/ miércoles 17 de julio de 2019

Gran Compromiso

No se trata sobre si es bueno o es malo, como individuo, político, ejecutivo o más. No se refiere a cómo o con cuáles medios se habrá de sacar adelante a la nación. No se toca el tema de la utilidad y efectividad de los programas de becas a diversos sectores de la población ¡Es más, no se ha dicho que desconocía el compromiso que representaba dirigir a una nación como la nuestra! Sin embargo, no podemos negar que lo que se le avecina a México y a su Presidente Andrés Manuel López Obrador es, tal vez, el compromiso más grande que ha tenido nuestro país en su historia contemporánea, pues están incidiendo, de manera drástica y simultánea, factores internos y externos que ponen en una situación de fragilidad al aparato mexicano.

Entendamos que la actitud de “no pasa nada”, “estamos mejor que nunca”, “el peso está fortalecido”, “no hay que desgarrarse las vestiduras”, entre otras, que tiene el tabasqueño, no es porque desconozca la situación o que la minimice con un donaire de menosprecio ante una adversidad creciente. ¡No!, por el contrario, lo que está haciendo es lo políticamente correcto, mostrarse fuerte y sereno para darle tranquilidad al pueblo que lo eligió para marcar el rumbo de este país.

Reitero, es lo políticamente correcto.

Sin embargo, la realidad que se observa desde otras latitudes habla de una situación que se está recrudeciendo, como lo señalé, tanto de manera intrínseca en los contextos sociales, principalmente; como desde un exterior en el rubro de la economía, específicamente, el valor de la moneda mexicana en el andamiaje de las relaciones políticas y el mercado internacional.

En primer lugar, el divisionismo y la polarización han sido los acompañantes fieles de este singular político. Elementos que siempre se mostraron en su entorno, podemos decir, “lejano”. El pueblo se “desgarraba las vestiduras” ya fuera en papel de mártir dispuesto a dar la vida por el adalid que lo representaba o, caso contrario, en una postura de víctima por las decisiones de AMLO una vez llegado al poder. Otros más “rompieron sus túnicas” al señalar sus errores y, en retóricas suicidas, anunciaban su partida a otros lares donde no los alcanzara la mano del originario de Macuspana.

No obstante, con la renuncia de Carlos Urzúa, se develó una fractura en el círculo cercano al mandatario. En su equipo de trabajo hay algo más que rivalidades, inconformidades, “caballazos” – dirían en el argot – a diestra y siniestra. Y esas desavenencias han tornado en renuncias con tonalidades de denuncias de todo lo arriba descrito.

Esto da pie a pensar que hay una inestabilidad en el cuerpo presidencial por más que AMLO asegure lo contrario. Como lo dijimos arriba, él cumple con el papel de líder sereno y estable que tiene todo controlado, porque esa es su función.

Cabe hacer mención que, como usted y yo lo sabemos, el peso se depreció con este anuncio.

Posteriormente, al presentar el plan para rescatar a PEMEX, cuyos ejes centrales son una disminución a la carga fiscal que tiene la paraestatal, una inyección de un billón de pesos y un apoyo a exploración en aguas someras y zonas terrestres por los próximos tres años, en un marco de cero corrupciones, el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, sostuvo que “revivirá” a “Petróleos”, además de que todo esto se consolidará con la creación de la refinería de “Dos Bocas”, Tabasco.

Curiosamente, después de este anuncio, el peso respondió con un nuevo retroceso por la desconfianza generada en los mercados internacionales.

De este último fenómeno también dependen las acciones del gobierno estadounidense y forman el otro grupo de elementos – el externo - que pudieran perjudicar la estabilidad de nuestra nación.

Y es que, en el contexto de la carrera por la Presidencia de aquel país, su actual mandatario Donald Trump, ha endurecido el programa antimigrante y en vísperas de las deportaciones masivas ha orillado a nuestra nación a “aceptar”, “recibir”, “admitir” con “los brazos abiertos” a todos los expulsados de la Unión Americana, so pena de cumplir su amenaza de carácter arancelario que generaría nuevas y considerables pérdidas en el mercado mexicano.

En otras palabras y como lo escuché por allí en una conversación fría, lamentable, pero también certera: “México se volvió una casa de cambio; cambiamos migrantes por aranceles”.

Si a esto le aunamos lo que es ya tradicional como la grave situación de salud y las carencias de los hospitales, la fuga de cerebros, la ausencia de inversión, el desempleo, el incremento a los índices de criminalidad, el deterioro del tejido social por otras cuestiones y un creciente rechazo por ciertos sectores de la nación, no cabe duda que AMLO, tiene un gran compromiso, pues como dice el dicho “No es lo mismo ver los toros desde la barrera”.

