/ jueves 31 de diciembre de 2020

Ocurrencias del futbol | El corazón tiene sus razones que la razón desconoce

George Best, Paul Gascoigne, Armando Maradona, Garrincha, brillantes vidas desperdiciadas

Ahora que me he impuesto la tarea de hablarles a ustedes de todas las grandes figuras del pasado que yo haya visto jugar, me he topado con los indisciplinados que a pesar de todos los pesares siempre se mantuvieron en el gusto de la hinchada. Sócrates, Maradona, Cuauhtémoc, Juan Bedolla “El hombre de las tempestades”, Garrincha, Paul Gascoigne y tantos otros que permanecen en el recuerdo de la fanaticada a pesar de los pesares como antes dije.

En el futbol moderno existen pocos casos de desaprovechamiento de grandes cualidades futbolísticas como el de George Best, el hombre que lo tenía todo y lo tiró por la ventana, créanme, no hay nada que hayan hecho Maradona y Leo Messi, que no se lo haya visto antes a George Best.

Auténtico genio del balón, uno de los poquísimos nombres que pueden compararse dignamente a Pelé. En efecto, la historia de este chico irlandés es una triste lección para cualquier joven con ambiciones de ser futbolista profesional.

Para George Best el futbol lo era todo y su sueño de jugar algún día con el Manchester United se hizo realidad. En pocos años ganó todos los títulos posibles. Pero en el momento justo, cuando estaba a punto de convertirse en el verdadero número uno del mundo, desperdició su gran oportunidad y se dejó llevar por el dinero, el alcohol, la vida nocturna y las mujeres.

Desaparecía durante semanas enteras mientras los directivos del club y el periodismo del país lo buscaban. Y cuando reaparecía solía organizar una subasta entre los reporteros para ver quién pagaba más por una exclusiva sobre los detalles de su desaparición. Su vida se llenó de actrices, modelos y hasta una Miss Mundo.

Empezó a beber para olvidar las agobiantes que su fama le había traído. Años después, Best intentaría muchas veces recuperar el tiempo perdido, pero el daño ya se había hecho y las heridas difícilmente se curan. Uno de los mayores jugadores del mundo se había perdido para el futbol.

George Best nació en un barrio humilde de Belfast, Irlanda del Norte, en mayo de 1946. De niño escapaba del colegio para ir a jugar futbol en las calles de la ciudad y cuando tenía 15 años llegó su momento decisivo cuando lo vio un ojeador del Manchester United. Bob Bishop.

Este llamó enseguida al club e informó: He descubierto un genio, tiene el físico de un palillo, pero es un genio. El joven Best se fue a Old Trafford, maravilló a los técnicos del club y en el momento que cumplió el límite legal de 17 años firmó su primer contrato profesional.

Cuatro meses después hizo su debut liguero contra el West Bromwich. Semanas más tarde disputó en el continente contra el Sporting de Lisboa. Y después de solo 21 partidos oficiales fue convocado para la selección de Irlanda del Norte.

En la siguiente temporada 1964-1965 se produjo definitivamente el encumbramiento de Best. El Manchester United ganó la Liga y el joven extremo derecho brilló aún más que sus ilustres compañeros Bobby Charlton y Denis Law.

Hacía cosas extrañas, originales, aparentemente imposibles. Pisaba el balón y porfiaba a los defensores rivales con gesto de torero. Y cuando el defensa embestía, George pasaba con una pirueta y una sonrisa pícara. Era extravagante, espectacular y único. Su entrenador, el legendario Matt Busby, comentaba: “Nunca he visto un jugador con tantos regates y variantes de regate. Los defensores rivales se giran tanto para buscarle, que terminan el partido con las piernas hechas sacacorchos.

Pero en esa época George Best no era solamente un show. Le gustaba entrenar y entrenaba fuerte. Y se quedaba después de las sesiones para practicar el tiro. Intentaba estrellar el balón contra el travesaño desde una distancia de 40 ó 50 metros.

Luego al palo izquierdo, después al otro. En una ocasión el United jugaba en Blackburn sobre un terreno cubierto de nieve. En el descanso persistía el empate a cero y en el vestuario un compañero le apostó que no marcaría un gol en la primera jugada del segundo tiempo. George aceptó. En el saque inicial le dieron el balón y regateó a siete rivales antes de cruzar la pelota a la red. Tenía talento para hacer todo lo que se proponía.

El Manchester United de George Best seguía atrayendo al público mucho más que sus rivales Liverpool y Leeds, equipos serios prácticos y conservadores y Best era ya tan popular que la prensa le había bautizado ya como “El Quinto Beatle”.

En 1967 Best y Busby hicieron realidad el sueño de conquistar la Copa de Europa ganando por 4-1 al Benfica con un gol de Best. Aquel año, George Best, al ser elegido el mejor jugador europeo, se convertía en el futbolista más joven en recibir ese premio.

Había llegado a la cumbre y desafortunadamente en ese momento inició la caída. Ya tenía dinero, fama y una impresionante procesión de novias, aunque su entrenador Matt Busby había puesto siempre freno a las andanzas de George. Cuando en 1969 Busby anunció su retirada.

Aquella temporada George continuó jugando bien pero el Man-U descendió al décimo lugar y además las escapadas de Best comenzaron a proliferar y durante dos temporadas se perdió casi la mitad de cada campaña entre suspensiones y desapariciones, finalmente el club no aguantó más y en 1972 se le rescindió el contrato. Best terminó su carrera en USA, entre sus frases recordadas están: “En 1999 decidí dejar los autos, el alcohol y las mujeres... fueron los peores veinte minutos de mi vida”... En su funeral, la gente se volcó al paso de su cortejo cubriendo de flores su paso...

