/ miércoles 21 de octubre de 2020

Gobernanza y sostenibilidad | Perspectiva ética de un reto social

La sociedad mundial atraviesa una compleja crisis fundada en el individualismo cultural y una lógica autorreferencial que derrumba las posibilidades de la construcción de un sólido núcleo social. Aun cuando los procesos geopolíticos y económicos se han globalizado, el sujeto se enfrenta hoy a la constante tentación de la transgresión de su naturaleza comunitaria y del irracional apego de su propia subjetividad.

Ante dicho problema, llueven soluciones de organismos de todo tipo para mejorar las condiciones sociales y económicas de las regiones, no obstante, las perspectivas éticas emanadas de la dinámica global tienden a patrones de comportamiento social en los que la ruptura de las relaciones es un denominador común. Se construyen casas y fraccionamientos con paredes más altas donde no hay espacio para la interacción social, donde si el rostro del otro no armoniza con mi entorno, entonces “el otro” puede ser prescindible. Por otro lado, el panorama global descrito por las estadísticas de organismos internacionales es poco alentador. La construcción de una sociedad justa parece un espejismo infactible si los países no garantizan la consolidación de las instituciones.

Pero al parecer, la crisis mundial no es lo peor. En la actualidad el silencio y la apatía es una forma de vida. La desesperanza es un placebo de la voluntad y cómplice del aislamiento de múltiples grupos sociales que en su afán de salud y virtud se desvinculan del resto de la sociedad. La crisis de la humanidad es la crisis antropológica del ser humano que se encuentra vacío ̶ consigo mismo ̶ en el inmenso abismo del consumo, la competencia y el descarte: en la nada del ruido posmoderno y las alas del viento del mercado que aplasta sociedades enteras y condena a la violencia de un sistema asimétrico y devastador. En dicho panorama y en el contexto de la pandemia vale la pena el planteamiento de preguntas éticas que deben ser analizadas:

1. ¿El concepto de ética que se enseña en la sociedad occidental y/o latinoamericana contribuye al desarrollo o es una causa más del deterioro social?

2. ¿Cuáles son las causas de la actual crisis mundial? Y en lo referente a México ¿cuáles son las principales causas del fenómeno de la violencia?

3. ¿Cuál es la responsabilidad de los ciudadanos en la reconstrucción del tejido social? En lo que respecta a los universitarios que por su acceso a la educación superior mantienen un lugar privilegiado socialmente, ¿cuál es la responsabilidad de los universitarios ante la actual crisis?

4. Por último, pero no menos importante, el cuestionamiento principal es ¿cómo la comunidad mundial puede corregir su rumbo histórico? El fenómeno de la violencia, del bien y del mal es complejo, no obstante, es necesario establecer serias reflexiones a nivel de la razón con el objeto de redefinir esta inercia global con ojiva de triste decadencia. La universidad, lugar privilegiado para el desarrollo de las sociedades, es el espacio propicio para el diálogo y la transformación social. Frente a la terrible inercia histórica es indispensable pensar y construir soluciones, con argumentos y con las metodologías de la ciencia para el desarrollo social. Los países tienen la responsabilidad de generar mecanismos de participación ciudadana y los ciudadanos deben asumir la responsabilidad de participar, ya que es en la configuración de los actores donde se genera la acción pública.

Perspectivas

Hace pocos años Tamaulipas experimentó una grave crisis de gobernabilidad. La administración del gobernador Francisco García Cabeza de Vaca ha mejorado todos los indicadores de gobernabilidad y en especial en lo referente a seguridad pública, lo cual ha sido reconocido por el gobierno central. El gobierno de Tamaulipas ha apostado por la “construcción de la paz y de la prosperidad sostenible” como eje de su gobierno, lo que ha implicado la interacción con actores sociales y un diálogo cercano con la ciudadanía. Ello implica la reintegración del tejido social y una lógica comunitaria y, con ello, la generación de capital social.



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La sociedad mundial atraviesa una compleja crisis fundada en el individualismo cultural y una lógica autorreferencial que derrumba las posibilidades de la construcción de un sólido núcleo social. Aun cuando los procesos geopolíticos y económicos se han globalizado, el sujeto se enfrenta hoy a la constante tentación de la transgresión de su naturaleza comunitaria y del irracional apego de su propia subjetividad.

Ante dicho problema, llueven soluciones de organismos de todo tipo para mejorar las condiciones sociales y económicas de las regiones, no obstante, las perspectivas éticas emanadas de la dinámica global tienden a patrones de comportamiento social en los que la ruptura de las relaciones es un denominador común. Se construyen casas y fraccionamientos con paredes más altas donde no hay espacio para la interacción social, donde si el rostro del otro no armoniza con mi entorno, entonces “el otro” puede ser prescindible. Por otro lado, el panorama global descrito por las estadísticas de organismos internacionales es poco alentador. La construcción de una sociedad justa parece un espejismo infactible si los países no garantizan la consolidación de las instituciones.

Pero al parecer, la crisis mundial no es lo peor. En la actualidad el silencio y la apatía es una forma de vida. La desesperanza es un placebo de la voluntad y cómplice del aislamiento de múltiples grupos sociales que en su afán de salud y virtud se desvinculan del resto de la sociedad. La crisis de la humanidad es la crisis antropológica del ser humano que se encuentra vacío ̶ consigo mismo ̶ en el inmenso abismo del consumo, la competencia y el descarte: en la nada del ruido posmoderno y las alas del viento del mercado que aplasta sociedades enteras y condena a la violencia de un sistema asimétrico y devastador. En dicho panorama y en el contexto de la pandemia vale la pena el planteamiento de preguntas éticas que deben ser analizadas:

1. ¿El concepto de ética que se enseña en la sociedad occidental y/o latinoamericana contribuye al desarrollo o es una causa más del deterioro social?

2. ¿Cuáles son las causas de la actual crisis mundial? Y en lo referente a México ¿cuáles son las principales causas del fenómeno de la violencia?

3. ¿Cuál es la responsabilidad de los ciudadanos en la reconstrucción del tejido social? En lo que respecta a los universitarios que por su acceso a la educación superior mantienen un lugar privilegiado socialmente, ¿cuál es la responsabilidad de los universitarios ante la actual crisis?

4. Por último, pero no menos importante, el cuestionamiento principal es ¿cómo la comunidad mundial puede corregir su rumbo histórico? El fenómeno de la violencia, del bien y del mal es complejo, no obstante, es necesario establecer serias reflexiones a nivel de la razón con el objeto de redefinir esta inercia global con ojiva de triste decadencia. La universidad, lugar privilegiado para el desarrollo de las sociedades, es el espacio propicio para el diálogo y la transformación social. Frente a la terrible inercia histórica es indispensable pensar y construir soluciones, con argumentos y con las metodologías de la ciencia para el desarrollo social. Los países tienen la responsabilidad de generar mecanismos de participación ciudadana y los ciudadanos deben asumir la responsabilidad de participar, ya que es en la configuración de los actores donde se genera la acción pública.

Perspectivas

Hace pocos años Tamaulipas experimentó una grave crisis de gobernabilidad. La administración del gobernador Francisco García Cabeza de Vaca ha mejorado todos los indicadores de gobernabilidad y en especial en lo referente a seguridad pública, lo cual ha sido reconocido por el gobierno central. El gobierno de Tamaulipas ha apostado por la “construcción de la paz y de la prosperidad sostenible” como eje de su gobierno, lo que ha implicado la interacción con actores sociales y un diálogo cercano con la ciudadanía. Ello implica la reintegración del tejido social y una lógica comunitaria y, con ello, la generación de capital social.



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