/ miércoles 28 de julio de 2021

Gobernanza y sostenibilidad | Hay que ponerle fin a la pobreza

Las estadísticas acerca de la pobreza son representaciones numéricas de una dolorosa realidad. Tras los indicadores hay millones de historias, rostros y el profundo dolor de extensos sectores poblacionales.

De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas, más de 780 millones de personas que viven con menos de dos dólares diarios. Por cada 100 hombres de entre 25 y 34 años de edad, hay 122 mujeres que viven en pobreza extrema.

En Asia meridional y África subsahariana se da la mayor concentración de personas en condiciones de pobreza y principalmente en países vulnerables, pequeños y en conflicto.

Uno de cada cuatro niños menores de cinco años en el mundo tiene una estatura inadecuada a causa de vivir en un contexto de pobreza.

De acuerdo al informe Panorama Social en América Latina de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la pobreza extrema alcanzó niveles que no se habían observado desde hace dos décadas.

De acuerdo al informe, el total de personas en situaciones de pobreza ascendió a 209 millones a finales de 2020, es decir 22 millones de personas más que el año anterior.

Los países de América Latina donde más incrementó la pobreza son México, Honduras y Ecuador.

En 2020, la pobreza extrema en México pasó del 10.6% al 18.3% según CEPAL.

Los datos son devastadores, en especial si le ponemos rostro a cada cifra. Ante esta tragedia, las sociedades no pueden permanecer estáticas.

En todo el mundo hay experiencias de gobiernos instituciones y grupos sociales que han atenuado la dinámica de este doloroso fenómeno.

La Agenda 2030 plantea como primer objetivo el Fin de la Pobreza y en torno a este, hay múltiples esfuerzos que se han aletargado por la pandemia.

Las causas del fenómeno de la pobreza son complejas y están asociadas a la exclusión, el desempleo, la falta de oportunidades, la falta de educación, corrupción, entre otras, por lo que la participación de todos los sectores sociales es imprescindible.

Sin la colaboración de todos los actores de la sociedad el sueño de terminar con la pobreza es infactible.

Si bien la activación económica es indispensable, se requiere una ruta que promueva el desarrollo, lo que implica superar el debate entre asistencialismo y gestión del potencial.

Se requiere la participación de expertos desde lo local que en conjunto con actores económicos generen políticas públicas idóneas. Se requiere un mayor número de liderazgos que impulsen proyectos sociales.

Las estadísticas exponen el panorama mundial, pero la pobreza es un fenómeno que lastima a todas las sociedades. Tenemos que comenzar desde el ámbito local y apostar por los proyectos y las fundaciones que tienen años de experiencia.

Es hora de que afrontemos como sociedad desde la acción desideologizada el fenómeno de la pobreza no como slogan, sino como un acto necesario de la humanidad.

“Vivimos tiempos extraordinarios que requieren esfuerzos extraordinarios para luchar contra la pobreza. La pandemia exige medidas colectivas enérgicas. Los gobiernos deben acelerar la transformación económica invirtiendo en una recuperación ecológica y sostenible”, Antonio Guterres, secretario general de la ONU.

Las estadísticas acerca de la pobreza son representaciones numéricas de una dolorosa realidad. Tras los indicadores hay millones de historias, rostros y el profundo dolor de extensos sectores poblacionales.

De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas, más de 780 millones de personas que viven con menos de dos dólares diarios. Por cada 100 hombres de entre 25 y 34 años de edad, hay 122 mujeres que viven en pobreza extrema.

En Asia meridional y África subsahariana se da la mayor concentración de personas en condiciones de pobreza y principalmente en países vulnerables, pequeños y en conflicto.

Uno de cada cuatro niños menores de cinco años en el mundo tiene una estatura inadecuada a causa de vivir en un contexto de pobreza.

De acuerdo al informe Panorama Social en América Latina de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la pobreza extrema alcanzó niveles que no se habían observado desde hace dos décadas.

De acuerdo al informe, el total de personas en situaciones de pobreza ascendió a 209 millones a finales de 2020, es decir 22 millones de personas más que el año anterior.

Los países de América Latina donde más incrementó la pobreza son México, Honduras y Ecuador.

En 2020, la pobreza extrema en México pasó del 10.6% al 18.3% según CEPAL.

Los datos son devastadores, en especial si le ponemos rostro a cada cifra. Ante esta tragedia, las sociedades no pueden permanecer estáticas.

En todo el mundo hay experiencias de gobiernos instituciones y grupos sociales que han atenuado la dinámica de este doloroso fenómeno.

La Agenda 2030 plantea como primer objetivo el Fin de la Pobreza y en torno a este, hay múltiples esfuerzos que se han aletargado por la pandemia.

Las causas del fenómeno de la pobreza son complejas y están asociadas a la exclusión, el desempleo, la falta de oportunidades, la falta de educación, corrupción, entre otras, por lo que la participación de todos los sectores sociales es imprescindible.

Sin la colaboración de todos los actores de la sociedad el sueño de terminar con la pobreza es infactible.

Si bien la activación económica es indispensable, se requiere una ruta que promueva el desarrollo, lo que implica superar el debate entre asistencialismo y gestión del potencial.

Se requiere la participación de expertos desde lo local que en conjunto con actores económicos generen políticas públicas idóneas. Se requiere un mayor número de liderazgos que impulsen proyectos sociales.

Las estadísticas exponen el panorama mundial, pero la pobreza es un fenómeno que lastima a todas las sociedades. Tenemos que comenzar desde el ámbito local y apostar por los proyectos y las fundaciones que tienen años de experiencia.

Es hora de que afrontemos como sociedad desde la acción desideologizada el fenómeno de la pobreza no como slogan, sino como un acto necesario de la humanidad.

“Vivimos tiempos extraordinarios que requieren esfuerzos extraordinarios para luchar contra la pobreza. La pandemia exige medidas colectivas enérgicas. Los gobiernos deben acelerar la transformación económica invirtiendo en una recuperación ecológica y sostenible”, Antonio Guterres, secretario general de la ONU.