/ miércoles 28 de agosto de 2019

Fuego en el mar

Fuego en el mar (Fuocoammare)/ Italia- Francia-2016, de Gianfranco Rosi, es un poderoso e inquietante documental sobre la inmigración desde las costas africanas hacia Europa vía la isla italiana de Lampedusa.

Situada al sur del país de la bota, Lampedusa, con apenas 20 kilómetros cuadrados de territorio, es –de facto – la tabla de salvación de miles de africanos que huyen de sus países por el flagelo del hambre y las guerras internas. De este modo, el éxodo de seres humanos hacia la utopía europea ha venido convirtiéndose en una auténtica tragedia de inmensas proporciones. Rosi narra su filme en dos tiempos que son, a la vez, complementos necesarios para intentar entender el problema humanitario de los refugiados inmigrantes en dicha isla. Por un lado, a través de la historia del niño Samuel /Samuelle Pucillo (excelente, lúdico) quien desarrolla una rutina soporífera en la isla: cazar con su resortera, subirse al barco de su padre, visitar al médico más por aspectos hipocondríacos que por enfermedad real.

Por otro lado, el verismo a plena luz: la llegada de barcos atestados con personas, las cuales son rescatadas en alta mar por patrullas. Y es aquí cuando el filme adquiere un tono despiadado: mostrar –en imágenes verdaderas– los cuerpos sangrantes, deshidratados de los inmigrantes. La lente de Rosi cumple, así, una virtuosa y precisa doble misión: ilustrar la simpleza de la vida en el lugar donde ocurre uno de los mayores desastres humanitarios del siglo que corre y colocarnos frente a un drama que, al parecer, a las potencias no les interesa resolver.

Sin solipsismos o retruécanos en el tratamiento de las situaciones y de los personajes, Fuego en el mar es un dardo en el centro de la indiferencia mundial ante el fenómeno delas inmigraciones hacia Europa. No hay comentarios políticos ni peroratas morales por parte de Gianfranco Rosi. Las imágenes allí están, crudas, sencillas (en el caso de la familia de Samuel: su abuela que hace de comer, tiende la cama, escucha la radio, y del locutor de la estación local) y no admiten urdimbres en el guion que conviertan al filme en un panfleto.

La vida simple de Samuel (su vida al doctor es deliciosamente grácil) es la otra cara del drama a unos metros en las costas de la isla. Es como si el director quisiera decirnos quela tragedia puede estar cercana a nosotros y la vida igualmente continúa (de allí el final hermenéutico).

Fuego en el mar obtuvo el Oso de Oro en el Festival de Berlín en 2016…

Fuego en el mar (Fuocoammare)/ Italia- Francia-2016, de Gianfranco Rosi, es un poderoso e inquietante documental sobre la inmigración desde las costas africanas hacia Europa vía la isla italiana de Lampedusa.

Situada al sur del país de la bota, Lampedusa, con apenas 20 kilómetros cuadrados de territorio, es –de facto – la tabla de salvación de miles de africanos que huyen de sus países por el flagelo del hambre y las guerras internas. De este modo, el éxodo de seres humanos hacia la utopía europea ha venido convirtiéndose en una auténtica tragedia de inmensas proporciones. Rosi narra su filme en dos tiempos que son, a la vez, complementos necesarios para intentar entender el problema humanitario de los refugiados inmigrantes en dicha isla. Por un lado, a través de la historia del niño Samuel /Samuelle Pucillo (excelente, lúdico) quien desarrolla una rutina soporífera en la isla: cazar con su resortera, subirse al barco de su padre, visitar al médico más por aspectos hipocondríacos que por enfermedad real.

Por otro lado, el verismo a plena luz: la llegada de barcos atestados con personas, las cuales son rescatadas en alta mar por patrullas. Y es aquí cuando el filme adquiere un tono despiadado: mostrar –en imágenes verdaderas– los cuerpos sangrantes, deshidratados de los inmigrantes. La lente de Rosi cumple, así, una virtuosa y precisa doble misión: ilustrar la simpleza de la vida en el lugar donde ocurre uno de los mayores desastres humanitarios del siglo que corre y colocarnos frente a un drama que, al parecer, a las potencias no les interesa resolver.

Sin solipsismos o retruécanos en el tratamiento de las situaciones y de los personajes, Fuego en el mar es un dardo en el centro de la indiferencia mundial ante el fenómeno delas inmigraciones hacia Europa. No hay comentarios políticos ni peroratas morales por parte de Gianfranco Rosi. Las imágenes allí están, crudas, sencillas (en el caso de la familia de Samuel: su abuela que hace de comer, tiende la cama, escucha la radio, y del locutor de la estación local) y no admiten urdimbres en el guion que conviertan al filme en un panfleto.

La vida simple de Samuel (su vida al doctor es deliciosamente grácil) es la otra cara del drama a unos metros en las costas de la isla. Es como si el director quisiera decirnos quela tragedia puede estar cercana a nosotros y la vida igualmente continúa (de allí el final hermenéutico).

Fuego en el mar obtuvo el Oso de Oro en el Festival de Berlín en 2016…

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