/ miércoles 10 de marzo de 2021

Gobernanza y sostenibilidad | La lucha por la justicia en el Día Internacional de la Mujer 2021

La acepción más significativa y general de la palabra justicia tiene que ver con dar a cada uno lo que le corresponde según su naturaleza. La tradición occidental ha evolucionado en sus perspectivas sobre este concepto a lo largo de la historia y ello ha implicado la disertación en torno a la naturaleza de los seres.

Ello ha implicado grandes discusiones que han puesto en tela de juicio, incluso, la humanidad de las culturas prehispánicas. En diversos momentos, el debate se ha centrado más en alcanzar un consenso sobre la naturaleza e incluso la existencia de esta para así poder adjudicar –o no– derechos a los sujetos. En otros momentos el debate es por el reconocimiento de estos en la praxis. Tal es el caso de reconocimiento de los derechos y el respeto de la dignidad humana de las mujeres.

Si bien es cierto que el avance en cuanto a los derechos de las mujeres ha tenido un avance significativo, es insoslayable el hecho de que las mujeres hoy siguen enfrentando absurdos obstáculos para tener las mismas oportunidades que los hombres. Es aberrante e insostenible el hecho de que las estadísticas y las noticias expongan un grave incremento de la violencia y los feminicidios se hayan disparado. Es grotesco cómo en muchas regiones del mundo y de nuestro país esté normalizada la violencia contra las mujeres y no solo en los complejos ambientes de zonas marginadas –como se ha señalado– sino en el ámbito laboral a todos los niveles.

Toda acción violenta es reprobable y es inadmisible que sistemáticamente se violenten los derechos de las mujeres. Este año el Día Internacional de la Mujer, como cada año, es un intento por reivindicar la lucha por la igualdad y los derechos de la mujer, pero incluso esta lucha se da también en el contexto terrible de la pandemia donde además de las complicaciones que se han detonado desde hace un año en todos los ambientes a causa del Covid-19, una de cada tres mujeres es violentada y 47 millones de mujeres están siendo empujadas a la pobreza extrema.

La experiencia mundial de la pandemia exige un reordenamiento de la ley, las políticas públicas en temas de igualdad pero, ante todo, exige un replanteamiento cultural que ponga en el centro de la reflexión a la persona humana y como tal reconozca los derechos de cada mujer y hombre y todo lo que convenga a su naturaleza.

Este año además es clave porque se realizará el foro mundial Generación Igualdad que congregará a distintas fuerzas de la sociedad civil y liderazgos de todo el planeta para la igualdad de género. UNWomen.org promueve en su página el “activismo virtual con el hashtag #GeneraciónIgualdad o #GenerationEquality y utiliza #IWD2021 para participar en la conversación” y llamar la atención hacia el foro.

Ante la inminente reconfiguración de la sociedad en la pospandemia –más que nunca– es ineludible e impostergable el reconocimiento del vital papel de las mujeres en la constitución de un mundo mejor y más próspero para la humanidad, pero este reconocimiento debe estar fundamentado en el reconocimiento de sus derechos y su liderazgo en todos los ámbitos sociales. La lucha por la igualdad es, en esencia, una lucha por la justicia.

La acepción más significativa y general de la palabra justicia tiene que ver con dar a cada uno lo que le corresponde según su naturaleza. La tradición occidental ha evolucionado en sus perspectivas sobre este concepto a lo largo de la historia y ello ha implicado la disertación en torno a la naturaleza de los seres.

Ello ha implicado grandes discusiones que han puesto en tela de juicio, incluso, la humanidad de las culturas prehispánicas. En diversos momentos, el debate se ha centrado más en alcanzar un consenso sobre la naturaleza e incluso la existencia de esta para así poder adjudicar –o no– derechos a los sujetos. En otros momentos el debate es por el reconocimiento de estos en la praxis. Tal es el caso de reconocimiento de los derechos y el respeto de la dignidad humana de las mujeres.

Si bien es cierto que el avance en cuanto a los derechos de las mujeres ha tenido un avance significativo, es insoslayable el hecho de que las mujeres hoy siguen enfrentando absurdos obstáculos para tener las mismas oportunidades que los hombres. Es aberrante e insostenible el hecho de que las estadísticas y las noticias expongan un grave incremento de la violencia y los feminicidios se hayan disparado. Es grotesco cómo en muchas regiones del mundo y de nuestro país esté normalizada la violencia contra las mujeres y no solo en los complejos ambientes de zonas marginadas –como se ha señalado– sino en el ámbito laboral a todos los niveles.

Toda acción violenta es reprobable y es inadmisible que sistemáticamente se violenten los derechos de las mujeres. Este año el Día Internacional de la Mujer, como cada año, es un intento por reivindicar la lucha por la igualdad y los derechos de la mujer, pero incluso esta lucha se da también en el contexto terrible de la pandemia donde además de las complicaciones que se han detonado desde hace un año en todos los ambientes a causa del Covid-19, una de cada tres mujeres es violentada y 47 millones de mujeres están siendo empujadas a la pobreza extrema.

La experiencia mundial de la pandemia exige un reordenamiento de la ley, las políticas públicas en temas de igualdad pero, ante todo, exige un replanteamiento cultural que ponga en el centro de la reflexión a la persona humana y como tal reconozca los derechos de cada mujer y hombre y todo lo que convenga a su naturaleza.

Este año además es clave porque se realizará el foro mundial Generación Igualdad que congregará a distintas fuerzas de la sociedad civil y liderazgos de todo el planeta para la igualdad de género. UNWomen.org promueve en su página el “activismo virtual con el hashtag #GeneraciónIgualdad o #GenerationEquality y utiliza #IWD2021 para participar en la conversación” y llamar la atención hacia el foro.

Ante la inminente reconfiguración de la sociedad en la pospandemia –más que nunca– es ineludible e impostergable el reconocimiento del vital papel de las mujeres en la constitución de un mundo mejor y más próspero para la humanidad, pero este reconocimiento debe estar fundamentado en el reconocimiento de sus derechos y su liderazgo en todos los ámbitos sociales. La lucha por la igualdad es, en esencia, una lucha por la justicia.