/ domingo 13 de enero de 2019

La vida: instrucciones para su uso

Un filósofo preguntó a un pescador que para qué pescaba, “Para vender el pescado y así poder vivir ”, contestó el pescador. “¿Y para qué quieres vivir?, replicó el filósofo.

“Para pescar, contestó el pescador…” G. Papini. Un notable profesor de filosofía de la Universidad de Turín, Gianni Vattimo, piensa que la causa principal del desencanto que viven los jóvenes frente a los retos que la vida les ofrece, se ha debido en gran medida a que los colegios y universidades han eliminado de sus planes de estudio a las disciplinas filosóficas, argumentando erróneamente su bajo sentido práctico para las carreras profesionales no humanísticas.

Más de alguno podría pensar que es lógico que este ilustre académico italiano afirme eso, dado que esa es la materia que él imparte ( y con gran éxito, por cierto). Pero es evidente que su idea y el significado que quiere dar a su reflexión filosófica es muy diferente del que generalmente se pretendería darle.

Enseñar filosofía no es hacer que los estudiantes aprendan a repetir textos antiguos, medievales o modernos de ilustres pensadores, que sin duda han dejado huella en la historia con sus teorías sobre el conocimiento, la moral y su concepción del mundo en que vivimos. No es hacer que conozcan a Platón, Aristóteles o Sócrates y sepan distinguir entre lo que dijo Kant o Hegel y Descartes. Y no porque eso sea irrelevante, sino porque es algo más que eso.

Filosofar es profundizar sobre lo que el razonamiento mismo ha significado para todos, en orden a darle el sentido que queramos darle a nuestra vida. Es proponernos pensar en que, cualquiera sea el contenido de lo que estudiemos, tendrá la dimensión, rica o pobre, que sepamos darle como seres pensantes, sintientes y querientes, en un mundo que espera no seamos simples espectadores de él, sino que pensemos decididamente qué hacer con la aportación que podemos y debemos darle a su crecimiento.

Enseñar filosofía es acompañar a alguien a encontrar el nombre justo de la vida, a que descubra por sí mismo la razón final de su lucha por trascender y entienda que su existir no es una pasión inútil como algunos han pensado. Es ayudar a otros en la búsqueda por comprender la razón de su presencia en el mundo, su origen y su destino. Y saber ciega y claramente, como dijo Séneca, que para “quién no sabe a dónde va, cualquier viento es desfavorable” Precisamente y a ese respecto, otro célebre filósofo italiano, Benedetto Croce, afirmó también que afanados por el simple deseo de informarnos y conocer, nos hemos olvidado de encontrar la sabiduría que en todo ello se puede encontrar, lo que hace que al final del día acabe por hacer frívolo el conocimiento mismo.

Y que la insatisfacción que a menudo encontramos en nuestra vida se debe a que no nos hemos preocupado por diseñar las propias instrucciones para su uso y la dilapidamos neciamente, y en el mejor de los casos permitimos que otros nos las diseñen, para así poder culpar a los demás de nuestras desilusiones al enfrentarla.

Pero la vida no es un objeto que adquirimos y debe ser armado para que sea funcional y para el que se requiere un instructivo. Nuestra vida es un escenario en el que cada quién, como ser único e irrepetible, puede ser capaz y debe diseñar sus propios guiones con su libre albedrío. Y además, hacerse consciente y responsable de su propia actuación y no simplemente culpar a los otros intérpretes. Y así al final del día, llegar a ser, como afirman las constructivistas, “el intérprete activo de sus propias experiencias” (Piaget). Y cada quién, como dice el poeta, “ser el arquitecto de su propio destino”

En realidad la vida no tiene otro sentido que el que nosotros queramos darle. Pero eso sí, todo lo que hagamos será finalmente cargado a nuestra cuenta personal. Nuestro balance definitivo no será de cuánto habremos acumulado, sino de cuánto aprendimos para hacer de ella una aventura maravillosa, pero con sentido.

Tal vez por eso sea importante internalizar profunda en nuestro pensamiento, aquella frase de Emma Godoy, nuestra notable poetisa: “Si sólo vivimos una vez, ¿no valdría la pena hacer de nuestra vida una obra de arte? Charles Chaplin afirmó que “nuestra vida es tan importante que no es justo que la hagamos intrascendente” Y Mark Twain, el genial escritor, dijo en una ocasión a sus amigos: “Sólo guardo dos fechas importantes en mi vida: el día que nací y el día que supe para qué…” Porque finalmente ese descubrimiento constituye nuestra esperanza.

