/ miércoles 11 de diciembre de 2019

El regreso del niño perdido

Encarnada en la figura de Nuestra Señora de Guadalupe engalanada con rosas rojas y estampada en la tilma de un indito llamado Diego.

Hoy a las 12 de la noche le cantarán las tradicionales mañanitas ante su altar en la Basílica de Guadalupe de la Ciudad de México, a donde irán miles y miles de peregrinos a rendirle su devoción y agradecerle los favores recibidos.

Hoy, sin embargo, quiero plasmar en este humilde pergeño una leyenda hermosa, surgida de los relatos rescatados de la cultura huasteca, que el buen amigo Arturo Castillo le hizo llegar a Fernando Méndez Cantú el pasado sábado 7 de Diciembre.

Va: “Y se oscureció la zona. Los Dioses en cierto acuerdo decidieron mover el sol para dejar en penumbras la zona baja de la Huasteca, cansados de tanta sangre derramada a causa de la disputa de tierras cercanas a las márgenes de los ríos más caudalosos”.

“Los hombres recurrieron al Dios Tajín quien les ordenó pulir un escudo con oro y piedras preciosas, tan brillante que fuera capaz de reflejar el sol hacia este sitio, mediante un guerrero que al terminar la obra partiría al firmamento; el escudo, colocado de manera estratégica devolvería la luz a la zona afectada”.

“En tanto se elaboraba el escudo, el guerrero elegido contraería nupcias con la más agraciada de las doncellas de todas las etnias y solo tendría vida marital con ella hasta que estuviera terminado el escudo”.

“Las cosas se sucedieron como estaba predicho, pero la mujer, una vez que partió el guerrero se dio cuenta de su embarazo y a sabiendas de que su esposo no regresaría, salió tras él para enterarlo de su concepción, solo que la travesía le resultó imposible y murió en el firmamento dando a luz”.

“Enterados por los Dioses del suceso, se encienden en la tierra miles y miles de antorchas para orientar el regreso del niño perdido”.

Hasta aquí el relato huasteco.

Hoy, en toda la región de las etnias huastecas, cada 7 de Diciembre se encienden velas frente a la casa de sus habitantes, para facilitar que el regreso del niño perdido y el espíritu de su madre fallecida en el firmamento, iluminen a toda la raza humana y la cubran y protejan con su poder divino.

Yo me declaro ferviente guadalupano, pero me encantan este tipo de leyendas impregnadas de un profundo sentido espiritual y las comparto con mis tres lectores con el respeto a la creencia de cada quien.

DON MANUEL, 100 AÑOS Y CONTANDO

Don Manuel Guzmán Vargas es un orgulloso ferrocarrilero que libró grandes luchas por su gremio, al lado de su gran amigo Francisco Juárez (a) El Marabú y el domingo cumplió nada más y nada menos que 100 años de fructífera vida.

Es padre de 11 hijos, todos ellos egresados de diferentes carreras profesionales, gente buena sin vicios, útiles a la sociedad.

Don Manuel fue festejado por su familia y sus amigos, acompañado de la presencia espiritual de su esposa Josefina Medina Silva de Guzmán.

Es Don Manuel hombre de madera buena, fuerte aun como un árbol, satisfecho de haber formado a su familia bajo las altos valores de la moral y del amor a Dios. Felicidades Don Manuel y que cumpla muchos años más.

P.D.- La figura de Dios a cada quien le puede parecer diferente, pero su esencia es única, porque Dios es la vida misma.

e-mail: armando_juarezbecerra@hotmail.com

Encarnada en la figura de Nuestra Señora de Guadalupe engalanada con rosas rojas y estampada en la tilma de un indito llamado Diego.

Hoy a las 12 de la noche le cantarán las tradicionales mañanitas ante su altar en la Basílica de Guadalupe de la Ciudad de México, a donde irán miles y miles de peregrinos a rendirle su devoción y agradecerle los favores recibidos.

Hoy, sin embargo, quiero plasmar en este humilde pergeño una leyenda hermosa, surgida de los relatos rescatados de la cultura huasteca, que el buen amigo Arturo Castillo le hizo llegar a Fernando Méndez Cantú el pasado sábado 7 de Diciembre.

Va: “Y se oscureció la zona. Los Dioses en cierto acuerdo decidieron mover el sol para dejar en penumbras la zona baja de la Huasteca, cansados de tanta sangre derramada a causa de la disputa de tierras cercanas a las márgenes de los ríos más caudalosos”.

“Los hombres recurrieron al Dios Tajín quien les ordenó pulir un escudo con oro y piedras preciosas, tan brillante que fuera capaz de reflejar el sol hacia este sitio, mediante un guerrero que al terminar la obra partiría al firmamento; el escudo, colocado de manera estratégica devolvería la luz a la zona afectada”.

“En tanto se elaboraba el escudo, el guerrero elegido contraería nupcias con la más agraciada de las doncellas de todas las etnias y solo tendría vida marital con ella hasta que estuviera terminado el escudo”.

“Las cosas se sucedieron como estaba predicho, pero la mujer, una vez que partió el guerrero se dio cuenta de su embarazo y a sabiendas de que su esposo no regresaría, salió tras él para enterarlo de su concepción, solo que la travesía le resultó imposible y murió en el firmamento dando a luz”.

“Enterados por los Dioses del suceso, se encienden en la tierra miles y miles de antorchas para orientar el regreso del niño perdido”.

Hasta aquí el relato huasteco.

Hoy, en toda la región de las etnias huastecas, cada 7 de Diciembre se encienden velas frente a la casa de sus habitantes, para facilitar que el regreso del niño perdido y el espíritu de su madre fallecida en el firmamento, iluminen a toda la raza humana y la cubran y protejan con su poder divino.

Yo me declaro ferviente guadalupano, pero me encantan este tipo de leyendas impregnadas de un profundo sentido espiritual y las comparto con mis tres lectores con el respeto a la creencia de cada quien.

DON MANUEL, 100 AÑOS Y CONTANDO

Don Manuel Guzmán Vargas es un orgulloso ferrocarrilero que libró grandes luchas por su gremio, al lado de su gran amigo Francisco Juárez (a) El Marabú y el domingo cumplió nada más y nada menos que 100 años de fructífera vida.

Es padre de 11 hijos, todos ellos egresados de diferentes carreras profesionales, gente buena sin vicios, útiles a la sociedad.

Don Manuel fue festejado por su familia y sus amigos, acompañado de la presencia espiritual de su esposa Josefina Medina Silva de Guzmán.

Es Don Manuel hombre de madera buena, fuerte aun como un árbol, satisfecho de haber formado a su familia bajo las altos valores de la moral y del amor a Dios. Felicidades Don Manuel y que cumpla muchos años más.

P.D.- La figura de Dios a cada quien le puede parecer diferente, pero su esencia es única, porque Dios es la vida misma.

e-mail: armando_juarezbecerra@hotmail.com

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