/ domingo 15 de marzo de 2020

Éramos muchos, ¡y parió la abuela!

Según el refranero la expresión Éramos muchos, ¡y parió la abuela!, se emplea cuando hay exceso de algo malo y todavía aumenta por la razón menos esperada. Viniendo el aforismo como anillo al dedo para reflejar la actual situación de nuestro país.

A los recientes problemas derivados del crecimiento negativo de la economía, la caída del precio del barril de petróleo, las protestas de los colectivos feministas y los brotes de violencia general, se sumó de forma inesperada una nueva preocupación: El coronavirus.

Si bien antes de que se detectara el primer caso de infección de este virus en nuestro país, el gobierno de la 4T, ya sudaba por las proyecciones repetidas de un crecimiento negativo, ante el nuevo escenario inaugurado con la declaración de la OMS, al elevar a la categoría de pandemia mundial el brote de coronavirus, la pregunta ya no es cuánto podemos crecer, sino como evitar profundizar la caída.

Lamentablemente los responsables de la conducción económica de la 4T, parecen no querer salir de la zona de confort que les brinda el guión neoliberal y han anunciado (antes de la declaración de pandemia del coronavirus, aunque nada indica de momento, que haya un cambio de parecer) a contracorriente de las medidas anti-cíclicas que acostumbran adoptar en momentos de crisis en los EEUU, Inglaterra o Alemania, el posible recorte en el gasto público para abril del año en curso, en caso de que haya caída en los ingresos fiscales, según declaró el subsecretario de Hacienda, Gabriel Yorio.

A diferencia de esta declaración suicida para nuestra economía, la Reserva Federal de los Estados Unidos anunció la inyección de 1.5 trillones de dólares (Un billón de dólares para nosotros), con el propósito “de evitar condiciones comerciales nefastas que generen una contracción económica más aguda”. WSJ By Nick Timiraos and Julia-Ambra Verlaine, March 12, 2020.

Por su parte, el gobierno de Alemania en voz de su ministro de finanzas anunció “un programa de créditos para empresas "sin límites" para evitar problemas de liquidez en su tejido empresarial debido a los efectos derivados de la pandemia del nuevo coronavirus…El "mensaje esencial" del día de este viernes para afianzar la "confianza" entre las empresas y la población es que "no hay un límite superior a los créditos" que puede conceder el banco público KFW a través de la banca comercial. "Vamos a poner desde el principio todas las armas sobre la mesa", afirmó el ministro de Finanzas alemán al presentar el plan de choque contra las consecuencias económicas del COVID-19 junto a su colega, el ministro de Economía, Peter Altmaier”. Deutsche Welle.

En contrapartida, el gobierno de la 4T no ha formulado plan alguno para revertir las tendencias recesivas que la pandemia acarreará a la economía, a lo sumo buscará darle cobertura a la caída de los precios del petróleo y a la construcción de los proyectos del aeropuerto de Santa Lucía y la Refinería de Dos Bocas, pero nada que estimule de forma decisiva a la economía, en tales circunstancias, es imperativo que el gobierno federal reconsidere a la brevedad, antes de que pierda mayor margen de maniobra las políticas neoliberales de superávit primario, austeridad, subejercicios y recortes al gasto, sino quiere superar la desastrosa gestión de la economía en tiempos de Felipe Calderón en ocasión de la epidemia de la influenza. Los responsables de la política económica de la 4T, deben mudar de los criterios de gestión obsesionados con las finanzas sanas a costa de la contracción del país, a otro donde las finanzas sean funcionales para el desarrollo y el crecimiento.

De nada sirve el fetiche de los equilibrios fiscales, sino se mejoran las condiciones materiales de las personas a corto y largo plazo, el criterio neoliberal que privilegia este enfoque de la economía, pierde de vista el hecho que las vidas humanas en torno a las que se organiza la economía, no son un mero dato o apéndice de aquella, sino su fin último.

