/ lunes 7 de octubre de 2019

Mario Almada

Recuerdo que en los años ochenta, los cines Variedades y Plaza, que eran lo que pasaban mayormente cine mexicano, nutrían sus carteleras con filmes de los hermanos Almada: Mario y Fernando

Las filas para entrar eran largas y, ya adentro de las salas, se prodigaban los gritos y los aplausos (cosa ahora ausente por completo) por las secuencias de acción donde Mario, pistola en mano, hacía que los villanos pagaran por sus maldades.

Mario Almada, quien murió a los 94 años en 2016, en realidad frisó los setenta años como actor, si se considera su aparición en el cine allá por 1935 cuando esa rara avis del celuloide, el español Juan Orol realizó en México su lacrimógeno melodrama Madre querida, donde salen como extras, entre los niños de una escuela primaria, Mario así como el futuro presidente José López Portillo.

Probablemente la figura más popular del cine mexicano de las últimas cuatro décadas fue Mario Almada. Poseedor de un récord difícil de igualar -el actor con más películas hechas: alrededor de 500-, Mario Almada ha estado bajo las órdenes de directores de prestigio (Arturo Ripsten, Felipe Cazals, Alberto Mariscal) y de todos ellos ha salido bien librado.

Nacido en Huatabampo, Sonora, en 1922, Mario Almada se inició tardíamente en el cine mexicano. En 1969, a los 47 años de su edad, debutó formalmente en el western de Alberto Mariscal Todo por nada. Por esta actuación le fue entregada la Diosa de Plata por Mejor Revelación del Año. En 1970 hizo El tunco Maclovio –también de Alberto Mariscal- y le fue entregada otra vez la Diosa de Plata por Mejor Co-actuación Masculina.

En términos del cine como industria, puede decirse que Mario Almada ha sido bastante redituable. Su rostro duro, su voz sino firme y gutural sí definitoria, le han dado a Mario Almada una presencia impar en la historia de la cinematografía de este país.

Actor de filmes tremendistas cuasi porno soft, como La india y La viuda negra –de los cuales ha siempre renegado-, Mario Almada empero se ha situado como el matón, el busca criminales para hacerse justicia por propia mano.

Sus archi taquilleras ochenteras Pistoleros Famosos y Cazador de Asesinos, catapultaron al histrión hacia las nubes del cine de acción chafón. Acompañado en muchos filmes por su hermano Fernando, con quien realizó, incluso, giras como cantante por los Estados Unidos, Mario Almada fue el prototipo de un cine pobre en el rigor artístico, pero efectivo en el afán del entretenimiento para el público chicano…

Recuerdo que en los años ochenta, los cines Variedades y Plaza, que eran lo que pasaban mayormente cine mexicano, nutrían sus carteleras con filmes de los hermanos Almada: Mario y Fernando

Las filas para entrar eran largas y, ya adentro de las salas, se prodigaban los gritos y los aplausos (cosa ahora ausente por completo) por las secuencias de acción donde Mario, pistola en mano, hacía que los villanos pagaran por sus maldades.

Mario Almada, quien murió a los 94 años en 2016, en realidad frisó los setenta años como actor, si se considera su aparición en el cine allá por 1935 cuando esa rara avis del celuloide, el español Juan Orol realizó en México su lacrimógeno melodrama Madre querida, donde salen como extras, entre los niños de una escuela primaria, Mario así como el futuro presidente José López Portillo.

Probablemente la figura más popular del cine mexicano de las últimas cuatro décadas fue Mario Almada. Poseedor de un récord difícil de igualar -el actor con más películas hechas: alrededor de 500-, Mario Almada ha estado bajo las órdenes de directores de prestigio (Arturo Ripsten, Felipe Cazals, Alberto Mariscal) y de todos ellos ha salido bien librado.

Nacido en Huatabampo, Sonora, en 1922, Mario Almada se inició tardíamente en el cine mexicano. En 1969, a los 47 años de su edad, debutó formalmente en el western de Alberto Mariscal Todo por nada. Por esta actuación le fue entregada la Diosa de Plata por Mejor Revelación del Año. En 1970 hizo El tunco Maclovio –también de Alberto Mariscal- y le fue entregada otra vez la Diosa de Plata por Mejor Co-actuación Masculina.

En términos del cine como industria, puede decirse que Mario Almada ha sido bastante redituable. Su rostro duro, su voz sino firme y gutural sí definitoria, le han dado a Mario Almada una presencia impar en la historia de la cinematografía de este país.

Actor de filmes tremendistas cuasi porno soft, como La india y La viuda negra –de los cuales ha siempre renegado-, Mario Almada empero se ha situado como el matón, el busca criminales para hacerse justicia por propia mano.

Sus archi taquilleras ochenteras Pistoleros Famosos y Cazador de Asesinos, catapultaron al histrión hacia las nubes del cine de acción chafón. Acompañado en muchos filmes por su hermano Fernando, con quien realizó, incluso, giras como cantante por los Estados Unidos, Mario Almada fue el prototipo de un cine pobre en el rigor artístico, pero efectivo en el afán del entretenimiento para el público chicano…

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