/ sábado 21 de septiembre de 2019

No hay nada que tenga recompensa tan segura como la alegría

Para este día, se han programado los siguientes encuentros: A las 17:00 horas en el estadio Alfonso Lastras, el Atlético San Luis recibirá al poderoso Santos Laguna, Los locales vienen de derrotar a domicilio al Puebla, en tanto que el Santos sufrió para logar el empate a dos con el Pachuca. Las características de estos equipos se prestan para que hoy tengamos un buen partido. A la misma hora pero en el estadio Victoria de Aguascalientes, los Rayos del Necaxa, tal vez el único elemento al que teme la Fiera, intentará dar un paso más en su sorpresivo avance, ya seguros de que tanto el público como la competencia tienen plena conciencia del poder del rayo: Necaxa vs. León.

Enfilamos luego hacia el Norte, en donde los confundidos Rayados estarán atendiendo a uno de los equipos más consistentes del torneo, el Puebla, cuya característica es no subir ni bajar de la tabla de posiciones, siempre con la lumbre en los aparejos encontrando allí una comodidad que solo complace a los fakires, Necaxa viene de moverle el tapete a Diego Alonso, al pegarle 2-0 al Monterrey en el coloso de acero, mientras que el Puebla, para variar, cayó en su casa ante los debutantes de San Luis, que seguramente avanzarán, estando en la idea de todo el mundo que dicho avance es inercia pura del trabajo realizado por Alfonso Sosa, quien fue despedido por enseñarle la lengua a un jugador.

¿Qué significa echarse el equipo al hombro? Expresión muy escuchada, pero no sé si entendida. La verdad es que ejemplos tenemos muchos, pero como hacen esos líderes para enganchar a los compañeros dispersos, que aletargados, tal vez por un dominio aplastante del contrario que orilla al desaliento y que, como bien sabemos, el desaliento paraliza, aniquila el movimiento y engendra fatalidad. Tal vez el ejemplo más fehaciente sea el de Franz Beckenbauer en el Mundial México 70, durante el juego conocido como “El juego del siglo”, cuando al sufrir una lesión de clavícula se le inmovilizó el brazo al sujetarlo firmemente contra su pecho, haciéndolo lucir como una momia.

Beckenbauer no salió al campo a gritar a sus compañeros, lo que en su cara se percibía era un gesto de rabia en contra de la impotencia, a la que encaraba buscando superarla y el resultado fue que, al verlo entregarse de tal forma, sus compañeros se engancharon a su lucha haciendo que la épica les compensara por el esfuerzo realizado haciéndonos ver que hay derrotas que otorgan más dignidad que algunas victorias. Generalmente, el único premio para tales adalides es el que les otorga la historia, cuando al paso del tiempo aquella gesta es recordada por todos con respeto y admiración.

En el futbol hay reglas aplicadas y jugadas como las muchas que nos regalara Cuauhtémoc Blanco en momentos críticos, que lo transforman en un líder psicológico que estimula con el ejemplo, sin hablar. No lo recuerdo discutiendo con un compañero ni reprochándole por una dejadez, si el balón se perdía, corría a recuperarlo, no se permitía acciones que disimularan sus errores, si acertaba festejaba abiertamente y si erraba maldecía y despotricaba en contra de una imagen invisible creada por su mente, en la que desahogaba su frustración pasajera, pues no perdía tiempo en berrinchitos inútiles.

Pero el jugador que se echa el equipo al hombro, se llega hasta el graderío despertando en el público el deseo de participar y responde con cantos y enardecidas expresiones de apoyo. El problema es que todo tiene un límite y no es posible depender solo del jugador que se echa el equipo al hombro, el Real Madrid por ejemplo, depende mucho de los jugadores invisibles, los que hacen el trabajo sucio, tan sucio y opaco que impide el lucimiento de talento cuando logra emular al aplaudido, consentido que se lleva todos los reflectores, estos jugadores oscuros que han dado brillo a los merengues son Luka Modric, Casemiro y Toni Kroos, superhombres en quienes se está reflejando ya el efecto de la criptonita a la que han estado expuestos durante largo tiempo, sin que se pueda conseguir quien logre sustituirlos cabalmente.

Carlos Reinoso, el chaparrito Barezi, Antonio Naelson "Sinha", el peruano Chumpitás, Diego Armando Maradona, Roberto Carlos, el suizo Chakiri, el Pony Ruiz, Luis Montes, Ramón Morales y Osvaldo Martínez nos han demostrado que el liderazgo no es exclusividad de jugadores de gran carrocería. Si hacemos memoria y echamos el tiempo hacia atrás, allá en Chile 62, el abandono obligado de Pelé, nos hizo pensar que Brasil estaba perdido, sin embargo apareció la figura del más imperfecto de los seres humanos, el de aquel que los médicos dirían que no serviría para nada y que, sin embargo, superando todos sus defectos físicos, fue capaz no solamente de echarse el equipo al hombro llevándolo a ganar por segunda vez consecutiva un campeonato mundial, sino que, como ningún otro jugador en la historia del futbol, toda su vida jugó para hacer feliz a la gente, lo cual logró como ningún otro lo ha hecho; me refiero a Manuel Francisco dos Santos, mejor conocido como “Garrincha”.