Empecinarse en el mantenimiento de la actual ruta económica, solo acarreará mayor sufrimiento en aquellos sectores más vulnerables de la sociedad y justo son los mismos por los cuales el Presidente ha manifestado ser su mayor preocupación, de aquí que resulten desconcertantes las recientes declaraciones del propio Presidente, más dignas de un émulo de Friedrich Von Hayek, que de un mandatario de izquierda, en el sentido de que el “Mercado se regula por el Mercado” y “la banca se regula con la banca”, cuando en los hechos él sabe bien, que la ausencia de regulación por parte del Estado ha sido la causa de cada crisis del sistema financiero incluido el FOBAPROA y la crisis de los créditos subprime en 2008 y que dejar al país a la suerte del Mercado significa arrojar entre los dientes de su engranaje a la población.

Por tanto es necesaria una mayor intervención del Estado para afrontar las condiciones adversas surgidas de una muy probable caída de la demanda internacional de los productos nacionales, para que pueda ser compensada por un mayor dinamismo del mercado interno.

Como medida anti-cíclica el gobierno de la 4T, no debe recortar el gasto, sino aumentarlo, acorde a la Teoría Monetaria Moderna, un gobierno como el de México, que controla su soberanía monetaria a través de Peso, puede trabajar con gasto deficitario a favor de todo aquello que se produce en su moneda, para impulsar el desarrollo tecnológico y productivo, sin necesidad de emitir deuda, ni establecer impuestos, sin comprometerse a la convertibilidad de la misma a un tipo de cambio nominal fijo.

El gasto así gestionado, traerá como consecuencia el impulso de la dinámica económica, incrementando el ingreso de empresas e individuos, y el gobierno de la 4T verá aumentada la recaudación tributaria, lo que le permitirá cerrar el déficit fiscal impulsor del crecimiento económico y mantener a raya los efectos inflacionarios.

Ante los sentimientos apocalípticos que surgen por el temor de un mal mortal, alimentado por tantas películas de ficción, debemos tener presente que, definitivamente el mundo habrá de acabar, pero no será en este 2020, el coronavirus habrá de pasar y lo que subsistirá para la posteridad, no serán los efectos de este ajuste de la naturaleza, sino las consecuencias de los aciertos y errores de las decisiones políticas por más efímeras que nos parezcan.

Según el refranero la expresión Éramos muchos, ¡y parió la abuela!, se emplea cuando hay exceso de algo malo y todavía aumenta por la razón menos esperada. Viniendo el aforismo como anillo al dedo para reflejar la actual situación de nuestro país.

A los recientes problemas derivados del crecimiento negativo de la economía, la caída del precio del barril de petróleo, las protestas de los colectivos feministas y los brotes de violencia general, se sumó de forma inesperada una nueva preocupación: El coronavirus.

Si bien antes de que se detectara el primer caso de infección de este virus en nuestro país, el gobierno de la 4T, ya sudaba por las proyecciones repetidas de un crecimiento negativo, ante el nuevo escenario inaugurado con la declaración de la OMS, al elevar a la categoría de pandemia mundial el brote de coronavirus, la pregunta ya no es cuánto podemos crecer, sino como evitar profundizar la caída.

Lamentablemente los responsables de la conducción económica de la 4T, parecen no querer salir de la zona de confort que les brinda el guión neoliberal y han anunciado (antes de la declaración de pandemia del coronavirus, aunque nada indica de momento, que haya un cambio de parecer) a contracorriente de las medidas anti-cíclicas que acostumbran adoptar en momentos de crisis en los EEUU, Inglaterra o Alemania, el posible recorte en el gasto público para abril del año en curso, en caso de que haya caída en los ingresos fiscales, según declaró el subsecretario de Hacienda, Gabriel Yorio.

A diferencia de esta declaración suicida para nuestra economía, la Reserva Federal de los Estados Unidos anunció la inyección de 1.5 trillones de dólares (Un billón de dólares para nosotros), con el propósito “de evitar condiciones comerciales nefastas que generen una contracción económica más aguda”. WSJ By Nick Timiraos and Julia-Ambra Verlaine, March 12, 2020.

