/ miércoles 27 de noviembre de 2019

Hay una simulación de la inteligencia

Como la hay de la virtud. Sí, acertaron, estoy hablando de Antonio LaVolpe

Lo que no entiendo del futbol mexicano. Mientras que acá los jugadores y directores técnicos argentinos son vistos con el respeto que se concede a lo que vale la pena, en Argentina, para los hinchas argentinos, somos una mierda; sí, así lo expresan.

Y nosotros, concedemos aquí a un mal argentino que si es lo que ellos dicen que nosotros somos, el respeto que corresponde a un santo. Hasta cuando va a durar eso. Recién lo han corrido del Toluca y, seguramente aparecerá muy pronto sirviéndole a una directiva de arrastrados sin dignidad.

Si en Argentina, alguien toca a Maradona, se le aplica el anatema y lo queman con leña verde, sin embargo aquí, el bien amado LaVolpe ha ninguneado al mejor líder que ha tenido la Selección Mexicana, Cuauhtémoc Blanco, después de que años antes lo había hecho con otro mexicano ante el cual no le queda otro remedio que hincarse, Hugo Sánchez. En este torneo, no puedo decir inocentes directivos tolucos, pues el calificativo que se merecen es el de estúpidos y malinchistas, lo pusieron al frente del equipo, concediéndole la contratación de un grupo de farsantes que en su tierra ya no tienen nada que hacer, pero que en Toluca son dioses (infernales). El problema ahora es que ¿a quién le van a endilgar tan preciado ramillete?

Ya desde el 2006, a seis meses del Mundial de Alemania, el insoportable bigotón, había creado problemas con sus arrogantes actitudes. Todo estaba ya tranquilo, cuando aparece Ricardo LaVolpe con sus desatinadas declaraciones respecto del caso Carmona Galindo ocurrido durante la Copa Confederaciones en Alemania 2005 y, en el que el manejo del problema fue totalmente nefasto, pudiéndose haber perjudicado muy seriamente al futbol mexicano. Las declaraciones de todos los involucrados llevaron a pensar mil cosas buenas y malas, dando paso a la especulación. De sobra es sabido lo que ocurrió con ambos jugadores.

A pesar de haber vivido esa amarga experiencia, seis meses después, ya casi en Alemania 2006, Sin que nadie se lo pidiera, LaVolpe comparó a Cuauhtémoc Blanco con Zinedine Zidane, Ronaldinho y Deco, dignos líderes de sus equipos, como nadie puede negar que el Cuauh lo haya sido del suyo. Pero, ¿Acaso alguien acá ha comparado a LaVolpe con Mourinho, Guardiola, o Ancceloti, vaya, ni siquiera con Vucetich, porque eso no es posible, ya que no está a la altura de ninguno de ellos y, si en México aún se le sigue dando de comer, es por el enorme apoyo que sus amigos del micrófono le otorgan día a día, llegando a afirmar que para ser buen entrenador no es requisito ganar. Así, sobre esta primicia es que el bigotón continúa viviendo del futbol mexicano, exclusivamente.

Nada hay mejor para la buena relación de un entrenador con sus dirigidos, que el conocimiento del ser humano. Pero paradójicamente, aunque sea lo más redituable, es imposible que seamos buenos conocedores de los demás, si queremos serlo pensando en que nos resultará muy redituable. En el momento en que queramos ser buenos conocedores del corazón humano, por el hecho que de ellos vamos a sacar beneficios económicos o de otro tipo, desde ese momento caerá un velo ante nuestros ojos y no seremos capaces de conocer el corazón ajeno.

Conocer a sus jugadores, es la tarea más importante de un entrenador. Y esta tarea es mucho más difícil, pues implica renunciar a todo tipo de manipulaciones (como los casos de Hugo y de Cuauhtémoc). Esta persona podrá ser un excelente manipulador, ser listo para aprovechar las desventajas de los otros, muy astuto para sacar provecho de sus relaciones con los informadores, pero siempre será, un pésimo conocedor de la condición humana.

Conocer a nuestros jugadores implica querer comprender su estructura espiritual; y esto implica estar muy atentos a sus gestos, posturas, sentimientos, rasgos de carácter, a lo que hablan y a lo que callan. A un buen conocedor de sus jugadores, le basta un detalle, una expresión y en base a ello, podrá formarse un juicio sólido sobre su estructura espiritual.

Personas como LaVolpe utilizan una fachada para su trato cotidiano. No es preciso que les lleve esto a confundir, ya que ellos mismos creen en dicha fachada, tal y como quieren hacer creer a los demás. Seguros de que ofrecen lo mejor de sí. El jugador ha de ser muy fino de vista y oído para poder llegar a ver la vida interior tras la máscara de confusión y autoconfusión... Y así es como ocurre con LaVolpe en donde quiera que se ha parado y su logro con el Atlante, fue porque la base de ese equipo estaba estructurada por el trabajo de Pepe Camacho... Lo del Atlas es una ficción semejante a la que proponen los comentaristas de la tv. No es necesario ganar para ser buen entrenador... y aquel Atlas no ganó nada.

