/ viernes 15 de noviembre de 2019

Empezando el Recuento

No recuerdo un inicio de sexenio tan polarizado. Un México que anidara a una sociedad tan radicalmente dividida en lo político; la división en lo social y lo económico es, tristemente, el “pan nuestro de cada día. Pocas veces, este servidor había percibido tantas invitaciones a la inconformidad pública que rayasen en el odio hacia una sola persona, un solo partido, una sola facción.

El pueblo de México es, culturalmente, una madeja de hilos de pensamiento y corrientes de opinión sumamente difícil de desentrañar. Esa maraña está afianzada por nudos de corrupción, compadrazgo, nombramientos prestados, y amañados y tendenciosos recovecos que terminan, indiscutiblemente, por beneficiar a unos y perjudicar a otros.

Teóricamente, las bases sociales y los fundamentos normativos de la administración de lo público y de la riqueza en bien del pópulo están bien, funcionan con una perspectiva de mejora continua y la misma fiereza arraigada entre los escaparates de la política nacional, han obligado a sus protagonistas a descobijarse unos a otros, cosa que antes no ocurría, dejando entrever el lodazal que impera en muchos de los aspectos que conforman la gestoría de derechos y el ejercicio del gobierno. No obstante, me permito subrayarle lo que mencioné en el inicio del párrafo: “teóricamente”.

En la praxis las cosas han llegado a cambiar radicalmente y, muchas veces, el idealismo termina pisoteado por una realidad impía que, sin miramientos, pone obstáculos para evitar que todos, pueblo y gobierno, alcancen ese estado ideal de prosperidad que, curiosamente, todos deseamos, pero son pocos los que están dispuestos a trabajar, incansable y honrosamente, por conseguirlo sin perjudicar a sus semejantes.

Cuando inició la presente administración, era inevitable estar a la expectativa, ya sea para señalar errores garrafales o exaltar los aciertos de quien se enviste con la banda presidencial del poder ejecutivo de la nación.

Así, muchos vieron con agrado la estrategia contra el “huachicoleo”. Aplaudieron que se les “cerrara la llave” a aquellos que tomaban gasolina de manera ilegal para establecer un negocio propio que le mermaba a la nación cantidades millonarias que bien pudieran ser destinadas para incrementar los programas sociales. Otros condenaron el desabasto y el caos formado, principalmente en los estados del centro del país. Maldijeron el tiempo invertido en las filas y la lentitud con la que se distribuía el combustible.

Después de una dura batalla que parecía ganada por aquellos a los que se les etiquetó de “conservadores”, por fin el gobierno del país logró la cancelación definitiva del nuevo aeropuerto de Texcoco, con dos argumentos que le sirvieron de pilares para fundamentar su postura: La corrupción y la preservación del medio ambiente.

El Presidente López destapó en sus mañaneras una serie de “arreglos” a modo de los que, ciertas y contadas personas se verías beneficiadas y, aunado a ello, declaró que se estaría dañando el ecosistema de un lago encontrado en ese mismo lugar y, mientras sus seguidores aplaudían y vitoreaban la decisión tomada, por otra parte, los de pensamiento opuesto, insistieron en contabilizar “peso por peso” el dinero que tuvo que pagar el gobierno como multa a los inversionistas y empresas que le habían apostado su capital a dicho proyecto, asegurando que ese era el verdadero daño ocasionado al patrimonio económico de la nación. Hasta el momento la cifra final no se ha dado a conocer.

En ese mismo tenor, ciertos sectores de la sociedad, declararon que el gobierno “se amarraba un dedo antes de cortarse la mano”, por decir lo menos, pues mientras que AMLO argumentaba cuidar el medio ambiente, le reprochaban – y lo seguirán haciendo - el destruir la selva del sur del país con el proyecto del llamado “Tren Maya”.

Mientras que, en el inicio del sexenio, se sustentó como solución al problema de la inseguridad, la fuerte autoridad moral del ejecutivo y la generación de la guardia nacional como instrumento civil de salvaguarda de los intereses de la sociedad, por otro lado, los números empezaron a demostrar lo contrario. En este tópico quedan de lado las perspectivas, ópticas y relativismos pues las cifras son frías, contundentes e innegables.

Dos hechos resultaron fundamentales. El primero de ellos, y quedará para la historia, es un operativo fallido, una negociación forzada, una serie de contradicciones entre los representantes del gabinete de seguridad en la conferencia mañanera de AMLO y la entrega final de uno de los hijos de “El Chapo” Guzmán. De inmediato se argumentó que se trataba de evitar una masacre, en contra se dijo que las masacres se evitan siempre que las cosas se hacen bien pensadas. El siguiente fue la ejecución de niños y mujeres de una familia en el norte del país, las posteriores balaceras en Chihuahua y lo ocurrido en rededores de la fiscalía de aquel lugar.

Nuevamente, los sectores inconformes señalaron con “flamígero índice” la situación y demandaron inmediata respuesta por parte del gobierno, no en lo particular, sino en la generalidad que vive la nación al respecto del fenómeno delincuencial.

Al concluir el primer año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quedan muchas cuestiones que pendientes. Aunque la autoridad presume un rumbo cierto en este proyecto de país, los resultados, hasta este momento, no son los prometidos en campaña, en gran parte, por la misma complejidad que ofrece la naturaleza inestable, en muchos sentidos, de nuestra nación.

En los próximos días seremos testigos de resúmenes, tanto en contra como a favor del presidente, no obstante, mucho importa, también, lo que hagamos como sociedad en bien de este México lindo y qué herido.

¡Hasta la próxima!

Escríbame a:

licajimenezmcc@hotmail.com

Y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!

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Escríbame a:

licajimenezmcc@hotmail.com

Y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!

