/ sábado 1 de diciembre de 2018

Macondo

Macondo, un pueblo imaginario en el que suceden acontecimientos fantásticos, como fue una repentina lluvia que duró años...

Una epidemia de insomnio que hizo que los habitantes perdieran la razón y la memoria y hubiera necesidad de ponerle el nombre a las cosas para saber para qué servían. A las mesas se les anotaba que eran para comer, las sillas para sentarse, y la cama para dormir o pasar momentos placenteros de amor.

Este pueblo imaginario que a lo largo de toda su obra, crea Gabriel García Márquez, es también el "Comala" de Juan Rulfo, en Pedro "Páramo". Representa el "ketchum" que inventa Ernest Hemingway para que vivan y sufran sus personajes. Es esa ciudad fantástica "Yoknapatawpha County", inventada por William Faulkner, donde reconstruye mágicamente todo el norte de Mississipi y que García Márquez reconoce como de Juan Rulfo, una vital influencia en su obra literaria. Macondo también podría ser Ilsee, el sitio fantástico donde vive sus aventuras Marcel Proust.

Pareciera que se confirma que la realidad es una categoría superior a la fantasía, ya es un hecho comprobado que la dramática realidad que vivimos en el mundo es una hoguera que nos consume a todos, truncando nuestras aspiraciones, ante la flama que es la fantasía. Ejemplos, resultarían ritornelo traerlos aquí a este espacio, porque ya desde el siglo pasado León Tolstoy sentenció: que la realidad supera a la fantasía.

Con Macondo quiso darse un fenómeno de excepción, siendo este pueblo una comprobada fantasía, hubo sectores fascinados por la obra de García Márquez que pensaron que existía realmente; sobre todo los europeos, quienes viajaban a Colombia y al llegar a Bogotá, lo primero que preguntaban era conocer el rumbo para llegar a Macondo.

Cuando comprobaban que en Colombia nadie sabía dónde estaba Macondo, -los franceses sobre todo- opinaban las condiciones lamentables de incultura en que vivía esta población, al no conocer una de las ciudades más importantes del mundo, por el hecho de ser el lugar donde había nacido Gabriel García Márquez y se había desarrollado la historia de éxito, desgracia y soledad de la dinastía que surgió del coronel Aureliano Buendía, del que Gabriel García Márquez dice nunca supo lo que era conocer el amor, como consecuencia de esta discapacidad vivió en la soledad. Soledad es lo contrario de solidaridad. La soledad se combate con la capacidad de amar; en opinión de Gabo, ese el drama de los habitantes de Macondo: No sabían amar.

Intrigados los franceses dedicados a la promoción de la cultura y el arte invitaron al alcalde de Aracataca el año pasado Rafael Jiménez, para proponerle que presentara un proyecto de ley donde "Macondo" se anexara al nombre de Aracataca, y así lograr el milagro de que existiera este mágico espacio creado por la fantasía del excelso colombiano. El alcalde regresó a su ciudad con el proyecto de cambiar el nombre de Aracataca, y para eso convocó a la ciudadanía que no llega a los 18 mil habitantes. Muchos se opusieron a que su pueblo cambiara de nombre y otros estaban en favor de que la ciudad donde Gabo había nacido recibiera la distinción de llamarse como ese pueblo mágico en donde, por las ventanas, producto de la humedad de la lluvia los peces podían entrar y salir felizmente.

Se pensó también en la utilidad que tendría el hecho desde el punto de vista del turismo internacional, por la razón de que actualmente, según estadísticas que presentó el alcalde Rafael Jiménez, hay un récord de 4 mil personas, preferentemente europeos, que llegan al año a la ciudad a conocer la casa donde el premio Nobel de Literatura nació. Como no había un consenso generalizado en favor de cambiar el nombre de Aracataca, el alcalde demócrata como demostró ser, propuso que se votara para saber si había la suficiente mayoría como para cambiarle el nombre a la ciudad: Los resultados fueron que de los 7 mil cataqueros (gentilicio de Aracataca) 4 mil 800 votaron en contra, venciendo a los que simpatizaban con la metamorfosis de la fantasía a la realidad.

El hermano de Gabriel García Márquez, Jaime, participó en este proceso electoral, al conocer el resultado: Dijo en forma despreocupada, que no le dolía, que el pueblo no se llamara "Macondo" porque él sabía que Gabo había creado este pueblo, no para que existiera, si no para que fuera un permanente estado de ánimo, al que todos, desde cualquier sitio del mundo, pueden tener acceso.

En su autobiografía que escribió en el 2002 "Vivir para contarla" García Márquez dijo que el nombre de "Macondo" lo vio en el rótulo de una finca bananera, durante un viaje en tren cuando era joven. Macondo significa "banana" en un dialecto africano, más que un lugar físico, Macondo es un pueblo imaginario de Gabo. Macondo no es tan solo Aracataca, es todo el Caribe.


