/ miércoles 4 de agosto de 2021

Ocurrencias del futbol | El amor propio termina por engañarnos y nos induce a errar sobre nosotros mismos

Nuestra capacidad analítica ha estado siendo controlada por las voces de la televisión, que nos señalan qué es lo que debemos ver, así, lo nuestro siempre se ve hermoso, correcto, superior a lo ajeno.

La naturaleza del amor propio y del "yo humano", es de no amar sino a sí mismo y, de no considerar sino a sí mismo. Pero ¿qué podría hacer? No podría admitir que este objeto que ama esté lleno de defectos y de miserias: quiere ser grande, pero se ve pequeño, quiere ser feliz y se contempla miserable, quiere ser perfecto y se ve lleno de imperfecciones, quiere ser objeto de amor y de la estima de los demás, pero ve que sus propios defectos no inspiran sino menosprecio y aversión. Aquellos que sienten un gran amor propio se cuidan mucho de que los demás no se den cuenta de sus defectos, sufre por ello y no permite que se critiquen sus deficiencias.

Hemos estado clasificando a nuestra selección, por grupos A y B sin que el cuerpo técnico de la selección nos lo diga, al grupo representativo en Copa de Oro le endilgamos el pomposo título de Selección "A", lo máximo, la que nos representa y como si fuéramos del primer mundo del futbol, le está prohibido perder, muy especialmente contra los Estados Unidos cuyo equipo "A" no logró calificar para estar en los Juegos Olímpicos de Tokio, por lo que, pensando en cumplir bien con su compromiso como organizadores del Campeonato Mundial de Futbol 2026, concedieron más importancia a la puesta en marcha de su transición generacional, olvidándose de la selección "A" para dar prioridad a la formación del equipo a futuro, dado que el torneo Copa Oro no les significa valor alguno.

Es así como las circunstancias han cambiado la lógica, el equipo "A" norteamericano desapareció en el momento que fue eliminado para Juegos Olímpicos, ¿para qué trabajar con un grupo de jugadores cuya edad, en 2026 no será la idónea? México sin embargo, al haber calificado para Tokio, forzosamente, ya que la categoría para competir en Olimpiadas es la Sub-23, está recibiendo la preparación que EE. UU. no pudo dar a su nueva generación, contando además con Edson Álvarez, que cumpliendo con la edad para jugar en la Sub-23 no fue prestado por el equipo a que pertenece, el Ajax de Holanda, más Orbelín Pineda, Luis Rodríguez, Jesús Gallardo, Raúl Jiménez, Rogelio Funes Mori y otros que todavía no cumplirán 30 años de edad, que viene a ser lo mismo que pretende EE. UU., así que olvidemos los términos inútiles de selección "A" y selección "B".

Brasil en cambio, sin la necesidad de establecer una transición, cuenta con una selección compuesta por jugadores maduros en experiencia más que en edad, conserva a uno o dos expertos que se encargan dentro del campo de juego, a ser los docentes que den el último toque a la formación de los nuevos valores, todo con miras al próximo Mundial, siendo, Dany Alves, a mi muy humilde opinión, el único del equipo actual que no estará en Qatar 2022. Imaginen lo que este equipo será si se les agregan aquellos jugadores que no les fueron cedidos por sus equipos, como Vinicius Junior y Rodrygo Goes, ambos del Real Madrid, que no está de momento como para andar prestando jugadores y solamente me refiero a los Sub-23 que se encuentran jugando en Europa.

Todo esto hace más meritorio el gran esfuerzo brindado por nuestra selección, que no pudo ser derrotada ni en tiempo reglamentario ni en tiempos extra, volviendo a caer en lo que ha sido nuestra mayor debilidad, los tiros penales, tema que abordaré en otra columna. En el futbol hay cosas que no nos la va a enseñar nadie, cosas que son responsabilidad absoluta del jugador. Nadie en el mundo dedica tiempo de sus entrenamientos para practicar tiros penales, es el jugador quien debe tomarse tiempo para hacerlo y, eso es lo más sencillo, no hay más que aplicar el método de las repeticiones, tiro, tiro, tiro hasta que pueda hacerlo aún con los ojos cerrados. Hay muchos jugadores que al finalizar el entrenamiento se quedan para practicar esos cobros.

El estadio Tamaulipas es testigo de las veces que Benjamín Galindo se quedó después de haber trabajado, para perfeccionar sus tiros libres y sus tiros de castigo en solitario, resultaba desesperante ver cómo cada vez que erraba y el caprichoso balón no regresaba, tenía que subir a recogerlo de las gradas. Fue así como con el tiempo se dio el lujo de cobrar los castigos igual con pie derecho que con el izquierdo. El mejor cobrador mexicano fue Alberto García Aspe, quien, de 62 tirados, erró dos, uno en el Mundial EE. UU. 94 y, el otro en el partido de homenaje en su despedida en el estadio Cuauhtémoc de Puebla.

Lo más sobresaliente de este extraordinario partido con el que se demostró que aún sin goles se pueden ver buenos juegos, para mí, es observar en el equipo mexicano una disciplina táctica que jamás le habíamos visto. No podemos engañarnos, el equipo brasileño lucía muy superior al nuestro, sin embargo, el temor de que cayera un gol era tanto de ellos como de nosotros y, eso se reflejaba en sus rostros y en el nerviosismo presente en la banca brasileña. Pero repito, el mayor logro de nuestro equipo, es que hoy, como nunca antes, ha asumido una disciplina táctica que no se rompió en ningún momento, algo que sí ocurrió con la otra selección (desatención en la jugada de táctica fija). Y es comprensible, ya que es más fácil aprender a disciplinarse de joven que de adulto, de ahí la importancia de la transición generacional... "Chango viejo no aprende maroma nueva".

