/ sábado 8 de agosto de 2020

Fyilosofía En Expresión | Polarización mortal

La discusión parece interminable. Las redes estallan a causa de los variados temas que aquejan a la humanidad, desde los generales del orden mundial, hasta los más particulares sobre nuestras ciudades y colonias.

Pero no solo las redes, discusiones al interior de las familias, los medios de comunicación y las pequeñas temerosas conversaciones que en breves espacios se pueden tener a nivel personal nos habla de una realidad importante.

El virus es el tema más relevante, pero va salpicado por la información que los actores de una gran pugna no sólo protagonizan, sino que además a través de diferentes mecanismos con una clara idea de manipulación se encargan de difundir.

Parece ser que en cierto sector de la población estamos divididos en tres grupos, los que están a favor de las acciones del gobierno federal, los que están en contra y el de los que ante la duda prefieren mantenerse expectantes a los sucesos.

Desgraciadamente existe un gran grupo que no participa, que se ha quedado sin voz tal vez por lo cruento de la batalla y ante lo difícil que les resulta el manejo del debate prefieren retirarse para aparentemente consentir pero más bien guardan sus ideas y sentimientos en un caldero que cocina a fuego lento su frustración o tal vez simplemente acostumbrado al silencio de la opresión camina callado siguiendo a la manada.

Ahora, en el grupo de los que sí participan existe un fenómeno, una pequeña parte tiene verdaderos motivos al favorecer con hechos y opiniones al grupo de su preferencia, intereses creados, historias de beneficios incluso generacionales a causa de negocios en o con grupos gubernamentales, compromisos generados a causa de favores recibidos en diferentes periodos o incluso la costumbre de vivir favorecidos.

Pero queda otra parte que es mucho mayor, el grupo mixto formado por personas de ideas contrarias quienes no han recibido jamás, ni recibirán probablemente por cierto, ningún beneficio gane o pierda la contienda ideológica el grupo de su preferencia, esos son los que protagonizan una reyerta encarnizada por el territorio de las ideas.

Gladiadores que sin oficio ni beneficio armados sólo con un nuevo trabajo de defensores de verdades ajenas atacan, defienden, agreden, ofenden y son ofendidos a causa de buscar un objetivo que cada vez parece ser más indefinido y aforme.

¿Qué se busca obtener en esta batalla?

Convencer a los demás de lo que cada quien piensa y cree, orillar al contendiente a cambiar de opinión, que ofrezca disculpas y hacerlo jurar que en la siguiente oportunidad votará por el grupo contrario a sus ideas primarias o simplemente tener el placer de ganar una discusión.

Ahora, ¿por qué pelear en esta guerra?

Por amor a la patria, por convicción, porque cívicamente consideramos necesario defender nuestra ideología por sobre todas las cosas o solamente por la necesidad de sentir que estamos siendo parte de la historia política de nuestro México querido.

Cualquiera de estas razones pudiera resultar válida y en caso extremo justificar el distanciamiento de amistades, familias y desconocidos a causa de las ofensas generadas por la pasión del debate.

¿Pero qué pasa con todos aquellos que únicamente se han sumado a causa de buscar conservar la pertenencia a su grupo humano?

Aquellos que únicamente siguen la influencia del vigor de la formación y que con poca o casi nula información toman su lugar en el frente de batalla y avanzan con paso decidido hacia la nada, los informados del sistema de desinformación, que apuntalados en el dicho de los grandes fenómenos de la comunicación de hoy día promueven el odio y el descrédito de bando y bando, comediantes poco graciosos que auspiciados en sus personajes se toman la autorización para desinformar al público amparados por supuesto en la forma respetuosa en que la comedia debe ser tomada, pero que sin medir efectos generan movimientos en la opinión del respetable.

Movimientos que se tornan peligrosos.

La pelea brutal que se vive hoy en la cúpula del gobierno permea a los Estados y de ahí a los municipios, el mensaje de la forma en que se ha decidido atender el tema de salud viaja desvirtuado mientras pasa por las diferentes estaciones, los más leídos, los más preparados, son los que están cuidando celosamente sus integridades y las de sus familias, obsérvelos no me crea a mí y cheque quienes son los que usan cubrebocas, lentes, mascarillas y guantes, quienes desinfectan sus autos, sus compras del súper y todo aquello que tocan.

Los menos informados han perdido la dimensión del fenómeno acompañados por aquellos para quienes sus creencias son más potentes que cualquier estadística, dato, prueba científica y que nada absolutamente nada, ninguna razón ni conocimiento les hará cambiar de opinión.

El punto es, ¿hasta cuándo seguiremos todos participando de este diálogo enfermizo?

¿Por qué no parar para hacer lo posible y unificar criterios en favor de la vida?

¿Por qué no hacer una tregua únicamente para buscar salvar a esa parte de nuestra población que finalmente puede terminar contagiando a todos si no se le contiene pronto?

Yo no sé usted en qué grupo se encuentre, pero creo que es crucial en este tiempo formar un solo equipo contra el virus a favor únicamente de la vida.

Tamaulipas suma hoy 7 de Agosto de 2020 mientras escribo esta Columna 1140 defunciones.

