/ miércoles 18 de noviembre de 2020

Gobernanza y sostenibilidad | Retos locales de escala planetaria

Los avances de la ciencia y la tecnología han detonado múltiples cambios en las relaciones sociales, culturales y comerciales que se inscriben en la compleja urdimbre de la dinámica mundial que enfrenta retos fundamentales y de vital importancia para la humanidad entera.

La hiperglobalización y las condiciones del mundo actual plantean una realidad mundial que exige ser transformada. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe “la dinámica del crecimiento económico a nivel mundial, la asimetría de los recursos y la degradación medioambiental, característicos de nuestra realidad actual, presentan desafíos sin precedentes para la comunidad internacional.

Frente al actual cambio de época es indispensable configurar los paradigmas de producción, de generación de energías e incluso de consumo que ya no parecen viables por una dinámica sostenible e inclusiva. Esta lógica ha permitido que en todo el mundo se articulen esfuerzos para mejorar las condiciones de vida ya sea por políticas públicas o por la participación de actores sociales en el dinamismo del desarrollo. En este sentido el esfuerzo más importante es el detonado por la Organización de las Naciones Unidas, con la Agenda 2030 que plantea los 17 objetivos de la sostenibilidad y el compromiso de los países miembros por generar sociedades y economías inclusivas. Aunque en efecto, resulta indispensable avanzar por un nuevo rumbo a la construcción de un mejor mundo y una sociedad digna para la humanidad entera, los proyectos y esfuerzos planetarios a gran escala, solo pueden cristalizarse en acciones regionales y locales, por lo que es impostergable alinear esfuerzos desde lo local para alcanzar tales objetivos.

Ante este paradigma, Jim Yonng Kim, presidente del Banco Mundial, subraya que la “comunidad del desarrollo no debería preguntarse: ¿Cuál es la política adecuada?, sino más bien: ¿Qué es lo que hace que las políticas contribuyan a mejorar la calidad de vida de las personas?”. La respuesta es la gobernanza”, la cual se puede entender como la colaboración entre actores gubernamentales y no gubernamentales en la manufactura de una sociedad mejor.

En este contexto, es preciso destacar que el binomio compuesto por el sector privado y la universidad ocupa un papel fundamental para el desarrollo económico y social; una forma de gobernanza privilegiada que activa los polos del desarrollo. Los expertos señalan que “las empresas con la cooperación de las universidades han manifestado que la vinculación entre gobierno, universidad y empresa está tomando importancia en el intercambio de conocimientos y, por ende, de relaciones; lo que propicia un ambiente donde estas vinculaciones son consideradas como parte del desarrollo de un país”. El cambio tecnológico, la cooperación empresarial con las universidades, es un aspecto que ha tomado mayor auge en los últimos tiempos. La competitividad en los negocios y la necesidad de establecer alianzas para lograr mayor participación, tanto en el mercado como en la creación de fuentes de innovación, provoca una nueva proyección de la misma universidad para la investigación, la generación de proyectos conjuntos y de desarrollo de un país. Por lo anterior, es importante reconocer el valor de las universidades como centros de encuentro entre los diversos actores sociales y los organismos gubernamentales con la finalidad de dotar de soluciones empíricas. Las instituciones de educación superior tienen la responsabilidad no solo de formar profesionistas calificados y competentes, sino de formar ciudadanos y ser gestoras de ciencia y tecnología en la producción de conocimiento para el mejoramiento social.

Los avances de la ciencia y la tecnología han detonado múltiples cambios en las relaciones sociales, culturales y comerciales que se inscriben en la compleja urdimbre de la dinámica mundial que enfrenta retos fundamentales y de vital importancia para la humanidad entera.

La hiperglobalización y las condiciones del mundo actual plantean una realidad mundial que exige ser transformada. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe “la dinámica del crecimiento económico a nivel mundial, la asimetría de los recursos y la degradación medioambiental, característicos de nuestra realidad actual, presentan desafíos sin precedentes para la comunidad internacional.

Frente al actual cambio de época es indispensable configurar los paradigmas de producción, de generación de energías e incluso de consumo que ya no parecen viables por una dinámica sostenible e inclusiva. Esta lógica ha permitido que en todo el mundo se articulen esfuerzos para mejorar las condiciones de vida ya sea por políticas públicas o por la participación de actores sociales en el dinamismo del desarrollo. En este sentido el esfuerzo más importante es el detonado por la Organización de las Naciones Unidas, con la Agenda 2030 que plantea los 17 objetivos de la sostenibilidad y el compromiso de los países miembros por generar sociedades y economías inclusivas. Aunque en efecto, resulta indispensable avanzar por un nuevo rumbo a la construcción de un mejor mundo y una sociedad digna para la humanidad entera, los proyectos y esfuerzos planetarios a gran escala, solo pueden cristalizarse en acciones regionales y locales, por lo que es impostergable alinear esfuerzos desde lo local para alcanzar tales objetivos.

Ante este paradigma, Jim Yonng Kim, presidente del Banco Mundial, subraya que la “comunidad del desarrollo no debería preguntarse: ¿Cuál es la política adecuada?, sino más bien: ¿Qué es lo que hace que las políticas contribuyan a mejorar la calidad de vida de las personas?”. La respuesta es la gobernanza”, la cual se puede entender como la colaboración entre actores gubernamentales y no gubernamentales en la manufactura de una sociedad mejor.

En este contexto, es preciso destacar que el binomio compuesto por el sector privado y la universidad ocupa un papel fundamental para el desarrollo económico y social; una forma de gobernanza privilegiada que activa los polos del desarrollo. Los expertos señalan que “las empresas con la cooperación de las universidades han manifestado que la vinculación entre gobierno, universidad y empresa está tomando importancia en el intercambio de conocimientos y, por ende, de relaciones; lo que propicia un ambiente donde estas vinculaciones son consideradas como parte del desarrollo de un país”. El cambio tecnológico, la cooperación empresarial con las universidades, es un aspecto que ha tomado mayor auge en los últimos tiempos. La competitividad en los negocios y la necesidad de establecer alianzas para lograr mayor participación, tanto en el mercado como en la creación de fuentes de innovación, provoca una nueva proyección de la misma universidad para la investigación, la generación de proyectos conjuntos y de desarrollo de un país. Por lo anterior, es importante reconocer el valor de las universidades como centros de encuentro entre los diversos actores sociales y los organismos gubernamentales con la finalidad de dotar de soluciones empíricas. Las instituciones de educación superior tienen la responsabilidad no solo de formar profesionistas calificados y competentes, sino de formar ciudadanos y ser gestoras de ciencia y tecnología en la producción de conocimiento para el mejoramiento social.