/ domingo 12 de abril de 2020

La flor de la parábola

1.- CENTURIÓN Aquel hombre era el Comandante de un centenar de soldados del orgulloso Imperio Romano. En un recodo del camino polvoriento esperó pacientemente al Maestro y en cuanto pudo acercarse a Él le comentó sobre un sirviente suyo, que estaba enfermo. Un tanto extrañado, por tratarse de un soldado de alto rango, Jesús le dijo que más tarde iría a su casa para verlo.

El Centurión le respondió tranquilo que eso no era necesario. Que le bastaba que dijera una palabra y que su sirviente se aliviaría. Y lo afirmó con tanta seguridad, que El Rabí le contestó que regresara a su casa y que su criado estaría curado, tal como lo había pedido.

Él volteó enseguida a ver a sus discípulos y les dijo que no había encontrado tanta fe, ni siquiera entre los hijos de Israel.

A veces recibimos respuestas que no esperamos, de quienes pensamos que sólo saben hacer preguntas.

2.- PILATOS

¿Qué es la verdad? Le dijo el Gobernador presumido con aires de escepticismo, a Jesús. Calló el Maestro. Él, que había dicho que era “el Camino, la Verdad y la Vida”, permaneció en silencio. Y lo hizo porque se dio cuenta que la autoridad no quería tener una respuesta realmente, sino sólo dejar bien claro quién tenía el poder

Ante su negativa de hablar, Pilatos le preguntó entonces a Jesús si se daba cuenta que tenía el poder de soltarlo o encarcelarlo. A lo que Jesús le contestó: “no tendrías ese poder, si no te hubiera sido dado desde lo Alto” Y entonces Pilatos fue el que calló.

Quien tenga oídos que escuche, dice el Libro Santo. Lo que muchos parecen ignorar. Pero que es verdad.

3.- HERODES

Pilatos, Gobernador de Judea, no deseaba tener parte en el enjuiciamiento de Jesús. Así que para deshacerse de Él lo envió a Herodes, que era Tetrarca de la región de Galilea, de donde era originario el enjuiciado, para que se hiciera cargo.

Herodes, hijo de aquel otro que había intentado asesinarlo cuando era Niño, lo recibió con una sonrisa grotesca y curiosidad malsana más que con interés, y comenzó a verlo de una forma burlona como a un objeto de entretenimiento, rodeándolo inquisitivo y pidiéndole hiciera un milagro sólo para exhibirlo. Pero Él simplemente calló.

Siempre me ha intrigado, desde que era estudiante, porque no dijo una palabra. A Pilatos le contestó. A Herodes, en absoluto. Quizás sea porque no soportaba a los presuntuosos.

Viendo que no lograba nada de quien esperaba diversión, mandó que le pusieran un manto rojo, como el que le ponían a los locos y lo regresó con el Gobernador.

Cuando el necio habla, el cuerdo calla. Aunque aquel piense que éste es un loco.

4.- MANDATO

Arrodillado ante sus discípulos, que antes le habían proclamado Mesías, el Hijo de Dios Vivo, muy a pesar de los reclamos de alguno de ellos, lavó los pies de sus amigos, los besó y les hizo esta reflexión: “Si a ustedes que son mis discípulos y me llaman Maestro y lo soy, lavé y besé sus pies… ¿Qué deberán hacer un día con los suyos?”

Todos guardaron asertivo silencio, porque comprendían lo que Él quería decirles, y de lo cual además les dio un ejemplo. Deberían hacer lo mismo, amar al prójimo como a sí mismos, como el samaritano de la parábola, que tuvo misericordia con un hombre herido, al que ni siquiera conocía.

Y entonces vino el Mandato. Vayan pues ustedes y hagan otro tanto. Algo que a menudo olvidamos.

5.- INCRÉDULO

Tomás no estaba presente la primera vez que los visitó el Resucitado. Cuando sus amigos asombrados se lo contaron, él desconfiado les dijo que mientras no palpara personalmente las heridas del Maestro, no creería.

La siguiente vez que Cristo los visitó, llamó al suspicaz y le pidió tocara el hueco de sus heridas. Tomás sólo pudo decir: “Señor Mío, y Dios mío”. A lo que el Señor le dijo: “ y no seas incrédulo, sino fiel”

Es cierto. Muchos creemos en Jesús. Pero no le creemos a Jesús. Y esa es la diferencia.


LA FLOR EN LA PARÁBOLA.


--

“…como oveja llevada al matadero

enmudeció…no abrió la boca

ante sus trasquiladores….”

Isaías, 53.7

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Rubén Núñez de Cáceres V.


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“…como oveja llevada al matadero

enmudeció…no abrió la boca

ante sus trasquiladores...”