Hasta apronto amigo.

George Best, Paul Gascoigne, Armando Maradona, Garrincha, brillantes vidas desperdiciadas

Ahora que me he impuesto la tarea de hablarles a ustedes de todas las grandes figuras del pasado que yo haya visto jugar, me he topado con los indisciplinados que a pesar de todos los pesares siempre se mantuvieron en el gusto de la hinchada. Sócrates, Maradona, Cuauhtémoc, Juan Bedolla “El hombre de las tempestades”, Garrincha, Paul Gascoigne y tantos otros que permanecen en el recuerdo de la fanaticada a pesar de los pesares como antes dije.

En el futbol moderno existen pocos casos de desaprovechamiento de grandes cualidades futbolísticas como el de George Best, el hombre que lo tenía todo y lo tiró por la ventana, créanme, no hay nada que hayan hecho Maradona y Leo Messi, que no se lo haya visto antes a George Best.

Auténtico genio del balón, uno de los poquísimos nombres que pueden compararse dignamente a Pelé. En efecto, la historia de este chico irlandés es una triste lección para cualquier joven con ambiciones de ser futbolista profesional.

Para George Best el futbol lo era todo y su sueño de jugar algún día con el Manchester United se hizo realidad. En pocos años ganó todos los títulos posibles. Pero en el momento justo, cuando estaba a punto de convertirse en el verdadero número uno del mundo, desperdició su gran oportunidad y se dejó llevar por el dinero, el alcohol, la vida nocturna y las mujeres.

Desaparecía durante semanas enteras mientras los directivos del club y el periodismo del país lo buscaban. Y cuando reaparecía solía organizar una subasta entre los reporteros para ver quién pagaba más por una exclusiva sobre los detalles de su desaparición. Su vida se llenó de actrices, modelos y hasta una Miss Mundo.

Empezó a beber para olvidar las agobiantes que su fama le había traído. Años después, Best intentaría muchas veces recuperar el tiempo perdido, pero el daño ya se había hecho y las heridas difícilmente se curan. Uno de los mayores jugadores del mundo se había perdido para el futbol.

George Best nació en un barrio humilde de Belfast, Irlanda del Norte, en mayo de 1946. De niño escapaba del colegio para ir a jugar futbol en las calles de la ciudad y cuando tenía 15 años llegó su momento decisivo cuando lo vio un ojeador del Manchester United. Bob Bishop.

Este llamó enseguida al club e informó: He descubierto un genio, tiene el físico de un palillo, pero es un genio. El joven Best se fue a Old Trafford, maravilló a los técnicos del club y en el momento que cumplió el límite legal de 17 años firmó su primer contrato profesional.

Cuatro meses después hizo su debut liguero contra el West Bromwich. Semanas más tarde disputó en el continente contra el Sporting de Lisboa. Y después de solo 21 partidos oficiales fue convocado para la selección de Irlanda del Norte.

En la siguiente temporada 1964-1965 se produjo definitivamente el encumbramiento de Best. El Manchester United ganó la Liga y el joven extremo derecho brilló aún más que sus ilustres compañeros Bobby Charlton y Denis Law.

Hacía cosas extrañas, originales, aparentemente imposibles. Pisaba el balón y porfiaba a los defensores rivales con gesto de torero. Y cuando el defensa embestía, George pasaba con una pirueta y una sonrisa pícara. Era extravagante, espectacular y único. Su entrenador, el legendario Matt Busby, comentaba: “Nunca he visto un jugador con tantos regates y variantes de regate. Los defensores rivales se giran tanto para buscarle, que terminan el partido con las piernas hechas sacacorchos.

Pero en esa época George Best no era solamente un show. Le gustaba entrenar y entrenaba fuerte. Y se quedaba después de las sesiones para practicar el tiro. Intentaba estrellar el balón contra el travesaño desde una distancia de 40 ó 50 metros.

Luego al palo izquierdo, después al otro. En una ocasión el United jugaba en Blackburn sobre un terreno cubierto de nieve. En el descanso persistía el empate a cero y en el vestuario un compañero le apostó que no marcaría un gol en la primera jugada del segundo tiempo. George aceptó. En el saque inicial le dieron el balón y regateó a siete rivales antes de cruzar la pelota a la red. Tenía talento para hacer todo lo que se proponía.

El Manchester United de George Best seguía atrayendo al público mucho más que sus rivales Liverpool y Leeds, equipos serios prácticos y conservadores y Best era ya tan popular que la prensa le había bautizado ya como “El Quinto Beatle”.

En 1967 Best y Busby hicieron realidad el sueño de conquistar la Copa de Europa ganando por 4-1 al Benfica con un gol de Best. Aquel año, George Best, al ser elegido el mejor jugador europeo, se convertía en el futbolista más joven en recibir ese premio.

Había llegado a la cumbre y desafortunadamente en ese momento inició la caída. Ya tenía dinero, fama y una impresionante procesión de novias, aunque su entrenador Matt Busby había puesto siempre freno a las andanzas de George. Cuando en 1969 Busby anunció su retirada.

Aquella temporada George continuó jugando bien pero el Man-U descendió al décimo lugar y además las escapadas de Best comenzaron a proliferar y durante dos temporadas se perdió casi la mitad de cada campaña entre suspensiones y desapariciones, finalmente el club no aguantó más y en 1972 se le rescindió el contrato. Best terminó su carrera en USA, entre sus frases recordadas están: “En 1999 decidí dejar los autos, el alcohol y las mujeres... fueron los peores veinte minutos de mi vida”... En su funeral, la gente se volcó al paso de su cortejo cubriendo de flores su paso...

Hasta apronto amigo.

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