/ sábado 2 de octubre de 2021

Gryita.com, Fylosofía en expresión | Dos de Octubre

Sin duda una referencia histórica del inicio de una lucha particular por la democratización de México.

Tiempo complicado, que a la distancia propone un análisis matizado de versiones, colores, opiniones y posturas, cada día más diversas pero todas plagadas de un olor a muerte y un toque de esperanza por una vida mejor.

A poco más de medio siglo de distancia podemos ver cómo el fundamento de la discusión sigue vigente, temas como la desigualdad, la falta de oportunidades, el racismo, el clasismo, la equidad de género y la falta de respeto no solo a la diversidad sexual, sino a la diversidad como tal, sigue vivo atentando indudablemente al más grande enemigo que en aquel tiempo y hoy sigue teniendo la tendencia política heredada de los regímenes opresores, la libertad.

Como todo movimiento potente y argumentativamente respetable, al paso del tiempo pierde profundidad de alguna forma y también varía en su significado, las posturas ideológicas más sólidas permanecen, pero a partir de su forma generan nuevos simbolismos.

Este movimiento heroico, bien intencionado y orquestado por esa parte sensible de la sociedad que son los jóvenes revolucionarios, convirtió históricamente su derrota en la bandera que el día de hoy, como una característica de nuestro país, pasa de mano en mano siendo usada para diferentes fines y con intereses tan diversos como inimaginables.

A través de esta dura y lamentable experiencia, aprendimos además de a conservar la memoria, a levantar la voz y considerar posible pugnar por la fuerza de la razón a la generación de cambios en pos del bien común, también que no se debía vivir bajo la batuta de un gobierno que desde la democracia de forma generara la represión de hecho y de derecho.

Como un dato negativo, aprendimos a defender “la marcha”como un ente “indiscutiblemente razonable” y positivo, venga de donde venga, sin obligación de razonar y aplicar un juicio crítico para decidir una postura, sino apoyar cualquier despertar que ataque o aparentemente se defienda de un gobierno, colocando a este último como agresor de forma automática como producto simple de la manifestación.

Hoy parece ser que la represión violenta ha cesado, que la razón empieza a privar al menos en la aceptación de las diferencias y la comprensión de un tiempo sui generis en que no solo existe un panorama multiforme y multicultural sino que también la convivencia generacional provoca la limitación de los puentes que unan el viejo ideario con las nuevas propuestas que atentan de pronto contra la información y favorecen el ejercicio de las sensaciones y la superficialidad.

La rareza espectacular de nuestro pueblo, siempre con sus dos caras y sus millones de gestos, tergiversa y presenta aquel hecho histórico como a cada quien conviene, usado por el México radical, como por el moderado, el machista, el que procura mantener las diferencias, el golpista, el sucio, el capaz de adherirse a cualquier ideología a cambio de solventar sus fines.

El que solo tiene como propiedad el asta y que es capaz de colgar a beneficio cualquier bandera, un pueblo que se pinta de colores diversos a causa de su falta de identidad y que se vuelve en su ignorancia represor violento en contra del gobierno que con su sola existencia amenaza reprimirle, arrastrando incluso entre los daños al mismo pueblo que pertenece y que pretende defender, un México que defiende la corrupción, golpea y destruye enfundado en una playera con el rostro del Che Guevara.

Al final estos acontecimientos marcaron el principio de un alarido social, un juvenil deseo de la utópica libertad igualitaria, el más grande contrapeso de la opresión, el abuso y la desigualdad, un grito firme que se queda escrito en las páginas más tristes de la patria.

Pero que debe ser un aliciente para las nuevas juventudes para continuar en la búsqueda de una vida mejor para todos y todas, un lugar donde vivir donde jamás se permita que sea la violencia una medida de solución a los conflictos y que nunca más un gobernante sea capaz de olvidar su función y atentar contra la vida de sus gobernados.

Un pensamiento a la memoria de un México ensangrentado.

2 de Octubre, ni perdón ni olvido.