  • hey@gryita.com
  • Fb: Gryita.com

REGENERACIÓN 19

La discusión parece interminable. Las redes estallan a causa de los variados temas que aquejan a la humanidad, desde los generales del orden mundial, hasta los más particulares sobre nuestras ciudades y colonias.

Pero no solo las redes, discusiones al interior de las familias, los medios de comunicación y las pequeñas temerosas conversaciones que en breves espacios se pueden tener a nivel personal nos habla de una realidad importante.

El virus es el tema más relevante, pero va salpicado por la información que los actores de una gran pugna no sólo protagonizan, sino que además a través de diferentes mecanismos con una clara idea de manipulación se encargan de difundir.

Parece ser que en cierto sector de la población estamos divididos en tres grupos, los que están a favor de las acciones del gobierno federal, los que están en contra y el de los que ante la duda prefieren mantenerse expectantes a los sucesos.

Desgraciadamente existe un gran grupo que no participa, que se ha quedado sin voz tal vez por lo cruento de la batalla y ante lo difícil que les resulta el manejo del debate prefieren retirarse para aparentemente consentir pero más bien guardan sus ideas y sentimientos en un caldero que cocina a fuego lento su frustración o tal vez simplemente acostumbrado al silencio de la opresión camina callado siguiendo a la manada.

Ahora, en el grupo de los que sí participan existe un fenómeno, una pequeña parte tiene verdaderos motivos al favorecer con hechos y opiniones al grupo de su preferencia, intereses creados, historias de beneficios incluso generacionales a causa de negocios en o con grupos gubernamentales, compromisos generados a causa de favores recibidos en diferentes periodos o incluso la costumbre de vivir favorecidos.

Pero queda otra parte que es mucho mayor, el grupo mixto formado por personas de ideas contrarias quienes no han recibido jamás, ni recibirán probablemente por cierto, ningún beneficio gane o pierda la contienda ideológica el grupo de su preferencia, esos son los que protagonizan una reyerta encarnizada por el territorio de las ideas.

Gladiadores que sin oficio ni beneficio armados sólo con un nuevo trabajo de defensores de verdades ajenas atacan, defienden, agreden, ofenden y son ofendidos a causa de buscar un objetivo que cada vez parece ser más indefinido y aforme.

¿Qué se busca obtener en esta batalla?

Convencer a los demás de lo que cada quien piensa y cree, orillar al contendiente a cambiar de opinión, que ofrezca disculpas y hacerlo jurar que en la siguiente oportunidad votará por el grupo contrario a sus ideas primarias o simplemente tener el placer de ganar una discusión.

Ahora, ¿por qué pelear en esta guerra?

Por amor a la patria, por convicción, porque cívicamente consideramos necesario defender nuestra ideología por sobre todas las cosas o solamente por la necesidad de sentir que estamos siendo parte de la historia política de nuestro México querido.

Cualquiera de estas razones pudiera resultar válida y en caso extremo justificar el distanciamiento de amistades, familias y desconocidos a causa de las ofensas generadas por la pasión del debate.

¿Pero qué pasa con todos aquellos que únicamente se han sumado a causa de buscar conservar la pertenencia a su grupo humano?

Aquellos que únicamente siguen la influencia del vigor de la formación y que con poca o casi nula información toman su lugar en el frente de batalla y avanzan con paso decidido hacia la nada, los informados del sistema de desinformación, que apuntalados en el dicho de los grandes fenómenos de la comunicación de hoy día promueven el odio y el descrédito de bando y bando, comediantes poco graciosos que auspiciados en sus personajes se toman la autorización para desinformar al público amparados por supuesto en la forma respetuosa en que la comedia debe ser tomada, pero que sin medir efectos generan movimientos en la opinión del respetable.

Movimientos que se tornan peligrosos.

La pelea brutal que se vive hoy en la cúpula del gobierno permea a los Estados y de ahí a los municipios, el mensaje de la forma en que se ha decidido atender el tema de salud viaja desvirtuado mientras pasa por las diferentes estaciones, los más leídos, los más preparados, son los que están cuidando celosamente sus integridades y las de sus familias, obsérvelos no me crea a mí y cheque quienes son los que usan cubrebocas, lentes, mascarillas y guantes, quienes desinfectan sus autos, sus compras del súper y todo aquello que tocan.

Los menos informados han perdido la dimensión del fenómeno acompañados por aquellos para quienes sus creencias son más potentes que cualquier estadística, dato, prueba científica y que nada absolutamente nada, ninguna razón ni conocimiento les hará cambiar de opinión.

El punto es, ¿hasta cuándo seguiremos todos participando de este diálogo enfermizo?

¿Por qué no parar para hacer lo posible y unificar criterios en favor de la vida?

¿Por qué no hacer una tregua únicamente para buscar salvar a esa parte de nuestra población que finalmente puede terminar contagiando a todos si no se le contiene pronto?

Yo no sé usted en qué grupo se encuentre, pero creo que es crucial en este tiempo formar un solo equipo contra el virus a favor únicamente de la vida.

Tamaulipas suma hoy 7 de Agosto de 2020 mientras escribo esta Columna 1140 defunciones.

  • hey@gryita.com
  • Fb: Gryita.com

REGENERACIÓN 19