Isaías, 53.7


1.- CENTURIÓN Aquel hombre era el Comandante de un centenar de soldados del orgulloso Imperio Romano. En un recodo del camino polvoriento esperó pacientemente al Maestro y en cuanto pudo acercarse a Él le comentó sobre un sirviente suyo, que estaba enfermo. Un tanto extrañado, por tratarse de un soldado de alto rango, Jesús le dijo que más tarde iría a su casa para verlo.

El Centurión le respondió tranquilo que eso no era necesario. Que le bastaba que dijera una palabra y que su sirviente se aliviaría. Y lo afirmó con tanta seguridad, que El Rabí le contestó que regresara a su casa y que su criado estaría curado, tal como lo había pedido.

Él volteó enseguida a ver a sus discípulos y les dijo que no había encontrado tanta fe, ni siquiera entre los hijos de Israel.

A veces recibimos respuestas que no esperamos, de quienes pensamos que sólo saben hacer preguntas.

2.- PILATOS

¿Qué es la verdad? Le dijo el Gobernador presumido con aires de escepticismo, a Jesús. Calló el Maestro. Él, que había dicho que era “el Camino, la Verdad y la Vida”, permaneció en silencio. Y lo hizo porque se dio cuenta que la autoridad no quería tener una respuesta realmente, sino sólo dejar bien claro quién tenía el poder

Ante su negativa de hablar, Pilatos le preguntó entonces a Jesús si se daba cuenta que tenía el poder de soltarlo o encarcelarlo. A lo que Jesús le contestó: “no tendrías ese poder, si no te hubiera sido dado desde lo Alto” Y entonces Pilatos fue el que calló.

Quien tenga oídos que escuche, dice el Libro Santo. Lo que muchos parecen ignorar. Pero que es verdad.

3.- HERODES

Pilatos, Gobernador de Judea, no deseaba tener parte en el enjuiciamiento de Jesús. Así que para deshacerse de Él lo envió a Herodes, que era Tetrarca de la región de Galilea, de donde era originario el enjuiciado, para que se hiciera cargo.

Herodes, hijo de aquel otro que había intentado asesinarlo cuando era Niño, lo recibió con una sonrisa grotesca y curiosidad malsana más que con interés, y comenzó a verlo de una forma burlona como a un objeto de entretenimiento, rodeándolo inquisitivo y pidiéndole hiciera un milagro sólo para exhibirlo. Pero Él simplemente calló.

Siempre me ha intrigado, desde que era estudiante, porque no dijo una palabra. A Pilatos le contestó. A Herodes, en absoluto. Quizás sea porque no soportaba a los presuntuosos.

Viendo que no lograba nada de quien esperaba diversión, mandó que le pusieran un manto rojo, como el que le ponían a los locos y lo regresó con el Gobernador.

Cuando el necio habla, el cuerdo calla. Aunque aquel piense que éste es un loco.

4.- MANDATO

Arrodillado ante sus discípulos, que antes le habían proclamado Mesías, el Hijo de Dios Vivo, muy a pesar de los reclamos de alguno de ellos, lavó los pies de sus amigos, los besó y les hizo esta reflexión: “Si a ustedes que son mis discípulos y me llaman Maestro y lo soy, lavé y besé sus pies… ¿Qué deberán hacer un día con los suyos?”

Todos guardaron asertivo silencio, porque comprendían lo que Él quería decirles, y de lo cual además les dio un ejemplo. Deberían hacer lo mismo, amar al prójimo como a sí mismos, como el samaritano de la parábola, que tuvo misericordia con un hombre herido, al que ni siquiera conocía.

Y entonces vino el Mandato. Vayan pues ustedes y hagan otro tanto. Algo que a menudo olvidamos.

5.- INCRÉDULO

Tomás no estaba presente la primera vez que los visitó el Resucitado. Cuando sus amigos asombrados se lo contaron, él desconfiado les dijo que mientras no palpara personalmente las heridas del Maestro, no creería.

La siguiente vez que Cristo los visitó, llamó al suspicaz y le pidió tocara el hueco de sus heridas. Tomás sólo pudo decir: “Señor Mío, y Dios mío”. A lo que el Señor le dijo: “ y no seas incrédulo, sino fiel”

Es cierto. Muchos creemos en Jesús. Pero no le creemos a Jesús. Y esa es la diferencia.


LA FLOR EN LA PARÁBOLA.


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“…como oveja llevada al matadero

enmudeció…no abrió la boca

ante sus trasquiladores….”

Isaías, 53.7

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Rubén Núñez de Cáceres V.


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“…como oveja llevada al matadero

enmudeció…no abrió la boca

ante sus trasquiladores...”

Isaías, 53.7


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