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Con Café y a Media Luz

Agustín JIMENEZ CERVANTES

“Empezando el Recuento”

No recuerdo un inicio de sexenio tan polarizado. Un México que anidara a una sociedad tan radicalmente dividida en lo político; la división en lo social y lo económico es, tristemente, el “pan nuestro de cada día. Pocas veces, este servidor había percibido tantas invitaciones a la inconformidad pública que rayasen en el odio hacia una sola persona, un solo partido, una sola facción.

El pueblo de México es, culturalmente, una madeja de hilos de pensamiento y corrientes de opinión sumamente difícil de desentrañar. Esa maraña está afianzada por nudos de corrupción, compadrazgo, nombramientos prestados, y amañados y tendenciosos recovecos que terminan, indiscutiblemente, por beneficiar a unos y perjudicar a otros.

Teóricamente, las bases sociales y los fundamentos normativos de la administración de lo público y de la riqueza en bien del pópulo están bien, funcionan con una perspectiva de mejora continua y la misma fiereza arraigada entre los escaparates de la política nacional, han obligado a sus protagonistas a descobijarse unos a otros, cosa que antes no ocurría, dejando entrever el lodazal que impera en muchos de los aspectos que conforman la gestoría de derechos y el ejercicio del gobierno. No obstante, me permito subrayarle lo que mencioné en el inicio del párrafo: “teóricamente”.

En la praxis las cosas han llegado a cambiar radicalmente y, muchas veces, el idealismo termina pisoteado por una realidad impía que, sin miramientos, pone obstáculos para evitar que todos, pueblo y gobierno, alcancen ese estado ideal de prosperidad que, curiosamente, todos deseamos, pero son pocos los que están dispuestos a trabajar, incansable y honrosamente, por conseguirlo sin perjudicar a sus semejantes.

Cuando inició la presente administración, era inevitable estar a la expectativa, ya sea para señalar errores garrafales o exaltar los aciertos de quien se enviste con la banda presidencial del poder ejecutivo de la nación.

Así, muchos vieron con agrado la estrategia contra el “huachicoleo”. Aplaudieron que se les “cerrara la llave” a aquellos que tomaban gasolina de manera ilegal para establecer un negocio propio que le mermaba a la nación cantidades millonarias que bien pudieran ser destinadas para incrementar los programas sociales. Otros condenaron el desabasto y el caos formado, principalmente en los estados del centro del país. Maldijeron el tiempo invertido en las filas y la lentitud con la que se distribuía el combustible.

Después de una dura batalla que parecía ganada por aquellos a los que se les etiquetó de “conservadores”, por fin el gobierno del país logró la cancelación definitiva del nuevo aeropuerto de Texcoco, con dos argumentos que le sirvieron de pilares para fundamentar su postura: La corrupción y la preservación del medio ambiente.

El Presidente López destapó en sus mañaneras una serie de “arreglos” a modo de los que, ciertas y contadas personas se verías beneficiadas y, aunado a ello, declaró que se estaría dañando el ecosistema de un lago encontrado en ese mismo lugar y, mientras sus seguidores aplaudían y vitoreaban la decisión tomada, por otra parte, los de pensamiento opuesto, insistieron en contabilizar “peso por peso” el dinero que tuvo que pagar el gobierno como multa a los inversionistas y empresas que le habían apostado su capital a dicho proyecto, asegurando que ese era el verdadero daño ocasionado al patrimonio económico de la nación. Hasta el momento la cifra final no se ha dado a conocer.

En ese mismo tenor, ciertos sectores de la sociedad, declararon que el gobierno “se amarraba un dedo antes de cortarse la mano”, por decir lo menos, pues mientras que AMLO argumentaba cuidar el medio ambiente, le reprochaban – y lo seguirán haciendo - el destruir la selva del sur del país con el proyecto del llamado “Tren Maya”.

Mientras que, en el inicio del sexenio, se sustentó como solución al problema de la inseguridad, la fuerte autoridad moral del ejecutivo y la generación de la guardia nacional como instrumento civil de salvaguarda de los intereses de la sociedad, por otro lado, los números empezaron a demostrar lo contrario. En este tópico quedan de lado las perspectivas, ópticas y relativismos pues las cifras son frías, contundentes e innegables.

Dos hechos resultaron fundamentales. El primero de ellos, y quedará para la historia, es un operativo fallido, una negociación forzada, una serie de contradicciones entre los representantes del gabinete de seguridad en la conferencia mañanera de AMLO y la entrega final de uno de los hijos de “El Chapo” Guzmán. De inmediato se argumentó que se trataba de evitar una masacre, en contra se dijo que las masacres se evitan siempre que las cosas se hacen bien pensadas. El siguiente fue la ejecución de niños y mujeres de una familia en el norte del país, las posteriores balaceras en Chihuahua y lo ocurrido en rededores de la fiscalía de aquel lugar.

Nuevamente, los sectores inconformes señalaron con “flamígero índice” la situación y demandaron inmediata respuesta por parte del gobierno, no en lo particular, sino en la generalidad que vive la nación al respecto del fenómeno delincuencial.

Al concluir el primer año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quedan muchas cuestiones que pendientes. Aunque la autoridad presume un rumbo cierto en este proyecto de país, los resultados, hasta este momento, no son los prometidos en campaña, en gran parte, por la misma complejidad que ofrece la naturaleza inestable, en muchos sentidos, de nuestra nación.

En los próximos días seremos testigos de resúmenes, tanto en contra como a favor del presidente, no obstante, mucho importa, también, lo que hagamos como sociedad en bien de este México lindo y qué herido.

¡Hasta la próxima!

Escríbame a:

licajimenezmcc@hotmail.com

Y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!

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Y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!

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Con Café y a Media Luz

Agustín JIMENEZ CERVANTES

“Empezando el Recuento”

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