/ miércoles 6 de marzo de 2019

La deconstrucción enésima de Atom Egoyan

En el cuento La carta robada, de Edgar Allan Poe, el motivo del relato es encontrar una carta que hurtó un hombre.

Después de buscar por todos lados, el detective Dupin descubre que el sujeto siempre ha tenido la misiva a la vista de todos. De igual manera, Atom Egoyan plantea en su filme Cautiva (The captive)/ Canadá- 2014 un asunto evidente desde el principio sin cortapisas: el secuestro de la niña Cass en las narices del padre/ Ryan Reynolds cuando éste la deja sola en la camioneta mientras va a comprar a una tienda.

Si en Exótica/ 1994 Egoyan hizo protagonista encomiable a la deconstrucción (la anulación de la narración lineal) con la música envolvente de Prokofiev para dilucidar en inteligentes flasback el destino/ origen de los personajes, en Cautiva acude a la alinealidad para contar los ocho años de la desaparición de la niña, pero con un andamiaje a ratos confuso donde parece imperar el prurito de la petulancia estética sobre el desmenuzamiento de un guion estructurado en thriller sicológico.

Los temas tan caros a Egoyan están reiterados en este filme: la pérdida de la inocencia, la muerte como asfixia existencial, la perturbación mental, el vouyerismo electrónico. El secuestrador/ Kevin Durand no está distanciado del sicópata de Felicias´s journey/ 1999 (filme donde Egoyan empleó con sorprendente efectividad al cómico inglés Bob Hoskins) en cuanto al uso del monitor cibernético para espiar a sus víctimas. Pero en Cautiva hay un desangelado pulso narrativo solo soportable por el preciosismo de los paisajes nevados de Ontario y una agotada embestida de los saltos temporales con ciertos arriesgues como el acercar visualmente a la víctima – y al victimario - con sus padres. Y más aún: el inesperado protagonismo de la policía Nicole/ Rosario Dawson

Si bien el uso de Cass como gancho para otros secuestros es, de facto, una mirada dura sobre este fenómeno o mal social, Egoyan lo hace con poca inspiración y queda más bien como una trama de telefilme. En este punto queda a años luz del vigor y crudeza alcanzados por su compatriota Denis Villeneuve en Intriga (Prisoners)/ 2013.

En la premisa del discurso (manipulación del tiempo en los sucesos) Egoyan muestra la debilidad de su apuesta visual ante subtramas donde en realidad está la pepita de oro: la relación rota y dolorosa de los padres de Cass ante su desaparición. En este sentido, lo que en Dulce porvenir (The sweet hereafter)/ 1997 ganó (la reflexión honda ante el duelo por la pérdida de un hijo), Egoyan lo pierde en esta cinta que evidencia a un cineasta en franco declive…

En el cuento La carta robada, de Edgar Allan Poe, el motivo del relato es encontrar una carta que hurtó un hombre.

Después de buscar por todos lados, el detective Dupin descubre que el sujeto siempre ha tenido la misiva a la vista de todos. De igual manera, Atom Egoyan plantea en su filme Cautiva (The captive)/ Canadá- 2014 un asunto evidente desde el principio sin cortapisas: el secuestro de la niña Cass en las narices del padre/ Ryan Reynolds cuando éste la deja sola en la camioneta mientras va a comprar a una tienda.

Si en Exótica/ 1994 Egoyan hizo protagonista encomiable a la deconstrucción (la anulación de la narración lineal) con la música envolvente de Prokofiev para dilucidar en inteligentes flasback el destino/ origen de los personajes, en Cautiva acude a la alinealidad para contar los ocho años de la desaparición de la niña, pero con un andamiaje a ratos confuso donde parece imperar el prurito de la petulancia estética sobre el desmenuzamiento de un guion estructurado en thriller sicológico.

Los temas tan caros a Egoyan están reiterados en este filme: la pérdida de la inocencia, la muerte como asfixia existencial, la perturbación mental, el vouyerismo electrónico. El secuestrador/ Kevin Durand no está distanciado del sicópata de Felicias´s journey/ 1999 (filme donde Egoyan empleó con sorprendente efectividad al cómico inglés Bob Hoskins) en cuanto al uso del monitor cibernético para espiar a sus víctimas. Pero en Cautiva hay un desangelado pulso narrativo solo soportable por el preciosismo de los paisajes nevados de Ontario y una agotada embestida de los saltos temporales con ciertos arriesgues como el acercar visualmente a la víctima – y al victimario - con sus padres. Y más aún: el inesperado protagonismo de la policía Nicole/ Rosario Dawson

Si bien el uso de Cass como gancho para otros secuestros es, de facto, una mirada dura sobre este fenómeno o mal social, Egoyan lo hace con poca inspiración y queda más bien como una trama de telefilme. En este punto queda a años luz del vigor y crudeza alcanzados por su compatriota Denis Villeneuve en Intriga (Prisoners)/ 2013.

En la premisa del discurso (manipulación del tiempo en los sucesos) Egoyan muestra la debilidad de su apuesta visual ante subtramas donde en realidad está la pepita de oro: la relación rota y dolorosa de los padres de Cass ante su desaparición. En este sentido, lo que en Dulce porvenir (The sweet hereafter)/ 1997 ganó (la reflexión honda ante el duelo por la pérdida de un hijo), Egoyan lo pierde en esta cinta que evidencia a un cineasta en franco declive…

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