Hasta pronto amigo.

Para este día, se han programado los siguientes encuentros: A las 17:00 horas en el estadio Alfonso Lastras, el Atlético San Luis recibirá al poderoso Santos Laguna, Los locales vienen de derrotar a domicilio al Puebla, en tanto que el Santos sufrió para logar el empate a dos con el Pachuca. Las características de estos equipos se prestan para que hoy tengamos un buen partido. A la misma hora pero en el estadio Victoria de Aguascalientes, los Rayos del Necaxa, tal vez el único elemento al que teme la Fiera, intentará dar un paso más en su sorpresivo avance, ya seguros de que tanto el público como la competencia tienen plena conciencia del poder del rayo: Necaxa vs. León.

Enfilamos luego hacia el Norte, en donde los confundidos Rayados estarán atendiendo a uno de los equipos más consistentes del torneo, el Puebla, cuya característica es no subir ni bajar de la tabla de posiciones, siempre con la lumbre en los aparejos encontrando allí una comodidad que solo complace a los fakires, Necaxa viene de moverle el tapete a Diego Alonso, al pegarle 2-0 al Monterrey en el coloso de acero, mientras que el Puebla, para variar, cayó en su casa ante los debutantes de San Luis, que seguramente avanzarán, estando en la idea de todo el mundo que dicho avance es inercia pura del trabajo realizado por Alfonso Sosa, quien fue despedido por enseñarle la lengua a un jugador.

¿Qué significa echarse el equipo al hombro? Expresión muy escuchada, pero no sé si entendida. La verdad es que ejemplos tenemos muchos, pero como hacen esos líderes para enganchar a los compañeros dispersos, que aletargados, tal vez por un dominio aplastante del contrario que orilla al desaliento y que, como bien sabemos, el desaliento paraliza, aniquila el movimiento y engendra fatalidad. Tal vez el ejemplo más fehaciente sea el de Franz Beckenbauer en el Mundial México 70, durante el juego conocido como “El juego del siglo”, cuando al sufrir una lesión de clavícula se le inmovilizó el brazo al sujetarlo firmemente contra su pecho, haciéndolo lucir como una momia.

Beckenbauer no salió al campo a gritar a sus compañeros, lo que en su cara se percibía era un gesto de rabia en contra de la impotencia, a la que encaraba buscando superarla y el resultado fue que, al verlo entregarse de tal forma, sus compañeros se engancharon a su lucha haciendo que la épica les compensara por el esfuerzo realizado haciéndonos ver que hay derrotas que otorgan más dignidad que algunas victorias. Generalmente, el único premio para tales adalides es el que les otorga la historia, cuando al paso del tiempo aquella gesta es recordada por todos con respeto y admiración.

En el futbol hay reglas aplicadas y jugadas como las muchas que nos regalara Cuauhtémoc Blanco en momentos críticos, que lo transforman en un líder psicológico que estimula con el ejemplo, sin hablar. No lo recuerdo discutiendo con un compañero ni reprochándole por una dejadez, si el balón se perdía, corría a recuperarlo, no se permitía acciones que disimularan sus errores, si acertaba festejaba abiertamente y si erraba maldecía y despotricaba en contra de una imagen invisible creada por su mente, en la que desahogaba su frustración pasajera, pues no perdía tiempo en berrinchitos inútiles.

Pero el jugador que se echa el equipo al hombro, se llega hasta el graderío despertando en el público el deseo de participar y responde con cantos y enardecidas expresiones de apoyo. El problema es que todo tiene un límite y no es posible depender solo del jugador que se echa el equipo al hombro, el Real Madrid por ejemplo, depende mucho de los jugadores invisibles, los que hacen el trabajo sucio, tan sucio y opaco que impide el lucimiento de talento cuando logra emular al aplaudido, consentido que se lleva todos los reflectores, estos jugadores oscuros que han dado brillo a los merengues son Luka Modric, Casemiro y Toni Kroos, superhombres en quienes se está reflejando ya el efecto de la criptonita a la que han estado expuestos durante largo tiempo, sin que se pueda conseguir quien logre sustituirlos cabalmente.

Carlos Reinoso, el chaparrito Barezi, Antonio Naelson "Sinha", el peruano Chumpitás, Diego Armando Maradona, Roberto Carlos, el suizo Chakiri, el Pony Ruiz, Luis Montes, Ramón Morales y Osvaldo Martínez nos han demostrado que el liderazgo no es exclusividad de jugadores de gran carrocería. Si hacemos memoria y echamos el tiempo hacia atrás, allá en Chile 62, el abandono obligado de Pelé, nos hizo pensar que Brasil estaba perdido, sin embargo apareció la figura del más imperfecto de los seres humanos, el de aquel que los médicos dirían que no serviría para nada y que, sin embargo, superando todos sus defectos físicos, fue capaz no solamente de echarse el equipo al hombro llevándolo a ganar por segunda vez consecutiva un campeonato mundial, sino que, como ningún otro jugador en la historia del futbol, toda su vida jugó para hacer feliz a la gente, lo cual logró como ningún otro lo ha hecho; me refiero a Manuel Francisco dos Santos, mejor conocido como “Garrincha”.

Hasta pronto amigo.