Hasta pronto amigo.

Como la hay de la virtud. Sí, acertaron, estoy hablando de Antonio LaVolpe

Lo que no entiendo del futbol mexicano. Mientras que acá los jugadores y directores técnicos argentinos son vistos con el respeto que se concede a lo que vale la pena, en Argentina, para los hinchas argentinos, somos una mierda; sí, así lo expresan.

Y nosotros, concedemos aquí a un mal argentino que si es lo que ellos dicen que nosotros somos, el respeto que corresponde a un santo. Hasta cuando va a durar eso. Recién lo han corrido del Toluca y, seguramente aparecerá muy pronto sirviéndole a una directiva de arrastrados sin dignidad.

Si en Argentina, alguien toca a Maradona, se le aplica el anatema y lo queman con leña verde, sin embargo aquí, el bien amado LaVolpe ha ninguneado al mejor líder que ha tenido la Selección Mexicana, Cuauhtémoc Blanco, después de que años antes lo había hecho con otro mexicano ante el cual no le queda otro remedio que hincarse, Hugo Sánchez. En este torneo, no puedo decir inocentes directivos tolucos, pues el calificativo que se merecen es el de estúpidos y malinchistas, lo pusieron al frente del equipo, concediéndole la contratación de un grupo de farsantes que en su tierra ya no tienen nada que hacer, pero que en Toluca son dioses (infernales). El problema ahora es que ¿a quién le van a endilgar tan preciado ramillete?

Ya desde el 2006, a seis meses del Mundial de Alemania, el insoportable bigotón, había creado problemas con sus arrogantes actitudes. Todo estaba ya tranquilo, cuando aparece Ricardo LaVolpe con sus desatinadas declaraciones respecto del caso Carmona Galindo ocurrido durante la Copa Confederaciones en Alemania 2005 y, en el que el manejo del problema fue totalmente nefasto, pudiéndose haber perjudicado muy seriamente al futbol mexicano. Las declaraciones de todos los involucrados llevaron a pensar mil cosas buenas y malas, dando paso a la especulación. De sobra es sabido lo que ocurrió con ambos jugadores.

A pesar de haber vivido esa amarga experiencia, seis meses después, ya casi en Alemania 2006, Sin que nadie se lo pidiera, LaVolpe comparó a Cuauhtémoc Blanco con Zinedine Zidane, Ronaldinho y Deco, dignos líderes de sus equipos, como nadie puede negar que el Cuauh lo haya sido del suyo. Pero, ¿Acaso alguien acá ha comparado a LaVolpe con Mourinho, Guardiola, o Ancceloti, vaya, ni siquiera con Vucetich, porque eso no es posible, ya que no está a la altura de ninguno de ellos y, si en México aún se le sigue dando de comer, es por el enorme apoyo que sus amigos del micrófono le otorgan día a día, llegando a afirmar que para ser buen entrenador no es requisito ganar. Así, sobre esta primicia es que el bigotón continúa viviendo del futbol mexicano, exclusivamente.

Nada hay mejor para la buena relación de un entrenador con sus dirigidos, que el conocimiento del ser humano. Pero paradójicamente, aunque sea lo más redituable, es imposible que seamos buenos conocedores de los demás, si queremos serlo pensando en que nos resultará muy redituable. En el momento en que queramos ser buenos conocedores del corazón humano, por el hecho que de ellos vamos a sacar beneficios económicos o de otro tipo, desde ese momento caerá un velo ante nuestros ojos y no seremos capaces de conocer el corazón ajeno.

Conocer a sus jugadores, es la tarea más importante de un entrenador. Y esta tarea es mucho más difícil, pues implica renunciar a todo tipo de manipulaciones (como los casos de Hugo y de Cuauhtémoc). Esta persona podrá ser un excelente manipulador, ser listo para aprovechar las desventajas de los otros, muy astuto para sacar provecho de sus relaciones con los informadores, pero siempre será, un pésimo conocedor de la condición humana.

Conocer a nuestros jugadores implica querer comprender su estructura espiritual; y esto implica estar muy atentos a sus gestos, posturas, sentimientos, rasgos de carácter, a lo que hablan y a lo que callan. A un buen conocedor de sus jugadores, le basta un detalle, una expresión y en base a ello, podrá formarse un juicio sólido sobre su estructura espiritual.

Personas como LaVolpe utilizan una fachada para su trato cotidiano. No es preciso que les lleve esto a confundir, ya que ellos mismos creen en dicha fachada, tal y como quieren hacer creer a los demás. Seguros de que ofrecen lo mejor de sí. El jugador ha de ser muy fino de vista y oído para poder llegar a ver la vida interior tras la máscara de confusión y autoconfusión... Y así es como ocurre con LaVolpe en donde quiera que se ha parado y su logro con el Atlante, fue porque la base de ese equipo estaba estructurada por el trabajo de Pepe Camacho... Lo del Atlas es una ficción semejante a la que proponen los comentaristas de la tv. No es necesario ganar para ser buen entrenador... y aquel Atlas no ganó nada.

Hasta pronto amigo.