  • gryitafuerte@gmail.com
  • Fb: Gryita Fuerte
  • RE-GENERACIÓN 19

Sin duda una referencia histórica del inicio de una lucha particular por la democratización de México.

Tiempo complicado, que a la distancia propone un análisis matizado de versiones, colores, opiniones y posturas, cada día más diversas pero todas plagadas de un olor a muerte y un toque de esperanza por una vida mejor.

A poco más de medio siglo de distancia podemos ver cómo el fundamento de la discusión sigue vigente, temas como la desigualdad, la falta de oportunidades, el racismo, el clasismo, la equidad de género y la falta de respeto no solo a la diversidad sexual, sino a la diversidad como tal, sigue vivo atentando indudablemente al más grande enemigo que en aquel tiempo y hoy sigue teniendo la tendencia política heredada de los regímenes opresores, la libertad.

Como todo movimiento potente y argumentativamente respetable, al paso del tiempo pierde profundidad de alguna forma y también varía en su significado, las posturas ideológicas más sólidas permanecen, pero a partir de su forma generan nuevos simbolismos.

Este movimiento heroico, bien intencionado y orquestado por esa parte sensible de la sociedad que son los jóvenes revolucionarios, convirtió históricamente su derrota en la bandera que el día de hoy, como una característica de nuestro país, pasa de mano en mano siendo usada para diferentes fines y con intereses tan diversos como inimaginables.

A través de esta dura y lamentable experiencia, aprendimos además de a conservar la memoria, a levantar la voz y considerar posible pugnar por la fuerza de la razón a la generación de cambios en pos del bien común, también que no se debía vivir bajo la batuta de un gobierno que desde la democracia de forma generara la represión de hecho y de derecho.

Como un dato negativo, aprendimos a defender “la marcha”como un ente “indiscutiblemente razonable” y positivo, venga de donde venga, sin obligación de razonar y aplicar un juicio crítico para decidir una postura, sino apoyar cualquier despertar que ataque o aparentemente se defienda de un gobierno, colocando a este último como agresor de forma automática como producto simple de la manifestación.

Hoy parece ser que la represión violenta ha cesado, que la razón empieza a privar al menos en la aceptación de las diferencias y la comprensión de un tiempo sui generis en que no solo existe un panorama multiforme y multicultural sino que también la convivencia generacional provoca la limitación de los puentes que unan el viejo ideario con las nuevas propuestas que atentan de pronto contra la información y favorecen el ejercicio de las sensaciones y la superficialidad.

La rareza espectacular de nuestro pueblo, siempre con sus dos caras y sus millones de gestos, tergiversa y presenta aquel hecho histórico como a cada quien conviene, usado por el México radical, como por el moderado, el machista, el que procura mantener las diferencias, el golpista, el sucio, el capaz de adherirse a cualquier ideología a cambio de solventar sus fines.

El que solo tiene como propiedad el asta y que es capaz de colgar a beneficio cualquier bandera, un pueblo que se pinta de colores diversos a causa de su falta de identidad y que se vuelve en su ignorancia represor violento en contra del gobierno que con su sola existencia amenaza reprimirle, arrastrando incluso entre los daños al mismo pueblo que pertenece y que pretende defender, un México que defiende la corrupción, golpea y destruye enfundado en una playera con el rostro del Che Guevara.

Al final estos acontecimientos marcaron el principio de un alarido social, un juvenil deseo de la utópica libertad igualitaria, el más grande contrapeso de la opresión, el abuso y la desigualdad, un grito firme que se queda escrito en las páginas más tristes de la patria.

Pero que debe ser un aliciente para las nuevas juventudes para continuar en la búsqueda de una vida mejor para todos y todas, un lugar donde vivir donde jamás se permita que sea la violencia una medida de solución a los conflictos y que nunca más un gobernante sea capaz de olvidar su función y atentar contra la vida de sus gobernados.

Un pensamiento a la memoria de un México ensangrentado.

2 de Octubre, ni perdón ni olvido.

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