/ miércoles 30 de junio de 2021

Gobernanza y sostenibilidad | Retomar las bases de la Nueva Gestión Pública para hacer instituciones efectivas

En la segunda mitad del S. XX y de forma paralela al surgimiento de la gobernabilidad cuando emergen y se agravan los problemas de insolvencia fiscal que afectan la operatividad de los gobiernos surge en el debate académico el interés por las claras inconsistencias en la ejecución de los proyectos públicos y los problemas en la intervención del estado, de tal forma que las transformaciones se orientaron a un replanteamiento de la administración del estado que desembocó en lo que se denominaría Nueva Gestión Pública, donde se pueden identificar dos etapas de desarrollo:

En primer término, el interés de la NGP está centrado en el adelgazamiento del estado social, es decir, su propósito se orienta a reajustar los ejes financieros del estado como una propuesta inicial.

En un segundo momento, la NGP se orienta a la operación de la optimización de los recursos del estado. Esta segunda etapa ha sido consecuencia de los procesos más amplios de reforma del Estado que han tenido efectos en el aparato administrativo gubernamental por la vía de reformas legislativas, administrativas y de la modernización del aparato gubernamental.

Tales reformas se han encaminado llevar al ámbito público, los principios propios del sector privado; este encuadre se concreta en tres ejes que tienden a reproducir el paradigma empresarial.

Los cuatro ejes referidos de acuerdo a algunos autores son: el poder de los directivos, el reconocimiento de subsistemas de gestión en el control por el mercado y la gestión de la calidad.

El proceso de transformación de la administración pública implica, la asimilación de conceptos fundacionales derivados del universo empresarial, como afirma el politólogo mexicano Omar Guerrero: “la cuarteta conceptual alrededor de la cual se halla configurada la nueva gerencia pública es la orientación al cliente, la privatización, el mercado y la competencia”.

Las crisis de las instituciones, de fondo es una crisis de operatividad. El centralismo no es solo una regresión, es un claro atentado contra una forma efectiva de administrar los recursos públicos. Ante la pandemia y la crisis, los gobiernos deben retomar las bases de la Nueva Gestión Pública y centrarse en los principales temas de Control Interno que permitan una operación adecuada de la administración pública.

No hay que demoler las Instituciones, hay que cumplir con la ley y fortalecer las estructuras organizacionales con mecanismos efectivos para hacer que nuestro país prospere.

En la segunda mitad del S. XX y de forma paralela al surgimiento de la gobernabilidad cuando emergen y se agravan los problemas de insolvencia fiscal que afectan la operatividad de los gobiernos surge en el debate académico el interés por las claras inconsistencias en la ejecución de los proyectos públicos y los problemas en la intervención del estado, de tal forma que las transformaciones se orientaron a un replanteamiento de la administración del estado que desembocó en lo que se denominaría Nueva Gestión Pública, donde se pueden identificar dos etapas de desarrollo:

En primer término, el interés de la NGP está centrado en el adelgazamiento del estado social, es decir, su propósito se orienta a reajustar los ejes financieros del estado como una propuesta inicial.

En un segundo momento, la NGP se orienta a la operación de la optimización de los recursos del estado. Esta segunda etapa ha sido consecuencia de los procesos más amplios de reforma del Estado que han tenido efectos en el aparato administrativo gubernamental por la vía de reformas legislativas, administrativas y de la modernización del aparato gubernamental.

Tales reformas se han encaminado llevar al ámbito público, los principios propios del sector privado; este encuadre se concreta en tres ejes que tienden a reproducir el paradigma empresarial.

Los cuatro ejes referidos de acuerdo a algunos autores son: el poder de los directivos, el reconocimiento de subsistemas de gestión en el control por el mercado y la gestión de la calidad.

El proceso de transformación de la administración pública implica, la asimilación de conceptos fundacionales derivados del universo empresarial, como afirma el politólogo mexicano Omar Guerrero: “la cuarteta conceptual alrededor de la cual se halla configurada la nueva gerencia pública es la orientación al cliente, la privatización, el mercado y la competencia”.

Las crisis de las instituciones, de fondo es una crisis de operatividad. El centralismo no es solo una regresión, es un claro atentado contra una forma efectiva de administrar los recursos públicos. Ante la pandemia y la crisis, los gobiernos deben retomar las bases de la Nueva Gestión Pública y centrarse en los principales temas de Control Interno que permitan una operación adecuada de la administración pública.

No hay que demoler las Instituciones, hay que cumplir con la ley y fortalecer las estructuras organizacionales con mecanismos efectivos para hacer que nuestro país prospere.