/ martes 31 de diciembre de 2019

Instante


Mañana 1 de Enero no habrá edición de su periódico favorito “El Sol de Tampico”, y como mi columna se publica los miércoles, me di a la tarea de hurgar en mi archivo electrónico, donde encontré esta perla que me permito compartir con mis tres lectores, si es que el señor Director mi amigo Benito Morante, autoriza su publicación en tiempo adelantado.

Se trata de una metáfora que pretende darle sentido al mandato Divino de ser felices.

Va:

El Ángel llegó a la tierra y aquí se quedó; ya no pudo regresar. Dios lo envió para buscar al hombre probo, inmaculado, sin tacha, a quien entregarle el poder absoluto para reinar sobre los habitantes de nuestro planeta.

No lo encontró.

Subió el Ángel a los montes tibetanos y hurgó entre los lamas, se metió hasta el fondo de la Iglesia, -incluso en el mero Vaticano-, visitó las más prestigiosas logias filosóficas, fue al Islam, estuvo con los hermanos separados, llegó a monasterios y seminarios, mantuvo contacto con sofistas e intelectuales, en fin, buscó al hombre sin mancha por todos los confines de la tierra y de plano no lo halló.

Todos, hasta el más espiritual de los hombres, tenían notorias marcas en el alma que lo convertían en pecador. Nadie estaba a salvo.

Frustrado y más que nada decepcionado de la humanidad, el enviado de Dios tuvo que quedarse en la tierra, pues no podía regresar sin cumplir la encomienda. Se despojó de sus alas y se convirtió en espíritu y se situó en el tiempo al final de cada año.

El Ángel, ahora espíritu de Año Nuevo, se quedó para tocar los más nobles sentimientos de los humanos cada día 31 de Diciembre, en la esperanza de que los propósitos de cada quien, perduren por mucho tiempo en sus intenciones y así se vaya acrisolando el nacimiento del hombre nuevo.

Difícil tarea le encomendó Dios al Ángel, pero gracias a ello, los humanos contamos con él para iniciar cada año una nueva etapa de la vida, cargados de buenos deseos que propicien nuestra conversión para ser mejores hijos de Dios.

Este fin de año, formule usted sus más nobles propósitos y pídale al Ángel que se convirtió en Espíritu, que le conceda la Gracia de la perseverancia, pues aun cuando no reciba como premio gobernar ninguna ínsula en el mundo, seguro se estará ganando el Reino de Dios, que vale más que todos los tesoros conocidos.

Quizá el Ángel no regrese nunca a la región eterna, pero al menos, mientras esté con nosotros, por un milagro salvador, cada año los humanos seremos mejores, aunque sea por un instante.

FELIZ AÑO NUEVO

P.D.- Un año termina y otro comienza, la vida sigue y solo el tiempo podrá detenerla, mientras tanto, seamos felices.

E-mail:

armando_juarezbecerra

@hotmail.com


Mañana 1 de Enero no habrá edición de su periódico favorito “El Sol de Tampico”, y como mi columna se publica los miércoles, me di a la tarea de hurgar en mi archivo electrónico, donde encontré esta perla que me permito compartir con mis tres lectores, si es que el señor Director mi amigo Benito Morante, autoriza su publicación en tiempo adelantado.

Se trata de una metáfora que pretende darle sentido al mandato Divino de ser felices.

Va:

El Ángel llegó a la tierra y aquí se quedó; ya no pudo regresar. Dios lo envió para buscar al hombre probo, inmaculado, sin tacha, a quien entregarle el poder absoluto para reinar sobre los habitantes de nuestro planeta.

No lo encontró.

Subió el Ángel a los montes tibetanos y hurgó entre los lamas, se metió hasta el fondo de la Iglesia, -incluso en el mero Vaticano-, visitó las más prestigiosas logias filosóficas, fue al Islam, estuvo con los hermanos separados, llegó a monasterios y seminarios, mantuvo contacto con sofistas e intelectuales, en fin, buscó al hombre sin mancha por todos los confines de la tierra y de plano no lo halló.

Todos, hasta el más espiritual de los hombres, tenían notorias marcas en el alma que lo convertían en pecador. Nadie estaba a salvo.

Frustrado y más que nada decepcionado de la humanidad, el enviado de Dios tuvo que quedarse en la tierra, pues no podía regresar sin cumplir la encomienda. Se despojó de sus alas y se convirtió en espíritu y se situó en el tiempo al final de cada año.

El Ángel, ahora espíritu de Año Nuevo, se quedó para tocar los más nobles sentimientos de los humanos cada día 31 de Diciembre, en la esperanza de que los propósitos de cada quien, perduren por mucho tiempo en sus intenciones y así se vaya acrisolando el nacimiento del hombre nuevo.

Difícil tarea le encomendó Dios al Ángel, pero gracias a ello, los humanos contamos con él para iniciar cada año una nueva etapa de la vida, cargados de buenos deseos que propicien nuestra conversión para ser mejores hijos de Dios.

Este fin de año, formule usted sus más nobles propósitos y pídale al Ángel que se convirtió en Espíritu, que le conceda la Gracia de la perseverancia, pues aun cuando no reciba como premio gobernar ninguna ínsula en el mundo, seguro se estará ganando el Reino de Dios, que vale más que todos los tesoros conocidos.

Quizá el Ángel no regrese nunca a la región eterna, pero al menos, mientras esté con nosotros, por un milagro salvador, cada año los humanos seremos mejores, aunque sea por un instante.

FELIZ AÑO NUEVO

P.D.- Un año termina y otro comienza, la vida sigue y solo el tiempo podrá detenerla, mientras tanto, seamos felices.

E-mail:

armando_juarezbecerra

@hotmail.com

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