Un filósofo preguntó a un pescador que para qué pescaba, “Para vender el pescado y así poder vivir ”, contestó el pescador. “¿Y para qué quieres vivir?, replicó el filósofo.

“Para pescar, contestó el pescador…” G. Papini. Un notable profesor de filosofía de la Universidad de Turín, Gianni Vattimo, piensa que la causa principal del desencanto que viven los jóvenes frente a los retos que la vida les ofrece, se ha debido en gran medida a que los colegios y universidades han eliminado de sus planes de estudio a las disciplinas filosóficas, argumentando erróneamente su bajo sentido práctico para las carreras profesionales no humanísticas.

Más de alguno podría pensar que es lógico que este ilustre académico italiano afirme eso, dado que esa es la materia que él imparte ( y con gran éxito, por cierto). Pero es evidente que su idea y el significado que quiere dar a su reflexión filosófica es muy diferente del que generalmente se pretendería darle.

Enseñar filosofía no es hacer que los estudiantes aprendan a repetir textos antiguos, medievales o modernos de ilustres pensadores, que sin duda han dejado huella en la historia con sus teorías sobre el conocimiento, la moral y su concepción del mundo en que vivimos. No es hacer que conozcan a Platón, Aristóteles o Sócrates y sepan distinguir entre lo que dijo Kant o Hegel y Descartes. Y no porque eso sea irrelevante, sino porque es algo más que eso.

Filosofar es profundizar sobre lo que el razonamiento mismo ha significado para todos, en orden a darle el sentido que queramos darle a nuestra vida. Es proponernos pensar en que, cualquiera sea el contenido de lo que estudiemos, tendrá la dimensión, rica o pobre, que sepamos darle como seres pensantes, sintientes y querientes, en un mundo que espera no seamos simples espectadores de él, sino que pensemos decididamente qué hacer con la aportación que podemos y debemos darle a su crecimiento.

Enseñar filosofía es acompañar a alguien a encontrar el nombre justo de la vida, a que descubra por sí mismo la razón final de su lucha por trascender y entienda que su existir no es una pasión inútil como algunos han pensado. Es ayudar a otros en la búsqueda por comprender la razón de su presencia en el mundo, su origen y su destino. Y saber ciega y claramente, como dijo Séneca, que para “quién no sabe a dónde va, cualquier viento es desfavorable” Precisamente y a ese respecto, otro célebre filósofo italiano, Benedetto Croce, afirmó también que afanados por el simple deseo de informarnos y conocer, nos hemos olvidado de encontrar la sabiduría que en todo ello se puede encontrar, lo que hace que al final del día acabe por hacer frívolo el conocimiento mismo.

Y que la insatisfacción que a menudo encontramos en nuestra vida se debe a que no nos hemos preocupado por diseñar las propias instrucciones para su uso y la dilapidamos neciamente, y en el mejor de los casos permitimos que otros nos las diseñen, para así poder culpar a los demás de nuestras desilusiones al enfrentarla.

Pero la vida no es un objeto que adquirimos y debe ser armado para que sea funcional y para el que se requiere un instructivo. Nuestra vida es un escenario en el que cada quién, como ser único e irrepetible, puede ser capaz y debe diseñar sus propios guiones con su libre albedrío. Y además, hacerse consciente y responsable de su propia actuación y no simplemente culpar a los otros intérpretes. Y así al final del día, llegar a ser, como afirman las constructivistas, “el intérprete activo de sus propias experiencias” (Piaget). Y cada quién, como dice el poeta, “ser el arquitecto de su propio destino”

En realidad la vida no tiene otro sentido que el que nosotros queramos darle. Pero eso sí, todo lo que hagamos será finalmente cargado a nuestra cuenta personal. Nuestro balance definitivo no será de cuánto habremos acumulado, sino de cuánto aprendimos para hacer de ella una aventura maravillosa, pero con sentido.

Tal vez por eso sea importante internalizar profunda en nuestro pensamiento, aquella frase de Emma Godoy, nuestra notable poetisa: “Si sólo vivimos una vez, ¿no valdría la pena hacer de nuestra vida una obra de arte? Charles Chaplin afirmó que “nuestra vida es tan importante que no es justo que la hagamos intrascendente” Y Mark Twain, el genial escritor, dijo en una ocasión a sus amigos: “Sólo guardo dos fechas importantes en mi vida: el día que nací y el día que supe para qué…” Porque finalmente ese descubrimiento constituye nuestra esperanza.

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