/ miércoles 12 de junio de 2019

Lo que no comprendemos, no lo poseemos

Necesitamos formadores que sepan enseñar lo invisible, la fuerza de voluntad, el valor, el espíritu.

Para mejorar nuestro juego, hemos de ver hacia arriba, en donde se encuentran los astros. Y todos esos grandes astros antes estuvieron también en Polonia Sub-20 y en Toulón Francia. Se necesita no saber de deporte para no ver la diferencia que existe en el futbol juvenil de Ucrania y Corea del Sur (también la del norte) con relación a los demás países. Y digo los demás, porque no todos sufrieron los rigores del sistema soviético, con sus disciplinas y penas para el que no las respetara y, que ahora, supersuavizadas resulta hasta divertido obedecerlas.

Técnicamente, Ucrania luce inferior a Italia y Corea a Ecuador, sin embargo estos dos equipos, le pasaron por encima a todos los rivales que enfrentaron para llegar hasta las semifinales y sin embargo ahora fueron superados por Ucrania y Corea, apretadamente en el marcador, pero sobradamente sobre el terreno de juego. Con distintas estructuras físicas los ucranianos lucen distintos entre sí, rubios, morenos, hasta pelirrojos, fortachones, gigantes, chaparros, son todo un catálogo. Los coreanos por el contrario, miras a uno y ya los viste a todos, flacos, altos, garrudos y con ojos iguales a los de un pitbull.

Clásico, la influencia soviética involucraba casi a todas las razas existentes. Eso lo veíamos en las competencias olímpicas, en donde al referirse a un ruso o rusa, era común encontrarnos a una hermosa gimnasta con todas las características orientales, pero con los ojos azules. Ahora, estos dos equipos, Ucrania que con una cultura musical son más parecidos a los gringos que a los europeos, tiene notable diferencias de la coreana, que siendo deveras tradicionalistas, sus costumbres han sido igual contaminadas por la influencia occidental.

En lo que no difieren, en lo que son iguales, es en su disciplina inquebrantable. Como ya lo dije, técnicamente no son lo mejor, claro, el talento se encuentra en dondequiera, así podemos encontrar entre ellos a un émulo brasileño, argentino o uruguayo. Así, es muy común ver que equivocan un pase, lo que ocurre exageradamente, cosa que no significa nada para ellos, pues sin pensarlo redoblan su esfuerzo para recuperar el balón, escena que se repite tantas veces como tiempo dura el juego. Eso se entrena no solo en Ucrania y en Corea y, para el entrenamiento físico que sustenta esta acción, los occidentales tenemos suficientes y excelentes entrenadores. Es para la parte subjetiva, la invisible, la filosófica, para la que no los tenemos y, lo digo con seguridad, porque si los tuviéramos, encontraríamos en nuestros equipos ese espíritu que ellos exhiben y que es su mayor virtud.

Los dos juegos terminaron 1-0, Ucrania sobre Italia y Corea sobre Ecuador y, a los diez minutos de acción los dos eran claramente superados en la acción, lo que nos hacía pensar en la segura calificación de Italia y de Ecuador que lucían técnicamente muy superiores. Sin embargo pasó el tiempo y todo fue cambiando poco a poco, el entusiasmo italiano apoyado por su gran experiencia en competencias internacionales y su carácter que los distingue, fue resquebrajándose hasta que la mueca de la desesperación nos anticipó su caída. Igual pasó con los habilidosos ecuatorianos que tan bellas manifestaciones de alegría nos habían regalado, expresando con una gran sonrisa en su rostro el placer que les cusa el futbol, la cual fue desvaneciéndose hasta convertirse en la imagen del desaliento, del demonio arma mortal, que aniquila el movimiento y engendra fatalidad.

Esa escuela que posee la didáctica que nuestros formadores no poseen, es la que necesitamos aplicar entre nuestros jóvenes valores, la enseñanza de lo subjetivo, de todo lo que por ser invisible, no lo podemos enseñar. Cómo conceder la fuerza de voluntad si no la podemos tocar ni comprender, enseñanza que desde siempre les ha sido inculcada a los jóvenes de toda la inmensa región que formaba la desaparecida URSS.

Todos los humanos somos cultos, pues en la respuesta a la pregunta de que si existir y vivir es lo mismo, nos queda claro que el existir se nos da junto con una serie de capacidades, mientras que el vivir es totalmente personal, es mostrarse, asomarse, hacer uso de los argumentos que la existencia nos dio y,que conforman nuestra cultura, que es la más simple explicación a lo que es la filosofía, la actitud con la que hemos de encarar la vida. Al ver jugar a los jóvenes de Ucrania y de Corea he visto a la más grande manifestación de alegría, en donde triunfar no es lo más importante, luchar con todo nuestro empeño buscando la perfección, eso, eso es lo más importante se gane o se pierda

Necesitamos formadores que sepan enseñar lo invisible, la fuerza de voluntad, el valor, el espíritu.

