/ jueves 29 de julio de 2021

Ocurrencias del futbol | La paz es la virtud que pone en el ánimo tranquilidad y sosiego

Con el temor de que nuestros muchachos del TRI Olímpico volvieran a bajar la guardia como lo hicieron contra Japón, medio modorro me dispuse a comenzar a sufrir, pensando en esa soberbia que hace que los nuestros menosprecien a sus rivales, para ser sorprendidos por esa velocidad y disciplina que tanto nos ha afectado y, vean que no estoy hablando de buen futbol, no, simplemente de una velocidad aplicada muy intensamente en los primeros minutos de juego, que les permite encontrar el táctico del partido, que condicionará el planteamiento de nuestro entrenador Jaime Lozano, tal como ocurrió con los nipones, que cuando nuestros jugadores se dieron cuenta de que el juego había iniciado, ya nos habían hecho dos goles.

Y hoy ocurrió lo mismo, solamente que nuestros jugadores estuvieron atentos. Diez minutos en los que los africanos se fueron con todo sobre la portería de Ochoa, quien a base de gritos no permitió que sus defensores se distrajeran. Sí que temí que lo de Japón se repitiera, fueron diez minutos los que Charly, Romo y Córdova necesitaron para hacerse del balón e imponer su ritmo, hasta que en una muy extraña acción en la que dos jugadores de Chivas (Vega y Antuna), en complicidad con dos del América (Córdova y Martín), olvidaron sus diferencias cromáticas para realizar una obra fraternal que culminó Alexis Vega con certero zapatazo. Espero que a los comentaristas no les haya molestado el que Chivas y Águilas se fundieran en un abrazo.

Contrario a otras ocasiones, después del gol de Vega México no se volcó al ataque, sino que con mucha frialdad se preocupó por conservar el balón, no descuidando la marcación al contrario cuando se perdía la posesión, en este sentido la disputa estaba pareja, pues si los africanos son veloces, Loroña y Sánchez también lo son. El problema aparecía por el centro, en donde a César Montes se le dificulta conceder velocidad al 1.93 que porta su carrocería, en el juego por alto eran él y Memo los mandones mientras que por abajo Jesús Angulo del Atlas, le sacaba la tarea a Montes.

Más adelante, en una tira tira sobre la portería sudafricana, a bayoneta calada, Luis Romo se interna y ya frente al portero tropieza dos veces, volviendo el balón a él en la primera, para que en la segunda, a un defensa africano le bote el balón en las espinillas, saliéndole un bombón para el mismo Romo, quien a muy corta distancia simplemente puntea el balón para que lentamente vaya a parar al fondo de las redes. Con el dos a cero se acrecienta la confianza tricolor, pero sin abandonar la disciplina táctica, sin bajar la guardia.

El equipo mexicano, que había iniciado con Guillermo Ochoa, Vladimir Loroña, César Montes, Jesús Angulo, Jorge Sánchez, Carlos Rodríguez, Luis Romo, Uriel Antuna, Sebastián Córdova, Alexis Vega y Henry Martín, no fue modificado al inicio de la segunda parte, lo que me sorprende, porque no he acabado de entender por qué los entrenadores modernos, cuando no es muy requerido, comienzan a cambiar a sus jugadores a partir del minuto 80 y, esto lo digo porque dentro de las recomendaciones que el capitán Guillermo Ochoa hizo a sus compañeros, se le escuchó decir muy enfáticamente, somos once y todos muy necesa-rios, así que vamos a terminar con once.

Cuando un jugador se ha cansado, su organismo ya no tiene la misma capacidad de absorción del oxígeno conque inició el partido, esto se nota cuando el jugador empieza a cometer errores muy puntuales. Charly Rodríguez, que junto a Romo y Córdova se han convertido en el corazón del equipo, Charly debería de estar consciente de la importancia de su presencia en el siguiente partido, pero repito, su cerebro ya no le dio para más y, en una escapada de un africano, al que le faltaba enfrentar a Ochoa, lo que le hubiera significado un retardo, decidió detenerlo cometiendo falta, lo que le valió la tarjeta roja, perdiéndose la ventaja de un jugador que tenía, cuando antes un jugador sudafricano fue expulsado por falta artera contra Henry Martín. Tres olvidos propios de un jugador cansado y, repito, es una moda la que los entrenadores inicien sus cambios en el minuto 80, como lo hizo Lozano ahora, al cambiar a Antuna, Romo, Sánchez, Vega y el mismo Henry Martín que se salvó de salir lesionado cuando expulsaron a su agresor.

Japón le dio la puntilla a los franceses, a los que venció 4-0, para avanzar a cuartos de final. Extraña participación la de Francia, actual campeón del mundo en la categoría mayor. Recibió once goles en tres juegos y anotó cuatro, siendo André-Pierre Gignac el autor de todos los goles. Algo raro está ocurriendo o la pandemia ha perjudicado más a los poderosos, o a estos no les interesan los Juegos Olímpicos, Alemania, Francia y Argentina, favoritos para ganar la medalla de oro, ya viajan de regreso a sus respectivos países.

Ahora, a poner nuevamente el despertador, para que el próximo sábado nos despierte a las seis de la mañana, hora en la que dará inicio el juego en que nuestro TRI intente meterse a la disputa por alguna medalla, derecho por el que peleará con otros latosos correlones, a los que en cuatro enfrentamientos no solo no les hemos podido ganar, sino que no les hemos anotado siquiera un gol, me refiero a Corea del Sur. La diferencia es que ahora ya los conocemos y, lo más importante, nos conocemos a nosotros mismos.