Hasta pronto amigo.

Nuestra capacidad analítica ha estado siendo controlada por las voces de la televisión, que nos señalan qué es lo que debemos ver, así, lo nuestro siempre se ve hermoso, correcto, superior a lo ajeno.

La naturaleza del amor propio y del "yo humano", es de no amar sino a sí mismo y, de no considerar sino a sí mismo. Pero ¿qué podría hacer? No podría admitir que este objeto que ama esté lleno de defectos y de miserias: quiere ser grande, pero se ve pequeño, quiere ser feliz y se contempla miserable, quiere ser perfecto y se ve lleno de imperfecciones, quiere ser objeto de amor y de la estima de los demás, pero ve que sus propios defectos no inspiran sino menosprecio y aversión. Aquellos que sienten un gran amor propio se cuidan mucho de que los demás no se den cuenta de sus defectos, sufre por ello y no permite que se critiquen sus deficiencias.

Hemos estado clasificando a nuestra selección, por grupos A y B sin que el cuerpo técnico de la selección nos lo diga, al grupo representativo en Copa de Oro le endilgamos el pomposo título de Selección "A", lo máximo, la que nos representa y como si fuéramos del primer mundo del futbol, le está prohibido perder, muy especialmente contra los Estados Unidos cuyo equipo "A" no logró calificar para estar en los Juegos Olímpicos de Tokio, por lo que, pensando en cumplir bien con su compromiso como organizadores del Campeonato Mundial de Futbol 2026, concedieron más importancia a la puesta en marcha de su transición generacional, olvidándose de la selección "A" para dar prioridad a la formación del equipo a futuro, dado que el torneo Copa Oro no les significa valor alguno.

Es así como las circunstancias han cambiado la lógica, el equipo "A" norteamericano desapareció en el momento que fue eliminado para Juegos Olímpicos, ¿para qué trabajar con un grupo de jugadores cuya edad, en 2026 no será la idónea? México sin embargo, al haber calificado para Tokio, forzosamente, ya que la categoría para competir en Olimpiadas es la Sub-23, está recibiendo la preparación que EE. UU. no pudo dar a su nueva generación, contando además con Edson Álvarez, que cumpliendo con la edad para jugar en la Sub-23 no fue prestado por el equipo a que pertenece, el Ajax de Holanda, más Orbelín Pineda, Luis Rodríguez, Jesús Gallardo, Raúl Jiménez, Rogelio Funes Mori y otros que todavía no cumplirán 30 años de edad, que viene a ser lo mismo que pretende EE. UU., así que olvidemos los términos inútiles de selección "A" y selección "B".

Brasil en cambio, sin la necesidad de establecer una transición, cuenta con una selección compuesta por jugadores maduros en experiencia más que en edad, conserva a uno o dos expertos que se encargan dentro del campo de juego, a ser los docentes que den el último toque a la formación de los nuevos valores, todo con miras al próximo Mundial, siendo, Dany Alves, a mi muy humilde opinión, el único del equipo actual que no estará en Qatar 2022. Imaginen lo que este equipo será si se les agregan aquellos jugadores que no les fueron cedidos por sus equipos, como Vinicius Junior y Rodrygo Goes, ambos del Real Madrid, que no está de momento como para andar prestando jugadores y solamente me refiero a los Sub-23 que se encuentran jugando en Europa.

Todo esto hace más meritorio el gran esfuerzo brindado por nuestra selección, que no pudo ser derrotada ni en tiempo reglamentario ni en tiempos extra, volviendo a caer en lo que ha sido nuestra mayor debilidad, los tiros penales, tema que abordaré en otra columna. En el futbol hay cosas que no nos la va a enseñar nadie, cosas que son responsabilidad absoluta del jugador. Nadie en el mundo dedica tiempo de sus entrenamientos para practicar tiros penales, es el jugador quien debe tomarse tiempo para hacerlo y, eso es lo más sencillo, no hay más que aplicar el método de las repeticiones, tiro, tiro, tiro hasta que pueda hacerlo aún con los ojos cerrados. Hay muchos jugadores que al finalizar el entrenamiento se quedan para practicar esos cobros.

El estadio Tamaulipas es testigo de las veces que Benjamín Galindo se quedó después de haber trabajado, para perfeccionar sus tiros libres y sus tiros de castigo en solitario, resultaba desesperante ver cómo cada vez que erraba y el caprichoso balón no regresaba, tenía que subir a recogerlo de las gradas. Fue así como con el tiempo se dio el lujo de cobrar los castigos igual con pie derecho que con el izquierdo. El mejor cobrador mexicano fue Alberto García Aspe, quien, de 62 tirados, erró dos, uno en el Mundial EE. UU. 94 y, el otro en el partido de homenaje en su despedida en el estadio Cuauhtémoc de Puebla.

Lo más sobresaliente de este extraordinario partido con el que se demostró que aún sin goles se pueden ver buenos juegos, para mí, es observar en el equipo mexicano una disciplina táctica que jamás le habíamos visto. No podemos engañarnos, el equipo brasileño lucía muy superior al nuestro, sin embargo, el temor de que cayera un gol era tanto de ellos como de nosotros y, eso se reflejaba en sus rostros y en el nerviosismo presente en la banca brasileña. Pero repito, el mayor logro de nuestro equipo, es que hoy, como nunca antes, ha asumido una disciplina táctica que no se rompió en ningún momento, algo que sí ocurrió con la otra selección (desatención en la jugada de táctica fija). Y es comprensible, ya que es más fácil aprender a disciplinarse de joven que de adulto, de ahí la importancia de la transición generacional... "Chango viejo no aprende maroma nueva".

Hasta pronto amigo.

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