Si viviera el maestro Francisco Toledo, echaría a volar sus famosos papalotes. El pintor oaxaqueño más famoso de la época estaría contento en grado superlativo de celebrar que por unanimidad y sin discusión alguna, la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) dispuso continúe la suspensión judicial que evita la siembra de maíz transgénico con fines comerciales, pues pondría en riesgo la biodiversidad.

Y es que no termina el estira y afloja del gobierno con las empresas que se dedican a vender los Organismos Genéticamente Modificados (OGM), a pesar de que el presidente Andrés Manuel López Obrador se ha declarado enemigo acérrimo de dichas semillas. El 31 de diciembre de 2020 el Diario Oficial de la Federación publicó un Decreto Presidencial que prohíbe gradualmente el uso de glifosato y maíz transgénico en México.

En tiempos del expresidente Felipe Calderón Hinojosa y Bruno Ferrari, secretario de Economía, quien había trabajado para Monsanto, concedieron las primeras licencias para siembra experimental de maíz transgénico. Al iniciar 2012 funcionaron los permisos para cultivo piloto del grano.

Y con el expresidente Enrique Peña Nieto no podía faltar otro personaje, fungiera como su asesor y continuara la labor de trasnacional, se trató del Dr. Francisco Bolívar Zapata (conocido como el Príncipe Monsanto por comunidades campesinas en Oaxaca), Premio Nacional de Artes y Ciencias, quien además hoy se manifiesta como defensor de los integrantes del Foro Consultivo Científico y Tecnológico.

Bolívar Zapata, expresidente de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), operó a favor de la introducción de los cultivos transgénicos en México, sin embargo, el trabajo que había adelantado el científico fue bloqueado a través de demanda legal que presentaron una colectividad de 53 personas y 20 organizaciones.

El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) publicó el año pasado el Expediente científico sobre el glifosato y los cultivos GM en donde sostiene que el uso de semillas genéticamente modificadas junto con el glifosato no incrementa el rendimiento neto de los cultivos ni representa ninguna ventaja para comunidades campesinas e indígenas en el país.

El decreto del presidente López Obrador prohíbe gradualmente el uso de glifosato y maíz transgénico en México. Reconoce el principio de precaución, para prevenir daños graves o irreversibles derivados del uso de glifosato y maíz transgénico. El concepto moral y legal fue establecido en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro y contemplado en el Convenio sobre la Diversidad Biológica y el Protocolo de Cartagena sobre Seguridad de la Biotecnología, a los que México está suscrito.

Monsanto tiene una historia sobre la fabricación de sustancias tóxicas como pcb, ddt y Agente Naranja, sin revelar los efectos tóxicos a sus empleados o a las comunidades en donde se distribuyen.

El maestro Toledo, discípulo de Rufino Tamayo, heredero de su arte, no se conformó con expandir su grandiosa obra pictórica, sino también mostró interés por la problemática social, encabezó tumultuosos movimientos que cerraron oportunidades para la multinacional Monsanto, años pasados adquirida por Bayer, no expandiera la nociva siembra que podría acabar con el maíz nativo. ¡Que vuelen alto los papalotes de Toledo!

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