdico corre entre los cuadros del Louvre

Voces en off plantean, planean discurren sobre el destino de las obras invaluables del museo más famoso del mundo durante la ocupación nazi a Francia en 1940, durante la Segunda Guerra Mundial.

Francofonía/Francia-Alemania-Países Bajos-2015, de Alexander Sokurov es un docudrama complementario de El arca rusa/2002, en donde Sokurov despliega una mirada polifónica sobre los tesoros artísticos del Hermitage de San Petersburgo no para la recreación visual solamente sino para la recordación perenne de la importancia de la obra de arte como testimonio del paso del hombre sobre este mundo.

Para Sokurov el Louvre no es snobismo, es el útero de la civilización occidental desde la estética. Preservar las obras artísticas no es un acto de humanismo o de capitalismo cultural: es apostarle a la sobrevivencia de la sociedad humana misma.

Sokurov traza su eje narrativo de Francofonía en la relación empática de Jacques Jaujard, director del Louvre, y de Franz Wolff-Metternich, encargado nazi de proteger las colecciones de arte del Tercer Reich. De una simbiosis de opuestos ideológicos, Sokurov extrae lo esencial: la colaboración para que no se pierdan obras de Da Vinci, Miguel Ángel, Caravaggio, Rembrandt, etc.

El tono narrativo de Sokurov se decanta, a ratos, por los colores sepia para incrustar su texto fílmico con el pasado no para espetarle al espectador una lección de historia sino para apuntalar su tesis: toda lo magnánimo tiene su génesis en el sacrificio, el horror y la ambición.

No es un filme servil (pese a que uno de los productores es el propio Louvre), Francofonía es un alegato contra el delirio de grandeza al servicio de la aniquilación material. Por ello, la cinta funciona también como una alegoría de los peligros del poder capaz de la destrucción del presente y el pasado de la humanidad.

Si en tiempos recientes extremistas talibanes destruyeron el Buda de Bamiyan, con antigüedad de dos mil años, y la ocupación nazi puso en peligro los tesoros del Louvre (amén de la forma en que Napoleón se agenció obras de las colonias), la premisa de Sokurov es poner al espectador a la orilla del mar para ver dos cosas: el posible naufragio del presente (cual cuadro La balsa de Medusa, de Géricault) si hubiesen desaparecidos las obras del Louvre por órdenes del Hitler (cuyas imágenes viendo la torre Eiffel son inquietantes), y el poder onírico, vivificante, restaurador de una obra de arte. De allí que algunas secuencias sean arrobadoras (las aéreas, sobre todo, con reminiscencias al Mijail Kalatózov de Soy Cuba/ 1964)

Quedan otras lecturas subyacentes del filme: su convocatoria de Europa como centro de la civilización contemporánea, el narcisismo intelectual del cineasta, la vorágine de la Historia como lección moral. Sin embargo, Francofonía es cine de arte (performance, avant- garde, poesía, documental) en el sentido del testimonio, de la belleza y la prolongación de la memoria como sustancia de las sociedades de todos los tiempos…

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