Hasta pronto amigo.

Con el temor de que nuestros muchachos del TRI Olímpico volvieran a bajar la guardia como lo hicieron contra Japón, medio modorro me dispuse a comenzar a sufrir, pensando en esa soberbia que hace que los nuestros menosprecien a sus rivales, para ser sorprendidos por esa velocidad y disciplina que tanto nos ha afectado y, vean que no estoy hablando de buen futbol, no, simplemente de una velocidad aplicada muy intensamente en los primeros minutos de juego, que les permite encontrar el táctico del partido, que condicionará el planteamiento de nuestro entrenador Jaime Lozano, tal como ocurrió con los nipones, que cuando nuestros jugadores se dieron cuenta de que el juego había iniciado, ya nos habían hecho dos goles.

Y hoy ocurrió lo mismo, solamente que nuestros jugadores estuvieron atentos. Diez minutos en los que los africanos se fueron con todo sobre la portería de Ochoa, quien a base de gritos no permitió que sus defensores se distrajeran. Sí que temí que lo de Japón se repitiera, fueron diez minutos los que Charly, Romo y Córdova necesitaron para hacerse del balón e imponer su ritmo, hasta que en una muy extraña acción en la que dos jugadores de Chivas (Vega y Antuna), en complicidad con dos del América (Córdova y Martín), olvidaron sus diferencias cromáticas para realizar una obra fraternal que culminó Alexis Vega con certero zapatazo. Espero que a los comentaristas no les haya molestado el que Chivas y Águilas se fundieran en un abrazo.

Contrario a otras ocasiones, después del gol de Vega México no se volcó al ataque, sino que con mucha frialdad se preocupó por conservar el balón, no descuidando la marcación al contrario cuando se perdía la posesión, en este sentido la disputa estaba pareja, pues si los africanos son veloces, Loroña y Sánchez también lo son. El problema aparecía por el centro, en donde a César Montes se le dificulta conceder velocidad al 1.93 que porta su carrocería, en el juego por alto eran él y Memo los mandones mientras que por abajo Jesús Angulo del Atlas, le sacaba la tarea a Montes.

Más adelante, en una tira tira sobre la portería sudafricana, a bayoneta calada, Luis Romo se interna y ya frente al portero tropieza dos veces, volviendo el balón a él en la primera, para que en la segunda, a un defensa africano le bote el balón en las espinillas, saliéndole un bombón para el mismo Romo, quien a muy corta distancia simplemente puntea el balón para que lentamente vaya a parar al fondo de las redes. Con el dos a cero se acrecienta la confianza tricolor, pero sin abandonar la disciplina táctica, sin bajar la guardia.

El equipo mexicano, que había iniciado con Guillermo Ochoa, Vladimir Loroña, César Montes, Jesús Angulo, Jorge Sánchez, Carlos Rodríguez, Luis Romo, Uriel Antuna, Sebastián Córdova, Alexis Vega y Henry Martín, no fue modificado al inicio de la segunda parte, lo que me sorprende, porque no he acabado de entender por qué los entrenadores modernos, cuando no es muy requerido, comienzan a cambiar a sus jugadores a partir del minuto 80 y, esto lo digo porque dentro de las recomendaciones que el capitán Guillermo Ochoa hizo a sus compañeros, se le escuchó decir muy enfáticamente, somos once y todos muy necesa-rios, así que vamos a terminar con once.

Cuando un jugador se ha cansado, su organismo ya no tiene la misma capacidad de absorción del oxígeno conque inició el partido, esto se nota cuando el jugador empieza a cometer errores muy puntuales. Charly Rodríguez, que junto a Romo y Córdova se han convertido en el corazón del equipo, Charly debería de estar consciente de la importancia de su presencia en el siguiente partido, pero repito, su cerebro ya no le dio para más y, en una escapada de un africano, al que le faltaba enfrentar a Ochoa, lo que le hubiera significado un retardo, decidió detenerlo cometiendo falta, lo que le valió la tarjeta roja, perdiéndose la ventaja de un jugador que tenía, cuando antes un jugador sudafricano fue expulsado por falta artera contra Henry Martín. Tres olvidos propios de un jugador cansado y, repito, es una moda la que los entrenadores inicien sus cambios en el minuto 80, como lo hizo Lozano ahora, al cambiar a Antuna, Romo, Sánchez, Vega y el mismo Henry Martín que se salvó de salir lesionado cuando expulsaron a su agresor.

Japón le dio la puntilla a los franceses, a los que venció 4-0, para avanzar a cuartos de final. Extraña participación la de Francia, actual campeón del mundo en la categoría mayor. Recibió once goles en tres juegos y anotó cuatro, siendo André-Pierre Gignac el autor de todos los goles. Algo raro está ocurriendo o la pandemia ha perjudicado más a los poderosos, o a estos no les interesan los Juegos Olímpicos, Alemania, Francia y Argentina, favoritos para ganar la medalla de oro, ya viajan de regreso a sus respectivos países.

Ahora, a poner nuevamente el despertador, para que el próximo sábado nos despierte a las seis de la mañana, hora en la que dará inicio el juego en que nuestro TRI intente meterse a la disputa por alguna medalla, derecho por el que peleará con otros latosos correlones, a los que en cuatro enfrentamientos no solo no les hemos podido ganar, sino que no les hemos anotado siquiera un gol, me refiero a Corea del Sur. La diferencia es que ahora ya los conocemos y, lo más importante, nos conocemos a nosotros mismos.

Hasta pronto amigo.

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