/ domingo 16 de diciembre de 2018

Nuestra nana Sarita

Frágil y temerosa, Sara llegó un día a la puerta de nuestra casa. Tenía dieciséis años y muchos más de penas y carencias. Nació en Comala, Jalisco, pueblo en donde los muertos siguen vivos, dice Rulfo. Una mujer vieja y siniestra que se decía su tía, a empujones la metió en nuestra casa. “Ahí se las dejo “pa” ver en qué les sirve” y nunca más regresó por ella. Y sirvió, vaya que si sirvió. Era lista, trabajadora e ingeniosa. Aprendió a leer y a escribir y se hizo imprescindible en las labores de nuestro hogar.

Nuestra nana Sara era nuestra compañera de juegos y cómplice en nuestras travesuras. Cuando nos corrían “malos vientos” nos refugiábamos en su habitación a escuchar sus sabrosas historias de aparecidos y chamanes. Gozó las alegrías y las penas de la familia. Discreta y respetuosa desaparecía cuando no era necesaria y aparecía en el momento oportuno. Un dia se casó y se fue de la casa, pero no de nuestras vidas. Todas las tardes se presentaba para ver qué se ofrecía, y un día también regresó derrotada y dolorida a refugiarse en donde tanto se le quería.

Sara no tuvo hijos, pero con gran instinto maternal acunó a nuestros hijos y nietos. Era un miembro más de la familia y en todos los acontecimientos familiares ocupó el lugar que le correspondía.

Cuando nuestros padres murieron ella se sintió huérfana mas no desamparada. Se quedó en la casa hasta que terminamos de vaciarla. Sara era un fantasma que vagaba llorosa en un hogar que se había vuelto inmenso y solitario.

Ya instalada en su pequeña casita, vivió rodeada de fotografías, adornos y recuerdos de una familia que mucho la quiso y la hizo parte de ella. Siempre conservó la mirada generosa y la sonrisa fácil. Estuvimos cerca de ella hasta su último momento. Nunca la olvidaremos.

Todos tenemos en la memoria y en el corazón a esas personas o a esa persona en especial que formó parte de nuestra vida y que con un cariño leal e incondicional y solidario estuvieron siempre cercanas como ángeles alivianando lo sencillo pero fundamental en el hogar ¡GRACIAS POR ELLAS!

Nota:

Ayer vi la pelicula “ROMA”. La actuación de Cleo, la nana magistral, así como la mabientación, fotografia y sonido. Alfonso Cuarón hace un tributo a la solidaridad femenina y a la lealtad incondicional. Cine de Arte puro.

Frágil y temerosa, Sara llegó un día a la puerta de nuestra casa. Tenía dieciséis años y muchos más de penas y carencias. Nació en Comala, Jalisco, pueblo en donde los muertos siguen vivos, dice Rulfo. Una mujer vieja y siniestra que se decía su tía, a empujones la metió en nuestra casa. “Ahí se las dejo “pa” ver en qué les sirve” y nunca más regresó por ella. Y sirvió, vaya que si sirvió. Era lista, trabajadora e ingeniosa. Aprendió a leer y a escribir y se hizo imprescindible en las labores de nuestro hogar.

Nuestra nana Sara era nuestra compañera de juegos y cómplice en nuestras travesuras. Cuando nos corrían “malos vientos” nos refugiábamos en su habitación a escuchar sus sabrosas historias de aparecidos y chamanes. Gozó las alegrías y las penas de la familia. Discreta y respetuosa desaparecía cuando no era necesaria y aparecía en el momento oportuno. Un dia se casó y se fue de la casa, pero no de nuestras vidas. Todas las tardes se presentaba para ver qué se ofrecía, y un día también regresó derrotada y dolorida a refugiarse en donde tanto se le quería.

Sara no tuvo hijos, pero con gran instinto maternal acunó a nuestros hijos y nietos. Era un miembro más de la familia y en todos los acontecimientos familiares ocupó el lugar que le correspondía.

Cuando nuestros padres murieron ella se sintió huérfana mas no desamparada. Se quedó en la casa hasta que terminamos de vaciarla. Sara era un fantasma que vagaba llorosa en un hogar que se había vuelto inmenso y solitario.

Ya instalada en su pequeña casita, vivió rodeada de fotografías, adornos y recuerdos de una familia que mucho la quiso y la hizo parte de ella. Siempre conservó la mirada generosa y la sonrisa fácil. Estuvimos cerca de ella hasta su último momento. Nunca la olvidaremos.

Todos tenemos en la memoria y en el corazón a esas personas o a esa persona en especial que formó parte de nuestra vida y que con un cariño leal e incondicional y solidario estuvieron siempre cercanas como ángeles alivianando lo sencillo pero fundamental en el hogar ¡GRACIAS POR ELLAS!

Nota:

Ayer vi la pelicula “ROMA”. La actuación de Cleo, la nana magistral, así como la mabientación, fotografia y sonido. Alfonso Cuarón hace un tributo a la solidaridad femenina y a la lealtad incondicional. Cine de Arte puro.

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