Macondo, un pueblo imaginario en el que suceden acontecimientos fantásticos, como fue una repentina lluvia que duró años...

Una epidemia de insomnio que hizo que los habitantes perdieran la razón y la memoria y hubiera necesidad de ponerle el nombre a las cosas para saber para qué servían. A las mesas se les anotaba que eran para comer, las sillas para sentarse, y la cama para dormir o pasar momentos placenteros de amor.

Este pueblo imaginario que a lo largo de toda su obra, crea Gabriel García Márquez, es también el "Comala" de Juan Rulfo, en Pedro "Páramo". Representa el "ketchum" que inventa Ernest Hemingway para que vivan y sufran sus personajes. Es esa ciudad fantástica "Yoknapatawpha County", inventada por William Faulkner, donde reconstruye mágicamente todo el norte de Mississipi y que García Márquez reconoce como de Juan Rulfo, una vital influencia en su obra literaria. Macondo también podría ser Ilsee, el sitio fantástico donde vive sus aventuras Marcel Proust.

Pareciera que se confirma que la realidad es una categoría superior a la fantasía, ya es un hecho comprobado que la dramática realidad que vivimos en el mundo es una hoguera que nos consume a todos, truncando nuestras aspiraciones, ante la flama que es la fantasía. Ejemplos, resultarían ritornelo traerlos aquí a este espacio, porque ya desde el siglo pasado León Tolstoy sentenció: que la realidad supera a la fantasía.

Con Macondo quiso darse un fenómeno de excepción, siendo este pueblo una comprobada fantasía, hubo sectores fascinados por la obra de García Márquez que pensaron que existía realmente; sobre todo los europeos, quienes viajaban a Colombia y al llegar a Bogotá, lo primero que preguntaban era conocer el rumbo para llegar a Macondo.

Cuando comprobaban que en Colombia nadie sabía dónde estaba Macondo, -los franceses sobre todo- opinaban las condiciones lamentables de incultura en que vivía esta población, al no conocer una de las ciudades más importantes del mundo, por el hecho de ser el lugar donde había nacido Gabriel García Márquez y se había desarrollado la historia de éxito, desgracia y soledad de la dinastía que surgió del coronel Aureliano Buendía, del que Gabriel García Márquez dice nunca supo lo que era conocer el amor, como consecuencia de esta discapacidad vivió en la soledad. Soledad es lo contrario de solidaridad. La soledad se combate con la capacidad de amar; en opinión de Gabo, ese el drama de los habitantes de Macondo: No sabían amar.

Intrigados los franceses dedicados a la promoción de la cultura y el arte invitaron al alcalde de Aracataca el año pasado Rafael Jiménez, para proponerle que presentara un proyecto de ley donde "Macondo" se anexara al nombre de Aracataca, y así lograr el milagro de que existiera este mágico espacio creado por la fantasía del excelso colombiano. El alcalde regresó a su ciudad con el proyecto de cambiar el nombre de Aracataca, y para eso convocó a la ciudadanía que no llega a los 18 mil habitantes. Muchos se opusieron a que su pueblo cambiara de nombre y otros estaban en favor de que la ciudad donde Gabo había nacido recibiera la distinción de llamarse como ese pueblo mágico en donde, por las ventanas, producto de la humedad de la lluvia los peces podían entrar y salir felizmente.

Se pensó también en la utilidad que tendría el hecho desde el punto de vista del turismo internacional, por la razón de que actualmente, según estadísticas que presentó el alcalde Rafael Jiménez, hay un récord de 4 mil personas, preferentemente europeos, que llegan al año a la ciudad a conocer la casa donde el premio Nobel de Literatura nació. Como no había un consenso generalizado en favor de cambiar el nombre de Aracataca, el alcalde demócrata como demostró ser, propuso que se votara para saber si había la suficiente mayoría como para cambiarle el nombre a la ciudad: Los resultados fueron que de los 7 mil cataqueros (gentilicio de Aracataca) 4 mil 800 votaron en contra, venciendo a los que simpatizaban con la metamorfosis de la fantasía a la realidad.

El hermano de Gabriel García Márquez, Jaime, participó en este proceso electoral, al conocer el resultado: Dijo en forma despreocupada, que no le dolía, que el pueblo no se llamara "Macondo" porque él sabía que Gabo había creado este pueblo, no para que existiera, si no para que fuera un permanente estado de ánimo, al que todos, desde cualquier sitio del mundo, pueden tener acceso.

En su autobiografía que escribió en el 2002 "Vivir para contarla" García Márquez dijo que el nombre de "Macondo" lo vio en el rótulo de una finca bananera, durante un viaje en tren cuando era joven. Macondo significa "banana" en un dialecto africano, más que un lugar físico, Macondo es un pueblo imaginario de Gabo. Macondo no es tan solo Aracataca, es todo el Caribe.


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