¡Hasta la próxima!

No se trata sobre si es bueno o es malo, como individuo, político, ejecutivo o más. No se refiere a cómo o con cuáles medios se habrá de sacar adelante a la nación. No se toca el tema de la utilidad y efectividad de los programas de becas a diversos sectores de la población ¡Es más, no se ha dicho que desconocía el compromiso que representaba dirigir a una nación como la nuestra! Sin embargo, no podemos negar que lo que se le avecina a México y a su Presidente Andrés Manuel López Obrador es, tal vez, el compromiso más grande que ha tenido nuestro país en su historia contemporánea, pues están incidiendo, de manera drástica y simultánea, factores internos y externos que ponen en una situación de fragilidad al aparato mexicano.

Entendamos que la actitud de “no pasa nada”, “estamos mejor que nunca”, “el peso está fortalecido”, “no hay que desgarrarse las vestiduras”, entre otras, que tiene el tabasqueño, no es porque desconozca la situación o que la minimice con un donaire de menosprecio ante una adversidad creciente. ¡No!, por el contrario, lo que está haciendo es lo políticamente correcto, mostrarse fuerte y sereno para darle tranquilidad al pueblo que lo eligió para marcar el rumbo de este país.

Reitero, es lo políticamente correcto.

Sin embargo, la realidad que se observa desde otras latitudes habla de una situación que se está recrudeciendo, como lo señalé, tanto de manera intrínseca en los contextos sociales, principalmente; como desde un exterior en el rubro de la economía, específicamente, el valor de la moneda mexicana en el andamiaje de las relaciones políticas y el mercado internacional.

En primer lugar, el divisionismo y la polarización han sido los acompañantes fieles de este singular político. Elementos que siempre se mostraron en su entorno, podemos decir, “lejano”. El pueblo se “desgarraba las vestiduras” ya fuera en papel de mártir dispuesto a dar la vida por el adalid que lo representaba o, caso contrario, en una postura de víctima por las decisiones de AMLO una vez llegado al poder. Otros más “rompieron sus túnicas” al señalar sus errores y, en retóricas suicidas, anunciaban su partida a otros lares donde no los alcanzara la mano del originario de Macuspana.

No obstante, con la renuncia de Carlos Urzúa, se develó una fractura en el círculo cercano al mandatario. En su equipo de trabajo hay algo más que rivalidades, inconformidades, “caballazos” – dirían en el argot – a diestra y siniestra. Y esas desavenencias han tornado en renuncias con tonalidades de denuncias de todo lo arriba descrito.

Esto da pie a pensar que hay una inestabilidad en el cuerpo presidencial por más que AMLO asegure lo contrario. Como lo dijimos arriba, él cumple con el papel de líder sereno y estable que tiene todo controlado, porque esa es su función.

Cabe hacer mención que, como usted y yo lo sabemos, el peso se depreció con este anuncio.

Posteriormente, al presentar el plan para rescatar a PEMEX, cuyos ejes centrales son una disminución a la carga fiscal que tiene la paraestatal, una inyección de un billón de pesos y un apoyo a exploración en aguas someras y zonas terrestres por los próximos tres años, en un marco de cero corrupciones, el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, sostuvo que “revivirá” a “Petróleos”, además de que todo esto se consolidará con la creación de la refinería de “Dos Bocas”, Tabasco.

Curiosamente, después de este anuncio, el peso respondió con un nuevo retroceso por la desconfianza generada en los mercados internacionales.

De este último fenómeno también dependen las acciones del gobierno estadounidense y forman el otro grupo de elementos – el externo - que pudieran perjudicar la estabilidad de nuestra nación.

Y es que, en el contexto de la carrera por la Presidencia de aquel país, su actual mandatario Donald Trump, ha endurecido el programa antimigrante y en vísperas de las deportaciones masivas ha orillado a nuestra nación a “aceptar”, “recibir”, “admitir” con “los brazos abiertos” a todos los expulsados de la Unión Americana, so pena de cumplir su amenaza de carácter arancelario que generaría nuevas y considerables pérdidas en el mercado mexicano.

En otras palabras y como lo escuché por allí en una conversación fría, lamentable, pero también certera: “México se volvió una casa de cambio; cambiamos migrantes por aranceles”.

Si a esto le aunamos lo que es ya tradicional como la grave situación de salud y las carencias de los hospitales, la fuga de cerebros, la ausencia de inversión, el desempleo, el incremento a los índices de criminalidad, el deterioro del tejido social por otras cuestiones y un creciente rechazo por ciertos sectores de la nación, no cabe duda que AMLO, tiene un gran compromiso, pues como dice el dicho “No es lo mismo ver los toros desde la barrera”.

¡Hasta la próxima!

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