Por su parte, el gobierno de Alemania en voz de su ministro de finanzas anunció “un programa de créditos para empresas "sin límites" para evitar problemas de liquidez en su tejido empresarial debido a los efectos derivados de la pandemia del nuevo coronavirus…El "mensaje esencial" del día de este viernes para afianzar la "confianza" entre las empresas y la población es que "no hay un límite superior a los créditos" que puede conceder el banco público KFW a través de la banca comercial. "Vamos a poner desde el principio todas las armas sobre la mesa", afirmó el ministro de Finanzas alemán al presentar el plan de choque contra las consecuencias económicas del COVID-19 junto a su colega, el ministro de Economía, Peter Altmaier”. Deutsche Welle.

En contrapartida, el gobierno de la 4T no ha formulado plan alguno para revertir las tendencias recesivas que la pandemia acarreará a la economía, a lo sumo buscará darle cobertura a la caída de los precios del petróleo y a la construcción de los proyectos del aeropuerto de Santa Lucía y la Refinería de Dos Bocas, pero nada que estimule de forma decisiva a la economía, en tales circunstancias, es imperativo que el gobierno federal reconsidere a la brevedad, antes de que pierda mayor margen de maniobra las políticas neoliberales de superávit primario, austeridad, subejercicios y recortes al gasto, sino quiere superar la desastrosa gestión de la economía en tiempos de Felipe Calderón en ocasión de la epidemia de la influenza. Los responsables de la política económica de la 4T, deben mudar de los criterios de gestión obsesionados con las finanzas sanas a costa de la contracción del país, a otro donde las finanzas sean funcionales para el desarrollo y el crecimiento.

De nada sirve el fetiche de los equilibrios fiscales, sino se mejoran las condiciones materiales de las personas a corto y largo plazo, el criterio neoliberal que privilegia este enfoque de la economía, pierde de vista el hecho que las vidas humanas en torno a las que se organiza la economía, no son un mero dato o apéndice de aquella, sino su fin último.

Empecinarse en el mantenimiento de la actual ruta económica, solo acarreará mayor sufrimiento en aquellos sectores más vulnerables de la sociedad y justo son los mismos por los cuales el Presidente ha manifestado ser su mayor preocupación, de aquí que resulten desconcertantes las recientes declaraciones del propio Presidente, más dignas de un émulo de Friedrich Von Hayek, que de un mandatario de izquierda, en el sentido de que el “Mercado se regula por el Mercado” y “la banca se regula con la banca”, cuando en los hechos él sabe bien, que la ausencia de regulación por parte del Estado ha sido la causa de cada crisis del sistema financiero incluido el FOBAPROA y la crisis de los créditos subprime en 2008 y que dejar al país a la suerte del Mercado significa arrojar entre los dientes de su engranaje a la población.

Por tanto es necesaria una mayor intervención del Estado para afrontar las condiciones adversas surgidas de una muy probable caída de la demanda internacional de los productos nacionales, para que pueda ser compensada por un mayor dinamismo del mercado interno.

Como medida anti-cíclica el gobierno de la 4T, no debe recortar el gasto, sino aumentarlo, acorde a la Teoría Monetaria Moderna, un gobierno como el de México, que controla su soberanía monetaria a través de Peso, puede trabajar con gasto deficitario a favor de todo aquello que se produce en su moneda, para impulsar el desarrollo tecnológico y productivo, sin necesidad de emitir deuda, ni establecer impuestos, sin comprometerse a la convertibilidad de la misma a un tipo de cambio nominal fijo.

El gasto así gestionado, traerá como consecuencia el impulso de la dinámica económica, incrementando el ingreso de empresas e individuos, y el gobierno de la 4T verá aumentada la recaudación tributaria, lo que le permitirá cerrar el déficit fiscal impulsor del crecimiento económico y mantener a raya los efectos inflacionarios.

Ante los sentimientos apocalípticos que surgen por el temor de un mal mortal, alimentado por tantas películas de ficción, debemos tener presente que, definitivamente el mundo habrá de acabar, pero no será en este 2020, el coronavirus habrá de pasar y lo que subsistirá para la posteridad, no serán los efectos de este ajuste de la naturaleza, sino las consecuencias de los aciertos y errores de las decisiones políticas por más efímeras que nos parezcan.

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