/ lunes 2 de diciembre de 2019

La esperanza

Si salimos a las calles y nos topamos con gente grosera y mal educada; si vamos en automóvil y los que vienen detrás nos agreden a claxonazos urgiéndonos a avanzar; si los malos comerciantes se aprovechan y suben el precio de sus productos; si vemos cómo florecen como moho en un ambiente húmedo las lacras de la intolerancia económica y política.

De qué manera mostrarse positivos u optimistas –no es lo mismo-, si pese al mantenimiento de los indicadores de nuestra economía reflejado en el peso y el precio estable de las gasolinas, por motivos individuales o de grupo existe resistencia a la manera en que se llevan a cabo los planes para controlar la corrupción y el saneamiento del país, que es una forma de reanimar la economía.

¿Por qué tener razones para desear una Feliz Navidad este diciembre, después de lo anteriormente aseverado? Esa es la pregunta. Y mi respuesta es que debemos celebrar el espíritu navideño por una simple y sencilla razón: existe la esperanza. La esperanza por lo que creemos que mañana será mejor que hoy, que la gente es buena y la animan buenos motivos.

NOTA DE DÍA.- Lo ideal de cualquier gobierno es poseer una serie de virtudes como son, en primer lugar, la prudencia, seguido por la justicia, la fortaleza y la templanza. Si se me diera a elegir escogería, sin dudarlo, la primera. ¿Por que la prudencia? Simple y sencillamente porque es la facultad que nos hace prever faltas y peligros, sinónimo de una vida mejor y placentera. Séneca dijo: “el hombre prudente es templado, el que es templado es constante, el que es constante no experimenta turbaciones y no siente tristeza; el que no siente tristeza es feliz y la prudencia le basta para labrar la felicidad”. Un país, un grupo, que es encabezado por un individuo prudente, que calibra y mide los riesgos y peligros en función de lo mejor para la sociedad en su conjunto, que en vez de reaccionar, enfrenta con inteligencia y oportunidad las crisis que inevitablemente en toda administración se presentan, generalmente da lugar a ciudadanos que se distinguen por su valor, honestidad, honradez y amor a la justicia, entre otras buenas cualidades.

Lo ideal de cualquier gobierno es poseer una serie de virtudes como son, en primer lugar, la prudencia, seguido por la justicia, la fortaleza y la templanza

Si salimos a las calles y nos topamos con gente grosera y mal educada; si vamos en automóvil y los que vienen detrás nos agreden a claxonazos urgiéndonos a avanzar; si los malos comerciantes se aprovechan y suben el precio de sus productos; si vemos cómo florecen como moho en un ambiente húmedo las lacras de la intolerancia económica y política.

De qué manera mostrarse positivos u optimistas –no es lo mismo-, si pese al mantenimiento de los indicadores de nuestra economía reflejado en el peso y el precio estable de las gasolinas, por motivos individuales o de grupo existe resistencia a la manera en que se llevan a cabo los planes para controlar la corrupción y el saneamiento del país, que es una forma de reanimar la economía.

¿Por qué tener razones para desear una Feliz Navidad este diciembre, después de lo anteriormente aseverado? Esa es la pregunta. Y mi respuesta es que debemos celebrar el espíritu navideño por una simple y sencilla razón: existe la esperanza. La esperanza por lo que creemos que mañana será mejor que hoy, que la gente es buena y la animan buenos motivos.

NOTA DE DÍA.- Lo ideal de cualquier gobierno es poseer una serie de virtudes como son, en primer lugar, la prudencia, seguido por la justicia, la fortaleza y la templanza. Si se me diera a elegir escogería, sin dudarlo, la primera. ¿Por que la prudencia? Simple y sencillamente porque es la facultad que nos hace prever faltas y peligros, sinónimo de una vida mejor y placentera. Séneca dijo: “el hombre prudente es templado, el que es templado es constante, el que es constante no experimenta turbaciones y no siente tristeza; el que no siente tristeza es feliz y la prudencia le basta para labrar la felicidad”. Un país, un grupo, que es encabezado por un individuo prudente, que calibra y mide los riesgos y peligros en función de lo mejor para la sociedad en su conjunto, que en vez de reaccionar, enfrenta con inteligencia y oportunidad las crisis que inevitablemente en toda administración se presentan, generalmente da lugar a ciudadanos que se distinguen por su valor, honestidad, honradez y amor a la justicia, entre otras buenas cualidades.

Lo ideal de cualquier gobierno es poseer una serie de virtudes como son, en primer lugar, la prudencia, seguido por la justicia, la fortaleza y la templanza

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