/ lunes 4 de febrero de 2019

La banca de los siete sabios

En la segunda banca de la Plaza de Armas, en frente del Casino Tampiqueño viejo, de lunes a viernes al caer la tarde, iban llegando uno a uno los amigos de "La banca de los siete sabios", llamada así por los legendarios siete sabios de la antigua Grecia que tenían en común denominador su cultura, sus conocimientos y su inteligencia.

Médicos, abogados, comerciantes, empresarios, ganaderos, maestros y un Coronel desmenuzaban la noticia del día, el tema político y social, sucesos de actualidad que fueran trascendentes para la vida de Tampico y del país entero. Critica acalorada, cátedras culturales, opiniones encontradas, anécdotas, risas y serios análisis se discutían en un ambiente de camaradería. Pleitos sin importancia de amigos inteligentes incapaces de mezclar una opinión con algo personal ya que eran, ante todo, caballeros.

Discutiendo en voz alta, de pie y enfrente de sus cortertulios como dando cátedra, como dirigiendo un coro con ademanes y gestos, mi padre llevaba casi siempre la voz cantante.

Don Ramón Fusco blandía enérgico su bastón acentuando su opinión ante la mirada seria y solemne del doctor Matienzo.

Don Pancho Pumarejo, Guillermo Peña, Salvador del Río, Joaquín Argüelles, Alberto Rodríguez, Antonio Fusco, Joaquín Alava, Alberto Aragón, León F. Gual, Guillermo Herrera y el más joven de todos, el culto y preparado Profesor Antonio Centeno y muchísimos más que durante casi cuarenta años compartieron el día a día con amigos entrañables. Se cuentan muchas anécdotas, algunas de ellas de antología.

Poco a poco fueron rindiendo tributo a la tierra dejando su lugar a otros amigos que siguieron reuniéndose hasta que un día la "La banca de los siete sabios" se quedó vacía dejando un recuerdo inolvidable que los coloca en un lugar de privilegio en la memoria y sobre todo en la historia de un Tampico que añoramos y amamos.

Hace ya muchos años, un presidente municipal de Tampico, de cuyo nombre no quiero acordarme, pensó ponerle una placa a la famosa banca que decía: "Aquí se sentaban los siete sabios de Tampico". Se llevaron la banca para darle una "manita" y apareció años después desvencijada en las bodegas del Palacio Municipal.

Como dijo nuestro Octavio Paz, "Un pueblo sin memoria y sin historia, está perdido".

En la segunda banca de la Plaza de Armas, en frente del Casino Tampiqueño viejo, de lunes a viernes al caer la tarde, iban llegando uno a uno los amigos de "La banca de los siete sabios", llamada así por los legendarios siete sabios de la antigua Grecia que tenían en común denominador su cultura, sus conocimientos y su inteligencia.

Médicos, abogados, comerciantes, empresarios, ganaderos, maestros y un Coronel desmenuzaban la noticia del día, el tema político y social, sucesos de actualidad que fueran trascendentes para la vida de Tampico y del país entero. Critica acalorada, cátedras culturales, opiniones encontradas, anécdotas, risas y serios análisis se discutían en un ambiente de camaradería. Pleitos sin importancia de amigos inteligentes incapaces de mezclar una opinión con algo personal ya que eran, ante todo, caballeros.

Discutiendo en voz alta, de pie y enfrente de sus cortertulios como dando cátedra, como dirigiendo un coro con ademanes y gestos, mi padre llevaba casi siempre la voz cantante.

Don Ramón Fusco blandía enérgico su bastón acentuando su opinión ante la mirada seria y solemne del doctor Matienzo.

Don Pancho Pumarejo, Guillermo Peña, Salvador del Río, Joaquín Argüelles, Alberto Rodríguez, Antonio Fusco, Joaquín Alava, Alberto Aragón, León F. Gual, Guillermo Herrera y el más joven de todos, el culto y preparado Profesor Antonio Centeno y muchísimos más que durante casi cuarenta años compartieron el día a día con amigos entrañables. Se cuentan muchas anécdotas, algunas de ellas de antología.

Poco a poco fueron rindiendo tributo a la tierra dejando su lugar a otros amigos que siguieron reuniéndose hasta que un día la "La banca de los siete sabios" se quedó vacía dejando un recuerdo inolvidable que los coloca en un lugar de privilegio en la memoria y sobre todo en la historia de un Tampico que añoramos y amamos.

Hace ya muchos años, un presidente municipal de Tampico, de cuyo nombre no quiero acordarme, pensó ponerle una placa a la famosa banca que decía: "Aquí se sentaban los siete sabios de Tampico". Se llevaron la banca para darle una "manita" y apareció años después desvencijada en las bodegas del Palacio Municipal.

Como dijo nuestro Octavio Paz, "Un pueblo sin memoria y sin historia, está perdido".

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