/ domingo 9 de septiembre de 2018

La fiesta de Covadonga

Hace ya muchos años, las familias de la colonia española y los tampiqueños se unían para festejar por todo lo alto la más grande fiesta de la Madre Patria. Ese día, se celebraba en la Catedral una misa solemne precedida por el Obispo y la plana mayor eclesiástica. Hermosa lucía la Virgen de Covadonga en el altar mayo entre claveles rojos y amarillos. Las banderas de México y España se inclinaban solemnes en el momento de la eucaristía y la mar- cha real española se escuchaba con gran emoción.

Después de la misa, en los hermosos salones de antiguo Centro Español se llevaba a cabo un espléndido banquete. Peinetas, mantones y claveles, lucían garbosas las damas de la colonia española. Concurso de trajes regionales entre los niños y bailables de las diferentes provincias daban un ambiente de color y fiesta. A la Reina de la Covadonga de ese año, se le imponía una hermosa banda con los colores de la bandera y el escudo de España. Embajadora y madrinas de todos los clubs sociales del puerto desfilaban luciendo hermosos vestidos.

El viejo Centro Español de la calle Colón esquina con Díaz Mirón, se vestía de gran gala. Se prendían sus hermosos candiles y en la terraza se colgaban faroles de colores. Las mejores orquestas de Tampico amenizaban el baile. Se cerraba el tránsito la calle Colón y se convertía en una animadísima taberna.

Se servían churros, horchatas, bocadillos, riquísimas tortitas de papa y no podía faltar la espléndida tómbola atendida por los hijos de los socios.

Grupos de amigos coreando viejas coplas, jotas y pasos dobles que ambientaban una fiesta maravillosa, en donde los tampiqueños y españoles se hermanaban para festejar juntos la Fiesta de Covadonga. Difícil de olvidar a don Antonio y Tere Ibargüengoitia bailando una jota vasca emocionante a la que se unían sus hijos y nietos. ¡Una maravilla!

Inolvidable Fiesta de Covadonga que ha quedado en el re- cuerdo y que aunque se sigue celebrando en el Deportivo Español, ya nunca será lo mismo. Hoy, es una fiesta más íntima más privada, pero bella, siempre bella y los que la vivimos en todo su esplendor la recordaremos siempre con un poco de nostalgia y añoranza...

Hace ya muchos años, las familias de la colonia española y los tampiqueños se unían para festejar por todo lo alto la más grande fiesta de la Madre Patria. Ese día, se celebraba en la Catedral una misa solemne precedida por el Obispo y la plana mayor eclesiástica. Hermosa lucía la Virgen de Covadonga en el altar mayo entre claveles rojos y amarillos. Las banderas de México y España se inclinaban solemnes en el momento de la eucaristía y la mar- cha real española se escuchaba con gran emoción.

Después de la misa, en los hermosos salones de antiguo Centro Español se llevaba a cabo un espléndido banquete. Peinetas, mantones y claveles, lucían garbosas las damas de la colonia española. Concurso de trajes regionales entre los niños y bailables de las diferentes provincias daban un ambiente de color y fiesta. A la Reina de la Covadonga de ese año, se le imponía una hermosa banda con los colores de la bandera y el escudo de España. Embajadora y madrinas de todos los clubs sociales del puerto desfilaban luciendo hermosos vestidos.

El viejo Centro Español de la calle Colón esquina con Díaz Mirón, se vestía de gran gala. Se prendían sus hermosos candiles y en la terraza se colgaban faroles de colores. Las mejores orquestas de Tampico amenizaban el baile. Se cerraba el tránsito la calle Colón y se convertía en una animadísima taberna.

Se servían churros, horchatas, bocadillos, riquísimas tortitas de papa y no podía faltar la espléndida tómbola atendida por los hijos de los socios.

Grupos de amigos coreando viejas coplas, jotas y pasos dobles que ambientaban una fiesta maravillosa, en donde los tampiqueños y españoles se hermanaban para festejar juntos la Fiesta de Covadonga. Difícil de olvidar a don Antonio y Tere Ibargüengoitia bailando una jota vasca emocionante a la que se unían sus hijos y nietos. ¡Una maravilla!

Inolvidable Fiesta de Covadonga que ha quedado en el re- cuerdo y que aunque se sigue celebrando en el Deportivo Español, ya nunca será lo mismo. Hoy, es una fiesta más íntima más privada, pero bella, siempre bella y los que la vivimos en todo su esplendor la recordaremos siempre con un poco de nostalgia y añoranza...

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