Para mejorar nuestro juego, hemos de ver hacia arriba, en donde se encuentran los astros. Y todos esos grandes astros antes estuvieron también en Polonia Sub-20 y en Toulón Francia. Se necesita no saber de deporte para no ver la diferencia que existe en el futbol juvenil de Ucrania y Corea del Sur (también la del norte) con relación a los demás países. Y digo los demás, porque no todos sufrieron los rigores del sistema soviético, con sus disciplinas y penas para el que no las respetara y, que ahora, supersuavizadas resulta hasta divertido obedecerlas.

Técnicamente, Ucrania luce inferior a Italia y Corea a Ecuador, sin embargo estos dos equipos, le pasaron por encima a todos los rivales que enfrentaron para llegar hasta las semifinales y sin embargo ahora fueron superados por Ucrania y Corea, apretadamente en el marcador, pero sobradamente sobre el terreno de juego. Con distintas estructuras físicas los ucranianos lucen distintos entre sí, rubios, morenos, hasta pelirrojos, fortachones, gigantes, chaparros, son todo un catálogo. Los coreanos por el contrario, miras a uno y ya los viste a todos, flacos, altos, garrudos y con ojos iguales a los de un pitbull.

Clásico, la influencia soviética involucraba casi a todas las razas existentes. Eso lo veíamos en las competencias olímpicas, en donde al referirse a un ruso o rusa, era común encontrarnos a una hermosa gimnasta con todas las características orientales, pero con los ojos azules. Ahora, estos dos equipos, Ucrania que con una cultura musical son más parecidos a los gringos que a los europeos, tiene notable diferencias de la coreana, que siendo deveras tradicionalistas, sus costumbres han sido igual contaminadas por la influencia occidental.

En lo que no difieren, en lo que son iguales, es en su disciplina inquebrantable. Como ya lo dije, técnicamente no son lo mejor, claro, el talento se encuentra en dondequiera, así podemos encontrar entre ellos a un émulo brasileño, argentino o uruguayo. Así, es muy común ver que equivocan un pase, lo que ocurre exageradamente, cosa que no significa nada para ellos, pues sin pensarlo redoblan su esfuerzo para recuperar el balón, escena que se repite tantas veces como tiempo dura el juego. Eso se entrena no solo en Ucrania y en Corea y, para el entrenamiento físico que sustenta esta acción, los occidentales tenemos suficientes y excelentes entrenadores. Es para la parte subjetiva, la invisible, la filosófica, para la que no los tenemos y, lo digo con seguridad, porque si los tuviéramos, encontraríamos en nuestros equipos ese espíritu que ellos exhiben y que es su mayor virtud.

Los dos juegos terminaron 1-0, Ucrania sobre Italia y Corea sobre Ecuador y, a los diez minutos de acción los dos eran claramente superados en la acción, lo que nos hacía pensar en la segura calificación de Italia y de Ecuador que lucían técnicamente muy superiores. Sin embargo pasó el tiempo y todo fue cambiando poco a poco, el entusiasmo italiano apoyado por su gran experiencia en competencias internacionales y su carácter que los distingue, fue resquebrajándose hasta que la mueca de la desesperación nos anticipó su caída. Igual pasó con los habilidosos ecuatorianos que tan bellas manifestaciones de alegría nos habían regalado, expresando con una gran sonrisa en su rostro el placer que les cusa el futbol, la cual fue desvaneciéndose hasta convertirse en la imagen del desaliento, del demonio arma mortal, que aniquila el movimiento y engendra fatalidad.

Esa escuela que posee la didáctica que nuestros formadores no poseen, es la que necesitamos aplicar entre nuestros jóvenes valores, la enseñanza de lo subjetivo, de todo lo que por ser invisible, no lo podemos enseñar. Cómo conceder la fuerza de voluntad si no la podemos tocar ni comprender, enseñanza que desde siempre les ha sido inculcada a los jóvenes de toda la inmensa región que formaba la desaparecida URSS.

Todos los humanos somos cultos, pues en la respuesta a la pregunta de que si existir y vivir es lo mismo, nos queda claro que el existir se nos da junto con una serie de capacidades, mientras que el vivir es totalmente personal, es mostrarse, asomarse, hacer uso de los argumentos que la existencia nos dio y,que conforman nuestra cultura, que es la más simple explicación a lo que es la filosofía, la actitud con la que hemos de encarar la vida. Al ver jugar a los jóvenes de Ucrania y de Corea he visto a la más grande manifestación de alegría, en donde triunfar no es lo más importante, luchar con todo nuestro empeño buscando la perfección, eso, eso es lo más importante se gane o se pierda