/ viernes 22 de febrero de 2019

Natalicio de Luis Buñuel

Natalicio de Luis Buñuel

Hoy se cumplen 119 años del nacimiento del más grande cineasta en idioma español: Luis Buñuel.

Y, como siempre, la mejor manera de recordarlo es seguir viendo sus películas para adentrarse cada vez más en las profundidades de la condición humana.

Luis Buñuel Portolés nació en España, el 22 de febrero de 1900, en el bostezo del siglo veinte, y murió (nacionalizado mexicano) el 29 de julio de 1983, en el entonces D.F. Autor de una obra fílmica personal, Buñuel es el más grande realizador en nuestra lengua. Aunque, claro, el idioma del cineasta es la imagen.

La obra de Buñuel sigue causando admiración y públicos nuevos se suman al conocimiento de sus propuestas fílmicas. Puede decirse que Buñuel sigue vigente porque su cine trastocó las médulas del ser humano.

Si bien las películas de Buñuel abarcaron las cinematografías de España, Francia y México, es en tierra azteca donde el realizador surrealista por antonomasia alcanzó el oficio en la dirección, y un humanismo no tocado en sus primeros textos fílmicos (Un perro andaluz/ 1929, La edad de oro/ 1930 y Las Hurdes/ 1932).

Probablemente, al lado frío del tiempo y la valoración artística, las presencias en México de Serguei Eisenstein (al principio de los años treinta) y de Luis Buñuel hayan sido definitivas para un cine que siempre se ha vanagloriado del género ranchero cuando en verdad el único género aportado al mundo cinematográfico es el de luchadores. (El Santo, el famoso Enmascarado de Plata, es más conocido que Pedro Infante o Jorge Negrete en muchas latitudes del orbe.)

¿Qué le dio Buñuel al cine mexicano? Una mirada más universal a los temas mexicanos. Y, en el caso de Los olvidados, la única obra de genio que ha tenido nuestro cine. Para orgullo nuestro, Los olvidados fue aceptada en 2003 como Memoria del Mundo, programa de preservación cultural auspiciada por la UNESCO, al lado de la primera Biblia impresa por Guttenberg y de la Declaración original de los Derechos de Hombre y del Ciudadano de 1789.

¿Qué le dio México a Buñuel? Puso a su servicio una industria que le ayudó a madurar su oficio de director. El propio Buñuel declaró que se hizo director en nuestro país. Nadie antes había visto a México como lo hizo Buñuel. La burguesía, los pobres, los pederastas, los comunistas, las prostitutas, la iglesia católica, la familia, la comunidad artística, todos fueron cobijados por el cine de Buñuel sin cortapisas de juicio o parcialidad. Los mostró como lo hace el verdadero creador de arte: bajo la mirada subjetiva con su premisa aliada, la libertad.

Porque eso fue el cine de Buñuel, antes que nada: libertad. No hay arte sin ella. Sería mero panfleto ideológico una obra sin libertad. Y decir libertad en un artista como Luis Buñuel es decir transgresión, rebeldía, insatisfacción y, en el último de los casos, sublimación del espíritu.

Bastaría Un perro andaluz para colocar a Luis Buñuel entre los creadores de arte más importantes del siglo pasado. ¿Y Los olvidados? ¿Y Viridiana? Caray: vaya hermosa disyuntiva…

Natalicio de Luis Buñuel

Hoy se cumplen 119 años del nacimiento del más grande cineasta en idioma español: Luis Buñuel.

Y, como siempre, la mejor manera de recordarlo es seguir viendo sus películas para adentrarse cada vez más en las profundidades de la condición humana.

Luis Buñuel Portolés nació en España, el 22 de febrero de 1900, en el bostezo del siglo veinte, y murió (nacionalizado mexicano) el 29 de julio de 1983, en el entonces D.F. Autor de una obra fílmica personal, Buñuel es el más grande realizador en nuestra lengua. Aunque, claro, el idioma del cineasta es la imagen.

La obra de Buñuel sigue causando admiración y públicos nuevos se suman al conocimiento de sus propuestas fílmicas. Puede decirse que Buñuel sigue vigente porque su cine trastocó las médulas del ser humano.

Si bien las películas de Buñuel abarcaron las cinematografías de España, Francia y México, es en tierra azteca donde el realizador surrealista por antonomasia alcanzó el oficio en la dirección, y un humanismo no tocado en sus primeros textos fílmicos (Un perro andaluz/ 1929, La edad de oro/ 1930 y Las Hurdes/ 1932).

Probablemente, al lado frío del tiempo y la valoración artística, las presencias en México de Serguei Eisenstein (al principio de los años treinta) y de Luis Buñuel hayan sido definitivas para un cine que siempre se ha vanagloriado del género ranchero cuando en verdad el único género aportado al mundo cinematográfico es el de luchadores. (El Santo, el famoso Enmascarado de Plata, es más conocido que Pedro Infante o Jorge Negrete en muchas latitudes del orbe.)

¿Qué le dio Buñuel al cine mexicano? Una mirada más universal a los temas mexicanos. Y, en el caso de Los olvidados, la única obra de genio que ha tenido nuestro cine. Para orgullo nuestro, Los olvidados fue aceptada en 2003 como Memoria del Mundo, programa de preservación cultural auspiciada por la UNESCO, al lado de la primera Biblia impresa por Guttenberg y de la Declaración original de los Derechos de Hombre y del Ciudadano de 1789.

¿Qué le dio México a Buñuel? Puso a su servicio una industria que le ayudó a madurar su oficio de director. El propio Buñuel declaró que se hizo director en nuestro país. Nadie antes había visto a México como lo hizo Buñuel. La burguesía, los pobres, los pederastas, los comunistas, las prostitutas, la iglesia católica, la familia, la comunidad artística, todos fueron cobijados por el cine de Buñuel sin cortapisas de juicio o parcialidad. Los mostró como lo hace el verdadero creador de arte: bajo la mirada subjetiva con su premisa aliada, la libertad.

Porque eso fue el cine de Buñuel, antes que nada: libertad. No hay arte sin ella. Sería mero panfleto ideológico una obra sin libertad. Y decir libertad en un artista como Luis Buñuel es decir transgresión, rebeldía, insatisfacción y, en el último de los casos, sublimación del espíritu.

Bastaría Un perro andaluz para colocar a Luis Buñuel entre los creadores de arte más importantes del siglo pasado. ¿Y Los olvidados? ¿Y Viridiana? Caray: vaya hermosa disyuntiva…

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