/ domingo 30 de junio de 2019

Homofobia

Después de tres niñas, don Rigoberto y doña Sarita esperaban con ilusión la llegada del varoncito para darle su nombre, el heredero, el futuro administrador de su empresa.

Al fin, después de varias lunas ardientes, su mujer quedó otra vez en estado de “buena esperanza”: La habitación del bebé se decoró de azul, caballito de madera, pelotas, bates, triciclos y patines y, por supuesto, su trajecito de charro como el varonil ambiente del cuarto. La ilusionada espera llegó a su término y Sarita dio a luz un hermoso niño. ¡Es macho!, bramó el padre repartiendo puros entre sus amigos y familiares. Todo era felicidad.

El chamaco fue creciendo con mimos, con cuidados y la aprensión de su madre que lo procuraba en exceso. Era compañero de juegos con sus hermanas y tenía preferencia a los juguetes de niña. Su padre lo observaba rehusando en el pensamiento de que su hijo era diferente. Haciendo “mutis” se desentendió y no lo aceptó. Es “cosa de chamacos”, dijo don Rigoberto, sin darle la menor importancia, y Sarita hizo lo mismo.

En la adolescencia el joven fue objeto de crueles bromas e hirientes comentarios por sus compañeros de clase, porque era diferente y actuaba distinto y nadie intervino para defenderlo. Infinidad de adjetivos hirientes lo hacían llorar a solas y se vio atrapado en sentimientos de miedo e inferioridad perdiendo la confianza en sí mismo. Se hizo retraído, se aisló y cayó en el pozo de la soledad. El “bullying” era insoportable. Un día, al salir al patio de deportes, lo encontraron sus compañeros colgado de un sabino... Había encontrado la puerta falsa...

Lo peor del por sí ya triste suceso, es que no servirá de nada ver a un joven morir víctima de la homofobia. En cualquier escuela, barrio o rico o pobre, quien tiene preferencias sexuales distintas tendrá discriminación y será acosado por los guardianes moralinos porque no caben en normas y reglas de la masculinidad y virilidad. Eso sí, después de la tragedia se montará un altar frente a las rejas del colegio o de su barrio con su fotografía, velas y flores.

La Marcha del Orgullo Gay y la comunidad Lésbica, Gay, Bisexual se llevó a cabo ayer sábado en la Ciudad de México para conmemorar el día del “orgullo” de este grupo social al que tienen derecho como cualquier ser humano. México no se debe quedar fuera de este reclamo universal.

Después de tres niñas, don Rigoberto y doña Sarita esperaban con ilusión la llegada del varoncito para darle su nombre, el heredero, el futuro administrador de su empresa.

Al fin, después de varias lunas ardientes, su mujer quedó otra vez en estado de “buena esperanza”: La habitación del bebé se decoró de azul, caballito de madera, pelotas, bates, triciclos y patines y, por supuesto, su trajecito de charro como el varonil ambiente del cuarto. La ilusionada espera llegó a su término y Sarita dio a luz un hermoso niño. ¡Es macho!, bramó el padre repartiendo puros entre sus amigos y familiares. Todo era felicidad.

El chamaco fue creciendo con mimos, con cuidados y la aprensión de su madre que lo procuraba en exceso. Era compañero de juegos con sus hermanas y tenía preferencia a los juguetes de niña. Su padre lo observaba rehusando en el pensamiento de que su hijo era diferente. Haciendo “mutis” se desentendió y no lo aceptó. Es “cosa de chamacos”, dijo don Rigoberto, sin darle la menor importancia, y Sarita hizo lo mismo.

En la adolescencia el joven fue objeto de crueles bromas e hirientes comentarios por sus compañeros de clase, porque era diferente y actuaba distinto y nadie intervino para defenderlo. Infinidad de adjetivos hirientes lo hacían llorar a solas y se vio atrapado en sentimientos de miedo e inferioridad perdiendo la confianza en sí mismo. Se hizo retraído, se aisló y cayó en el pozo de la soledad. El “bullying” era insoportable. Un día, al salir al patio de deportes, lo encontraron sus compañeros colgado de un sabino... Había encontrado la puerta falsa...

Lo peor del por sí ya triste suceso, es que no servirá de nada ver a un joven morir víctima de la homofobia. En cualquier escuela, barrio o rico o pobre, quien tiene preferencias sexuales distintas tendrá discriminación y será acosado por los guardianes moralinos porque no caben en normas y reglas de la masculinidad y virilidad. Eso sí, después de la tragedia se montará un altar frente a las rejas del colegio o de su barrio con su fotografía, velas y flores.

La Marcha del Orgullo Gay y la comunidad Lésbica, Gay, Bisexual se llevó a cabo ayer sábado en la Ciudad de México para conmemorar el día del “orgullo” de este grupo social al que tienen derecho como cualquier ser humano. México no se debe quedar fuera de este reclamo universal.

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